Tazas sucias en el fregadero y el aroma penetrante del café, algo dulzón y ácido a la vez aún flotando en el aire. El silencio interrumpido únicamente por la imbatible lluvia que continuaba cayendo afuera, ni lenta ni perezosa, golpeando las calles con ansia. Y las breves miradas que compartía con un todavía algo borracho Kim Namjoon, quien tenía una pinta tremenda de querer irse a dormir.
Tras haberle dicho que tenía algo de frío, Namjoon pareció haber vuelto a sus sentidos y le ofreció un par de pantalones cuyos bajos había tenido que doblar para no tropezarse con ellos al caminar. Fue entonces que se dio cuenta de que uno al lado del otro debían de resultar un par de lo más cómico: él con sus largas piernas y ropa oscura. Ella con su pelo revuelto y su pijama de colores vibrantes. A simple vista debía de parecer extraño que fuesen capaces de llevarse bien.
Sin embargo, así era. Le parecía curioso cómo Namjoon muchas veces conseguía hacerla sentir avergonzada y nerviosa sin siquiera intentarlo, como si su mera presencia fuese capaz de encender un pequeño incendio en su interior. Aquellas llamas no la dejaban pensar con la claridad suficiente y generalmente abrasaban sus mejillas. Se preguntaba si eso de sonrojarse se le habría pegado inconscientemente de él, puesto que no recordaba haberse sentido así jamás. ¿Sería porque Namjoon era un chico guapo? Bah, guapo era decir poco. Namjoon era bonito.
No era como si Hyeji no tuviese experiencia con hombres. Vamos, que había tenido citas y algún que otro enredo. Nada demasiado serio, nada de esas relaciones que duraban lo suficiente como para dejarla hecha un desastre cuando terminaban. Como Yoongi y Yeonhee o, en cierta medida, también Boyoung y Woojin. Jamás se había encontrado a nadie que fuese capaz de dejarla hecha un lío en cualquier sentido de la palabra, que le revolviese el estómago y la distrajera de las clases. Tampoco era como que Namjoon aplicase a todas estas calificaciones, pero sí era verdad que le resultaba cada vez más atractivo y que, de una manera u otra, aquello acabaría afectando su relación con él. Porque no se trataba sólo de su aspecto, por supuesto: otros detalles como su voz, sus palabras suaves y su conversación interesante comenzaban a llamarle la atención más de lo normal.
Debía de ser el resultado de haber pasado demasiado tiempo junto a él.
Cuando salió del baño con sus pantalones puestos (tenía suerte de que bajo su chaqueta la camiseta se había salvado del agua) y el pelo hecho un enredo por culpa de la falta de peine, Namjoon seguía sentado a la barra. Ella le había preparado otra taza de café, esperando con ello que tal vez se pusiese mejor. Namjoon bebió hasta que sintió el estómago revuelto y las náuseas treparon otra vez por su esófago. Hyeji agradecía que no se hubiese puesto a vomitar; con esa altura, era probable que Namjoon tuviese una buena resistencia al alcohol (mejor que la suya, al menos). Él no estaba tan seguro de que no devolver la bebida fuese algo bueno. Dios, ¡iba a sentirse terrible en la mañana y lo sabía!
Hyeji se mostró dispuesta a enjuagar las tazas y cucharas que habían usado, pero él no se lo permitió. Ya había hecho suficiente, y era muy tarde. Afuera, el clima se veía inhóspito y el frío que trepaba por las paredes y se escabullía por debajo de las puertas invitaba a nada más que acurrucarse junto al calor y dormir hasta que llegase la mañana. O la tarde. Namjoon tenía la certeza de que levantarse iba a costarle bastante. Aún sentía como si alguien estuviese intentando taladrarle la cabeza.
Observó cómo Hyeji metía las manos por dentro de las mangas de su camiseta. Debía de tener frío. A él le sucedía lo mismo al principio, cuando no estaba acostumbrado a la falta de calefacción. Desde que se había roto el termostato de la sala, ni él ni Hoseok habían conseguido reunir el dinero suficiente para repararlo o comprar uno nuevo, así que lo habían dejado así. Ninguno de los dos pasaba tanto tiempo en el apartamento, de todos modos. Los días volaban entre las clases y las salidas nocturnas que consumían el resto de sus horas. Cuando volvía a casa, Namjoon pasaba por la cocina para buscar algo de comer e inmediatamente se encerraba en su habitación. Había comprado una pequeña estufa eléctrica, de esas que no consumían tanta energía e irradiaban el calor suficiente como para hacerlo sudar (no sabía si aquello era muy sano. Lo dudaba, pero el aparato cumplía su propósito). La había colocado debajo de su escritorio, así que siempre tenía los pies calientes cuando se sentaba a trabajar en alguna pista nueva.
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Grafito y tinta » Namjoon;BTS
FanfictionHyeji y Namjoon se conocen por pura casualidad. Ella, estudiante de artes, necesita un modelo para su clase. Y a él, tímido y algo torpe, no le vendría mal un poco de apoyo moral para invitar a una chica a salir. Pero cuando las cosas comienzan a to...
