La calefacción llevaba ya un rato encendida, pero no parecía no ayudar a que los temblores que Hyeji estaba experimentando disminuyesen. Reservó el salón cuando sabía que no había clases siendo impartidas, así que tenía la tranquilidad de que nadie los molestaría allí. De todos modos, los nervios se la estaban comiendo viva.
Había tratado de entretenerse a sí misma preparando su atril y asegurándose una y otra vez de que sus lápices, carboncillos y cualquier material que fuese a serle útil estuviese en buenas condiciones, a pesar de que sabía que todo se encontraba en orden y aquella era nada más que una jugarreta de su cabeza para distraerla de su verdadera preocupación. Incluso compró dos vasos de café antes de dirigirse al edificio de Bellas Artes, su carpeta bajo el brazo y su habitual par de ojeras bien puesto. Apenas había dormido esa semana entre los exámenes de distintas asignaturas que debía rendir antes del descanso de invierno y el meticuloso planeamiento que se había dedicado a hacer la noche anterior. Quería utilizar el tiempo lo más económicamente posible en aquel encuentro con Namjoon. Sabía que iba a ser algo incómodo para ambos y prefería no alargarlo más de la cuenta, así que se había dedicado a anotar cada una de las posiciones y partes que necesitaba retratar para que no se le olvidase ninguna (estaba segura de que entre tanto maremoto emocional su cerebro iba a quedarse completamente en blanco).
Cuando el reloj del salón marcó las tres y diez sobre la pizarra, Hyeji fue invadida de una sensación bastante familiar: el temor de que Namjoon se hubiese arrepentido y, tal vez, no fuese a presentarse. Compuso una sonrisa de labios apretados dirigida a nadie en particular cuando recordó las circunstancias de su primer encuentro y cómo algo similar había sucedido. Pensó la atropellada llegada de Namjoon, justo cuando ella estaba a punto de marcharse, y el bochorno en su expresión mientras se disculpaba por el examen que lo había atrasado. Y esperó otra vez, a sabiendas de que no era el tipo de persona que la dejaría plantada sin explicación alguna. No, Hyeji necesitaba deshacerse de esa inseguridad.
La ansiedad no desapareció, traducida en los tirones que les estaba dando a las mangas de su suéter mientras esperaba, chequeando una y otra vez lo que ya sabía se encontraba en orden. No eran sólo nervios; Hyeji tenía miedo. Estaba asustada de arruinar su amistad con Namjoon. Los únicos desnudos que había dibujado habían sido con modelos contratados por la universidad, y en todos los casos las personas eran totalmente desconocidas para ella. Tal vez ya estaban habituados, pero mientras en su hoja Hyeji se dedicaba a trazar las líneas suaves de los pechos de una chica y, en otra ocasión los pectorales más planos de un muchacho, no había podido dejar de pensar en el acto de valentía y confianza que suponía estar allí, de pie frente a un grupo de desconocidos. No por el pudor que la desnudez acarreaba consigo, sino por esa otra cosa, ese algo escondido bajo la propia piel que es la esencia de uno. Y el ponerse en manos de otro, el dejarse ver vulnerable y real, sincero... Ah, eso requería de una gran valentía que Hyeji no creía poseer. Ella no sería capaz de hacer lo mismo.
Pensaba preguntarle a Namjoon si estaba bien dibujarle en ropa interior primero. No sólo porque lo más importante era el pecho, piernas y brazos, sino porque creía que lo mejor para ambos sería ir de a poco. Ir entrando en confianza y acostumbrarse a la presencia del otro sin la ropa de por medio.
La idea de dibujarlo en ropa interior ya la hacía hervir de vergüenza, así que dibujar a Namjoon completamente desnudo iba a ser un desafío. No era primer hombre al que veía sin nada encima, pero no se trataba de cualquier hombre, sino que de Namjoon, y Namjoon era... distinto. No creía conocer a otra persona como él.
Dejó el segundo vaso de café que estaba por acabarse sobre la mesa en cuanto la puerta del salón se abrió. Namjoon entró con sigilo, como si temiese haberse confundido de lugar. Inspeccionó toda la sala antes de enfocar sus ojos en Hyeji, y sonrió en cuanto la divisó. Llevaba unas gafas de pasta negra cuyo cristal parecía bastante grueso y su usual gorra oscura. La saludó con un ensayado gesto de la mano y se adentró completamente en el salón, cerrando la puerta tras de sí.
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Grafito y tinta » Namjoon;BTS
Fiksi PenggemarHyeji y Namjoon se conocen por pura casualidad. Ella, estudiante de artes, necesita un modelo para su clase. Y a él, tímido y algo torpe, no le vendría mal un poco de apoyo moral para invitar a una chica a salir. Pero cuando las cosas comienzan a to...
