diecinueve

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Hyeji no volvió a ver a Namjoon en lo que restaba de la semana. Habían acordado encontrarse un martes en el edificio donde se impartían las clases de Bellas Artes, y eso había sido todo. Y si bien se mantuvieron en contacto mediante textos como solían hacer, Hyeji no se sentía igual que siempre. En su cabeza reinaban dos emociones totalmente contradictorias: el impulso que tenía de enviarle un mensaje para preguntarle si quería que hiciesen algo juntos, como compartir una taza de café o discutir sobre lo feos que eran los ángeles en la fuente del parque, y las ganas de esconderse en su habitación y no tener que dirigirle la palabra nunca más.

No era que estuviese enfadada con él, por supuesto que no. ¿Qué razón tendría para ello? Pero estaba esta otra cosa. Esa piedrita que no parecía querer salir de su pecho cada vez que pensaba en él, las sonrisas que le arrancaban sus textos mientras le contaba sobre los análisis literarios que estaba haciendo en clase. Las llamadas que compartían alguna noche, cuando ninguno de los dos podía dormir y Eunjung parecía haberse esfumado (estaba haciéndolo más de lo habitual, pero a Hyeji ya no le parecía extraño. Menos aún después de haber conocido a Gayoon).

Namjoon no le había vuelto a mencionar a Boyoung, y aquello le extrañaba bastante. Sobre todo teniendo en cuenta cómo su amiga le había comentado durante uno de los almuerzos que compartían juntas que había comenzado a charlar con él. Poca cosa, había dicho Boyoung, pero su opinión sobre Namjoon parecía haber cambiado bastante.

—Fui tan grosera —gimió la chica, hundiendo la cabeza entre sus manos luego de haber soltado el tenedor con el que estaba comiendo una ensalada de brócoli. Hyeji no dejaba de pensar que se parecían horriblemente a pequeños árboles. Iba a denunciar a Boyoung por deforestación ilegal; su ensalada debía de haber costado un bosquecito entero—. Namjoon debe de creer que soy una tonta, ¿no? Le juzgué tan mal, ¡y por nada!

—No cree que seas una tonta —le aseguró Hyeji mientras se llevaba a la boca una cucharada de arroz frito. "Pero yo sí creo que lo eres", le faltó agregar. Boyoung no tenía maldad, pero sí que era muy orgullosa y un poco anticuada en algunos aspectos. Nada que no pudiese (e intentase) cambiar. Recordaba el esfuerzo que le había tomado siquiera atreverse a salir a bailar con ella y Yeonhee, y los mil pretextos que había puesto para no acompañarlas. Incluso había llegado a decir cosas un poco hirientes, pero les había pedido perdón inmediatamente. Y ambas entendían. Boyoung era como una niña, como Namjoon. Aún estaba tratando de encontrar su lugar, de hallarse a sí misma, proceso podía resultar tan terrorífico y difícil que a veces hacía cosas que no quería. A Hyeji no le importaba, porque cometer errores es parte de nuestra humanidad, y Boyoung tenía también un montón de cosas bonitas que hacían que la quisiese.

Como sus sonrisas suaves, la manera que tenía de empeñarse en todo lo que hacía y sus abrazos cálidos, de brazos finos, cada vez que Hyeji los necesitaba. En general, Boyoung era de las personas más dulces y amables que había conocido jamás, y la adoraba como si fuese su hermana. Simplemente se trataba de ese tipo de gente que llevaba sus emociones guardadas en una caja, tal vez demasiado pequeña para lo que su corazón quería sentir, gritar. Y a veces, sin quererlo, explotaba. Se escapaba alguna queja, algún chillido enfadado, alguna lágrima ardiendo contra la piel de su mejilla. Yeonhee y Hyeji habían estado allí cada vez para contener sus pedazos rotos, como Boyoung le había acariciado la espalda cada vez que su madre volvía a llamar y lo único que recibía eran palabras hirientes. Era una de esas amigas que, aunque no comprendiesen todo lo que le sucedía, hacían su mejor esfuerzo por hacer que las cosas fuesen un poco mejor. Valoraba mucho eso.

Sí, Boyoung era una tonta sin remedio, pero Hyeji la quería un montón.

—Eso lo dices sólo porque eres mi amiga —replicó la chica—. Sabes, deberías de decirme cuando me esté comportando como una imbécil. ¡Que no me enojo ni nada! —Boyoung la señaló con su tenedor, que aún tenía un brócoli pinchado. Hyeji alzó las manos a los costados en señal de rendición y rio ante la ridiculez de la situación.

Grafito y tinta » Namjoon;BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora