New York
Mi madre Ana junto a mi hermana Melisa lloraban sin consuelo alguno a medida que me dirigía a la puerta para abordar el avión, esto lo sé por qué no podía dejar de mirar a mi espalda y ver como ellas lloraban por mi partida. Esto provoca que, en segundos muy ínfimos dudara de mi decisión de irme para New York, no obstante el recordar las palabras de las mujeres envueltas en llanto y que mis ahorros se fueron a la basura, provocan que aquella idea la descarte pronto.
— Tranquila mi amor, ellas van a estar bien — pronuncia un Daniel muy alegre, a medida que tomaba mi mano, aquel sencillo gesto me da un poco más de valentía para seguir caminando hacia la puerta donde abordaría el avión.
— Lo se cariño, pero sabes cuánto odio verlas llorar.— Devuelvo mi mirada hacia el frente pero es inútil, la tristeza no me deja ver hacia adelante por lo que la devuelvo al lugar donde ellas están.
— Comprendo Juli pero piensa lo felices que van a estar cuando te vean llegar en el receso navideño, solo piénsalo.— Sus palabras son ciertas, ellas estarán muy contentas cuando regrese dentro de tres meses, esperen...tres meses... es mucho yo... tranquila, respira hondo Juli, todo va a salir bien, todo va a estar bien, recuerda tus ahorros, ante aquello suelto el aire comprimido en mis pulmones y regreso la mirada al frente donde ya se encontraban las autoridades quienes nos pedía lo necesario para así abordar.
Pero espérense un segundo, antes de contarles cómo va hacer mí "fabuloso viaje", (nótese el sarcasmo), debo contarles quien va hacer la protagonista de este cuento y como termine odiando a media mi vida, o bueno, mi vida no la odio más bien a las personas que... Mejor y no adelanto los acontecimientos y sigo con la presentación puesto que sé que si me adelanto ustedes no querrán leer mi historia y así se perderán de esta emocionante aventura y de un apoteósico final, ¡ay dios!, siempre queriéndome adelantarme y contarles el final, y como no hacerlo ¡es que es tan emocionante!
Bueno, bueno, para empezar esta presentación debo decirle mi nombre, más que obvio. Pues yo me llamo Julieth Franco, soy una chica algo alta, mi piel es blanca como la nieve, (mejor dicho soy un pote de leche vencido), mis ojos son azules con un toque de verde y mi cabello es... bueno tiene un color... digamos que es extraño, si esa es la palabra, tiene un color extraño ya que ni es marrón, marrón pero tampoco es amarillo, amarillo, ¡Has!... Como toda yo, más extraña que un perro azul con rayas moradas, pero volviendo a retomar el tema de la presentación, ya les dije mi nombre y como soy, ahora sigue la edad y todos esos detalles aburridos, pero que sé que son importantes.
Tengo diecinueve años y desde que tengo memoria viví en Venezuela con mis padres y el tormento pero el amor de mi vida, me refiero a mi hermana pequeña Melisa, pero cuando cumplí los once años a papá lo trasladaron para California, así que soy una mezcla de gringa con caribeña.
Los primeros años de esta aventura fueron increíbles, llenos de felicidad y dicha.
Pero saben "la felicidad es algo que se puede tener por ínfimos segundos" y esto no dicho por mi sino por mi sabia madre. No obstante esa frase la entendí después y hago referencia a esto, ya que nuestra felicidad no dura mucho tiempo puesto que por desgracia mi padre "fallece" cuando yo tenía catorce años, y digamos que después de allí las cosas no fueron tan fáciles y felices como al principio, pero ni piense que daré detalles de esa pequeña experiencia, por dos sencillas razones, una es muy, pero muy aburrido repetir la historia y dos no me gusta opacar el maravilloso presente por un pasado que es eso, pasado. Bueno, listo aquel detalle, ahora se deben estar preguntando quien carajo es Daniel.
Bueno Daniel Collins, es... Pues digamos que es mi novio de la secundaria y es el que me acompaña a New York, a insistencia mí debo aclarar, porque si yo no lloro, grito y pataleo como cual niña soy (mentalmente) él ni si inmuta para venir conmigo. ¿Y cómo es?
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Amor En La Gran Manzana
Romansa- Hay oraciones o palabras que debemos pensar antes de decirlas, ya que se los podrías estar diciendo a la persona menos indicada. Julieth Franco