uno

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—¡Venga, Yoongi, déjame dibujarte! —le suplicó Hyeji haciendo un puchero y juntando las manos, como rezándole a un santo. Ya llevaba más de diez minutos así y estaba a punto de ponerse de rodillas—. Hazlo por mí.

—Ni hablar, ya te he dicho que no miles de veces —volvió a negarse Yoongi—. Estoy demasiado ocupado como para pasármela sentado mientras haces tus garabatos.

—¡Pero si a ti te encanta estar sentado!

—Además —prosiguió, haciendo caso omiso del comentario de Hyeji—, ya he escuchado que quieres desnudos y honestamente no creo que a Yeonhee le haga ni puta gra...

—En realidad a mí no me molestaría.

Yoongi se sobresaltó cuando su novia se apareció a su derecha y entrelazó los dedos con los suyos. Se mordió la lengua para no largar alguna maldición porque no le gustaba soltar groserías frente a ella. A Hyeji aquello le parecía un poco tonto; no era como si Yeonhee no supiese que Yoongi era un boca sucia todo el tiempo. Tampoco parecía que le importase en lo absoluto, pero Hyeji creía que al chico le gustaba mantener una imagen un tanto más dulce frente a ella, tal vez para parecer más agradable o algo similar. No creía que fuese a saberlo nunca.

—Ya, pero a mí sí —Hyeji contuvo una risa al notar el sonrojo que comenzaba a esparcirse por las mejillas del muchacho—. ¿Qué estás tratando de hacer ahora, vender mi cuerpo?

Yeonhee rodó los ojos y le dio un beso en la mejilla.

—Estaba bromeando, pero Hye dibuja muy bien. Apuesto a que quedarías guapísimo.

—¿No te parece que estoy guapísimo ya?

—¿Cuándo he puesto eso en duda? Siempre lo estás.

Yoongi parpadeó y se rascó la cabeza con nerviosismo. Una sonrisita se apareció en sus labios mientras se quedaba mirando embobado a Yeonhee. Hyeji arrugó la nariz y simuló arcadas, como si la escena le diese mucho asco (en parte se sentía asqueada por lo extremadamente empalagoso que podía ser Yoongi; su amigo se transformaba cuando estaba con su novia y no lograba acostumbrarse a esa otra faceta de él). Una risa vibró en la garganta de Yeonhee.

—Aun así —volvió a hablar Yoongi, saliendo de su ensoñación—, sigue siendo un no. Lo siento, Hye, busca a alguien más.

—¡Pero si no tengo más amigos hombres! —bufó Hyeji, dejando caer los brazos a sus costados. Bah, no era que no tuviese más amigos hombres, sino que no tenía la confianza suficiente para pedirles tamaño favor. Ya había tomado los bocetos que necesitaba del cuerpo femenino para su proyecto con la ayuda de Mireya, una portuguesa que cada tanto se hacía un dinerillo modelando para las clases de la universidad. Hyeji había hecho buenas migas con ella y la extranjera accedió a echarle una mano en su proyecto – aunque no gratis, claro está. Había tenido que ahorrar bastante del salario que obtenía por trabajar en la biblioteca de la facultad y por dar algunas clases a los de primer año. Si gastaba en un nuevo modelo para la parte masculina del trabajo, no comería por un mes.

Hyeji quería comer.

Además, Yoongi tenía una figura tan particular... un cuerpo delgado pero elegante, algo huesudo. Siempre le había agradado la manera en que el rubor se marcaba contra sus nudillos y rodillas, la punta de su nariz. Resultaba bonito de una manera masculina y siempre había pensado que sería lindo dibujarle. Pero no contra su voluntad, por supuesto.

—¿Y tu hermano? —sugirió Yoongi. El rostro de Hyeji se contrajo con horror.

—¿Qué clase de cosa te pasa por la cabeza? No está aquí. Además, ¡Jaejin es el feo de la familia!

Grafito y tinta » Namjoon;BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora