18. Tú, yo.

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-Gracias por aceptar salir conmigo – Daniel sonrió con esa sonrisa contagiosa que tanto le gustaba a la embarazada. Annoris asintió incomoda.

Si aceptó salir con Daniel fue por no encontrar una excusa buena para no hacerlo. El chico había estado pidiendole salir durante semanas y decirle no una vez más le parecía grosero, casi como la insistencia del chico. 

-Bueno, aquí estoy – logró decir poniendo la servilleta de tela en sus piernas. Sus manos temblaban con nerviosismo ¿Por qué Daniel no había elegido un lugar menos... elegante? No estaba acostumbrada a ir a restaurantes finos, en su lugar iba – en su mayoría con Ian – a lugares de comida rápida y siempre lo agradecía. Al menos ahí no la miraban como lo hacían las personas en ese momento.

Era el centro de atención y ¿Cómo no serlo si para ese punto su estómago no era precisamente discreto? Se daba cuenta que ese bonito vestido de flores la hacía ver más infantil de lo que en realidad deseaba verse.

-Aquí estas – secundó Daniel aceptando el menú que el mesero le pasaba.

Annoris sintió ganas de vomitar al notar que el precio de cada platillo revasada lo que ahorraba en todo un año ¿Era legal cobrar tanto por una simple ensalada? Trató de buscar lo que más barato fuera a pesar de que minutos atrás Daniel le afirmó que podía pedir lo que quisiera.

El problema era que no se le antojaba nada del menú, en lo único que podía pensar era en las sabrosas malteadas que Ian le llevaba de un lugar que se negaba a decirle.

Y más que la malteada, quería estar en casa, junto a Ian, viendo una película, hablando o incluso, haciendo absolutamente nada.

Al final se decidió por pedir lasaña.

Durante la media hora que siguió sus nervios no desaparecieron en lo absoluto. ¿Por qué la había traído a un lugar tan elegante? Eran sólo amigos; con un helado hubiera bastado.

-Ok ¿Qué te tiene tan nerviosa? – suspiró con rendición después de su tercer intentó de conversación y las respuestas evasivas de la chica, se dio cuenta que las cosas no iban bien. Annoris se sintió avergonzada ¿Era tan clara como el agua o Daniel tenía un don super desarrollado para leer los sentimientos de las personas? – Me gustaría que estuvieras cómoda. Así que dime ¿Qué te tiene tan nerviosa?

-El lugar, las personas. Tú. Yo. – se sonrojó al momento de decir esas palabras ¿A caso exisitía un tu, yo?

-¿Tú? ¿Yo? – cuestionó Daniel escondiendo una sonrisa burlona.

-Oh vamos, no te hagas. Esto no lo hacen los amigos.

-No soy tonto, Annoris. Sé que por mucho que me esfuerce no va pasar nada entre tu y yo. – contestó como si fuera algo de lo más natural.

-Entonces...

-Entonces, sólo intenta disfrutar de la cena. No hay más – terminó por decir dando por concluido el asunto.

-¿Por qué? – preguntó Annoris después de un largo silenció. Daniel volvió a suspirar y la miró a los ojos. - ¿Por qué quieres ser mi amigo? Está claro que te gusto pero sabes que sólo seremos amigos y aún así sigues aquí.

-Eres tan insistente – murmuró y Annoris lo vio sonreír despreocupado. – Sigo contigo porque me pareces una chica divertida, honesta y fuerte.

-¿No te importa que este embarazada?

-¿Embarazada? – Daniel volvió a reír – Definitivamente no. Embarazada o no sigues siento tú.

-Eso no lo pensaban tus amigos – recordó todas las veces que había escuchado comentarios de mal gusto hacía ella en los pasillos. – Muchos son unos idiotas, es como si les asustara -  Y si lo sabía ella, le había costado casi escalar la muralla china para que Ian se comportará valiente.

Embarazo adolescenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora