Secuelas
-Sam-
Veo como suben a Jul en la ambulancia y como esta arranca sin prisa algún rumbo al hospital más cercano. Tal es la herida que no me permitieron subirme con ellos y poderla acompañar, dejándome en medio de aquel descampado con una mezcla de ira, angustia y terror.
Cuando ya la ambulancia desaparece en la oscuridad de la noche doy la vuelta y camino hacia la camioneta donde ya Paul debe estar junto a Eliana, no obstante, al ver el alboroto que la "madre" de Julieth estaba montando y que le estaba haciendo complicada la tarea a los agentes de subirla al vehículo, cambio de dirección y voy hacia ella, necesito descargar esta rabia al menos diciéndole lo que siento.
Al llegar, aparto los agentes y la tomo del cuello de su camisa. Esta me mira con suficiencia y con una sonrisa macabra, pero no me intimida.
— Ya estarás feliz Ana, tu hija se muere y todo es tu culpa. — Al terminar de decir aquello esta se hecha a reír como una lunática, como si le hubiese contando el mejor chiste de su vida. ¿Acaso no le importar perder a Julieth? ¿Acoso no le importa su estado?
— Niñato mal agradecido, ese era mi plan desde que tu apareciste en su vida y me arruinaste mis planes iniciales, si ella muere al menos cumplí con una parte de lo que prometí. — Sus palabras me provocan más ira de lo que siento por lo que levanto mi mano derecha haciéndola puño en el proceso para así estrellársela en la cara, sin embargo, antes de hacer tal cosa, la idea de golpear a mi suegra luego de unos minutos no se me hace tan agradable, por lo que respiro hondo y bajo la mano.
— Espero que Julieth te perdone o Melisa, porque yo... Yo no te perdono, jugar conmigo y traicionarme de ese modo, para mí es imperdonable.
Sin más la estrelló contra la puerta del vehículo a sus espalda, con la suficiente fuerza para dejarla aturdida y así hacerle el trabajo a los agentes más fácil.
Volviendo a dejar un suspiro en el aire, doy vuelta y vuelvo a dirigirme hacia la camioneta, esta vez no camino si no que me pongo a correr ya que sé que he perdido tiempo valioso con un ser que no vale la pena.
Ya al llegar y subirme al vehículo Paul me mira acusatoriamente.
— No lo debiste hacerlo Sam.
— Lo sé, pero tenía... Ana ha jugado conmigo por muchos años, les mintió a sus hijas y una de ella está luchando para sobrevivir, al menos tenía que plantar algo en su cerebro — pronuncio mientras cierro la puerta y luego revuelvo aún más mi cabello.
— Personas como Ana Espino no tienen corazón ni alma, solo piensan en ellos mismo, son egocéntricos y narcisista, plantar una semilla de culpa en su cerebro es imposible Sam.
— Al menos lo he intentado Paul, ¿A dónde la llevaron? — le pregunto dejando mi mirada fija en el camino que empezamos a transitar.
— La trasladaron al Centro Hospitalario Bellevue.
— De acuerdo.
Luego de eso me cerré como una ostra, mis pensamientos se desataron y el terror ya sustituía las otras emociones que traía conmigo desde que entre en ese galpón.
Ahora resulta que la loca teoría de Paul era cierta, con la única excepción de que Ripper no era Gustavo sino la madre del amor de mi vida, sin embrago, la traición sigue estando presente, lo consideraba como un padre, como mi protector a pesar de sus obsesiones y resulta que todo lo que dijo e hizo eran producto de órdenes dadas por Ripper, para así hacer que yo volviera a caer en esa vida de desastre, que solo me llevo al borden de la destrucción.
ESTÁS LEYENDO
Amor En La Gran Manzana
Romance- Hay oraciones o palabras que debemos pensar antes de decirlas, ya que se los podrías estar diciendo a la persona menos indicada. Julieth Franco
