Una vez hubo vuelto a los dormitorios, Hyeji cayó rendida sobre su cama. Apenas había reunido energía suficiente para quitarse los zapatos apropiadamente y dejar el abrigo de manera desordenada sobre el perchero que se encontraba detrás de la puerta, sin molestarse en cambiarse a algo más cómodo para dormir. Se había agarrado al brazo de Hoseok mientras ambos caminaban de vuelta a las residencias de la universidad, demasiado cansada como para preocuparse por si se estaba tomando demasiadas libertades o no. A él no parecía importarle en lo más mínimo, pero era difícil saber con Hoseok, pues daba la sensación de que aparte de bailar no había nada que le interesase verdaderamente. Y por unos minutos antes de caer rendida, Hyeji se halló preguntándose qué habría en la cabeza de aquel muchacho de cabello castaño y sonrisa intachable.
Al despertar le dolía todo el cuerpo, y tenía el pelo tan enredado que le costó un poco retirárselo de la cara. La fatiga le había caído como un balde de agua helada e incluso podía notar cómo la boca se le había secado luego de haber respirado a través de ella toda la noche. Se le había tapado la nariz a causa del frío.
Se sentó sobre su cama aún hecha, admirando la masa arrugada en la que se habían convertido sus sábanas. Pasaron unos cuantos segundos hasta que se dio cuenta de que tenía una manta rodeándole los hombros. Supuso que Eunjung la habría puesto ahí antes de haberse marchado por la mañana. Echando un vistazo a la cama a su derecha, no pudo más que sentir un pequeño pinchazo de envidia al notar que estaba perfectamente tendida, las frazadas tan tirantes que de seguro podría hacer rebotar una moneda sobre ellas. ¿Por qué no podía ser tan ordenada como Eunjung?
Aquellos últimos días no habían sido más que una frustración tras otra. La falta de tiempo la hacía sentir como en una especie de trance, o uno de esos sueños que no dejaban de repetirse noche tras noche. Era consciente de lo que hacía, pero había veces en las que su cuerpo se sentía como si lo hubiese puesto en modo automático, cerebro dormido mientras sus manos se movían sobre el papel.
Se había dado cuenta de que comenzaba a conocer mejor el rostro de Namjoon una de esas veces, cuando la curva de su nariz salió casi sola al tratar de plasmarla sobre las hojas de borrador. Luego seguían sus labios, sus ojos suaves y los delicados hoyuelos que hacían acto de presencia con cada una de sus pequeñas sonrisas. De a ratos le asustaba la idea de ser capaz de ver su expresión con total claridad cada vez que cerraba los ojos, pero se figuró que sería algo normal. Hyeji no estaba acostumbrada a trabajar con un modelo fijo; se manejaba trazando a los que eran pagados para asistir a sus clases.
Al principio no estaba segura de que las cosas fuesen a salir bien: Namjoon parecía tan tímido que dudaba que fuese capaz de llevar un proyecto de aquel tipo a cabo. Tal vez fuese a echarse atrás a la mitad, y Hyeji sabía no podría con eso. Pero, para su sorpresa, había resultado ser lo contrario: la emoción que mostraba el muchacho por conocer sus ideas y los avances del trabajo, a pesar de que se sonrojase al notar el detalle con el que Hyeji decidía dibujarlo alguna que otra vez, lograba cohibirla de una manera que jamás había experimentado antes. Namjoon la obligaba a salirse de su piel, a pensar en cosas nuevas, y eso le provocaba una extraña ansiedad.
Hyeji jamás se había considerado una persona tímida. No en exceso, al menos. Podía resultar bastante callada al principio, hasta entrar en confianza con los demás a su alrededor, pero no temía decir lo que pensaba. Y no es que Namjoon le diese ganas de callar, pero a veces estar en su presencia simplemente le dejaba la mente en blanco. No recordaba que le hubiese pasado con algo que no fueran los libros de clase (quería evitar comparar a Namjoon con cualquiera de esas cosas: la sensación era mucho más agradable que la de sentarse a leer en la biblioteca).
Se deshizo de la manta estaba envuelta y se puso en pie junto a su cama. No dudó antes de quitarse la ropa que llevaba puesta allí mismo, pues estaba sola y sabía que Eunjung pasaba generalmente el día afuera. Contrajo los dedos de los pies al sentir el frío suelo bajo su piel y caminó al baño casi que de puntitas. Era pequeño, pero estaba bien para ella. Cerró la puerta tras de sí y encaró el espejo. Se encontraba algo empañado, por lo que supuso que Eunjung se habría dado una ducha antes de marcharse a quién sabe dónde. Corrió la mano por la superficie de cristal, las huellas de sus dedos quedando marcadas sobre el vapor condensado. Su imagen estaba aún un poco distorsionada, pero era lo suficientemente clara como para hacerla pensar.
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Grafito y tinta » Namjoon;BTS
Hayran KurguHyeji y Namjoon se conocen por pura casualidad. Ella, estudiante de artes, necesita un modelo para su clase. Y a él, tímido y algo torpe, no le vendría mal un poco de apoyo moral para invitar a una chica a salir. Pero cuando las cosas comienzan a to...
