veintiséis

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Boyoung tosió contra su puño y se acomodó la bufanda sobre la nariz. Estaba helando y aquellos días no se encontraba demasiado bien, pero pensaba mantenerse con los pies anclados al suelo hasta que él apareciese. A pesar del frío, a pesar de que estuviese temblando como una hoja y muerta de miedo. Se lo debía. In Boyoung quería dejar de ser tan cobarde y estaba intentándolo con todas sus fuerzas, así sintiese que iba a caerse en cualquier momento.

Apretó la bolsa de papel contra su pecho y echó una mirada a su reloj pulsera, aquel por el que tanto la habían molestado Hyeji y Yeonhee en más de una ocasión (decían que parecía de abuela, pero a ella se le hacía muy práctico). Eran cerca de las siete, hora a la que terminarían las clases de drama. Se sentía un poco extraña por haberse tomado el tiempo de averiguarlo, pero no sabía qué más hacer. Sólo esperaba que Taehyung no pensase que además de una imbécil era una acosadora. Sería el colmo de males.

Rebuscó su teléfono en los bolsillos de su chaqueta y se detuvo a mirar su reflejo en la pantalla apagada. Antes de salir de casa se había encontrado a sí misma un tanto ojerosa y pálida. Había tratado de disimularlo lo mejor posible con maquillaje. Un poco de corrector, colorete en las mejillas y los labios ligeramente más sonrosados a causa del bálsamo que siempre llevaba consigo en el bolso. El pelo oscuro se encontraba algo desordenado, puesto que apenas se había molestado en cepillarlo antes de salir. Llevaba unos días sin lavarlo, demasiado cansada al volver a casa de las prácticas, pero no se notaba demasiado.

Estaba guapa, suponía. Estaba guapa, le diría cualquiera que la mirase. Pero distaba mucho de la verdad. Boyoung se sentía como si hubiese rociado el aire con perfume, aroma dulzón y algo repugnante, para cubrir el mal olor que reinaba a su alrededor. En el fondo, tras las capas de maquillaje y todo el corrector que pudiese conseguir para machacar cualquier imperfección en su rostro, seguía siendo ella misma. Y lo odiaba con todas sus fuerzas.

Pero no quiso pensar más en eso, así que guardó su celular de vuelta en el bolsillo de la chaqueta. Había perdido algo de peso aquellos últimos días, así que le quedaba más holgada de lo normal. Las mangas, demasiado anchas para sus finos brazos, se deslizaban hacia atrás sobre sus muñecas. Pasaba tanto tiempo ensayando y estudiando para sus exámenes que a veces se le olvidaba comer, o no tenía tiempo. Si Hyeji y Yeonhee se enteraran, la reprenderían como a una niña pequeña y le dirían que tenía que cuidar más de su salud. Igual no necesitaba que ellas se lo dijesen: Boyoung ya lo sabía. Es sólo que había otras cosas sucediendo en su vida y su bienestar físico parecía haber quedado en segundo plano.

Hacía frío y sus manos estaban heladas, pero se mantuvo allí. No se trataba de ella, no: se trataba de Kim Taehyung. Y, otra vez, volvía a morirse de miedo.

Apretó en cuanto la puerta del edificio de la universidad se abrió, expulsando desde adentro una marea de alumnos como si se encontrase vomitando personas. La mayoría iban en grupos, sus libros de texto en las manos o mochilas colgadas a la espalda. No pudo evitar notar lo diferentes que se veían los estudiantes de drama a los de su ala, donde se encontraban los de danza. Era moneda corriente verlos a todos con ropa cómoda y algo más deportiva, porque si no se encontraban en clases formales, definitivamente habrían reservado alguna de las salas de ensayo de la institución. En cambio, los estudiantes de drama iban con vaqueros, con prendas que resultaban ser o muy coloridas o extremadamente oscuras. Maquillaje extravagante, voces que hablaban alto. El reflejo de personas capaces de expresarse con fuerza, de ponerse a sí mismas frente a un grupo de gente y fingir aunque fuese por poco que eran seres completamente distintos.

Su carrera también implicaba pararse frente a los demás, pero Boyoung consideraba que ese aspecto se le daba terriblemente mal.

Para ella, bailar siempre había sido un momento feliz. Recordaba haber asistido a funciones de ballet de pequeña, cómo se paraba sobre las puntas de sus pies y se movía junto a su asiento siguiendo el ritmo de las bailarinas en el escenario a pesar de que debía de estar sentada tranquilamente junto a sus padres. La imaginación la transportaba allí, a donde todas danzaban con una gracia que sólo podía envidiar, sacudiendo sus cuerpos con suavidad. Era casi como si pudiesen volar, pensaba. Casi como si nada las atase a la tierra.

Grafito y tinta » Namjoon;BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora