Capitulo 4

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Sustos de Muerte, Una discusión terrorífica.

Ya cuando por fin se detuvo el taxi, me baje de este echa una bola de furia y sin mirar atrás, me adentre al edificio rumbo a mi departamento, lista para dormir y olvidar ese detallito.

"Tranquilízate Juli, tú misma le pediste que trabajara, no te debes molestar, debes entenderlo."

¿Tú crees?

"Claro, debemos entenderlo, así como él te entiende."

¡Demonios!, ya van dos que me ganas, en definitiva estoy cansada.

Sin más, dejo la conversión interna hasta allí y me concentro en mí alrededor, que consistía en el elevador y mi persona marcado el piso tres, espero un par de minutos y posterior a caminar en aquel solitario pasillo llego a mi puerta, lista para ingresar a este.

Sin embargo cuando voy a introducir la llave en el pequeño orificio de la puerta, un ruido extraño en el interior de la vivienda llama mi atención, colocándome inmediatamente en alerta. ¡Rayos!, no ha pasado ni una semana y ya me van a robar, ¿que más me debe pasar señor?

Ok Juli, tranquilízate, tranquilízate, entra y enfréntalo, golpéalo con toda tu fuerza, demuéstrale quien es la que manda, nadie me va a robar, nadie me va a robar. Ok, entra Juli, entra...

"A quien quieres engañar, estas más asustada que gallina antes del matadero, deja lo pendeja y llama a la policía."

No, de esto me encargo yo, yo lo voy a enfrentar, nadie me va a robar.

"¿Y por qué no has abierto la puerta?"

Ya voy, no me mandes que me pones nerviosa, ya la voy a abrir, ahí voy...Deja la estupidez y abre la puerta, deja la pendejada y abre la puerta. Si la voy a abrir, y sin dale más vuelta al asunto (ya que al paso que voy, el ladrón ya abra huido) la abro, con temor pero firme.

Sintiéndome como una gelatina, deslizo mi cuerpo por el pequeño espacio entra la puerta y el marco que deje al abrirla y sin cerrarla enciendo las luces de la casa, para así dejar escapar un grito ahogado y sin más salir de allí pillada, cerrando la puerta tras de mí, pegando de prisa y sin tardanza mi espalda contra la blanquecina madera, impidiendo que este pudiese escapar, mientras trataba de márcale a la policía, pero que va, mis manos están tan torpes que al sacar el celular este se me cae y sé que si me despego de la puerta, el ladrón va a salir y me va a degollar, ¿estaré exagerando?

"Yo te lo dije Juli, pero eres terca."

No es el momento para esto. Ok Juli, debo calmarme, debo...

— Jul soy yo, abre por favor.

— Tú crees que soy estúpida, no te...

"Eres muy estúpida Juli."

Sintiéndome lo más apenada y ridícula que me he podido sentirme a lo largo de mis diecinueve años de vida, me despejo de aquella puerta y la abro, topándome con un Sam, asustado, preocupado y a la vez con una sonrisa burlona. Por rabia (luego de pasar el tremendo susto) le propino un buen puñetazo en la cara, para así empujarlo y entrar a mi departamento, no sin antes de recoger mi celular.

— Eres un imbécil, casi me matas del susto, sabe que eso no se le hace a una chica — le reprocho mientras dejo mis cosas sobre la mesada de la cocina, para luego girar y mirarlo, este aún sobaba su mejilla.

— En parte lo soy, además golpeas como toda una boxeadora, ¿Quién te enseño a dar un derechazo? ¿Roque Balboa?

— No, solo fue el susto, eres un imbécil.

Amor En La Gran ManzanaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora