dieciocho

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Suponía que la causa fue el cansancio, pero Hyeji cayó víctima del sueño mucho más rápido de lo que esperaba. Y al despertar, su cerebro volviendo en sí antes que su cuerpo, lo primero que notó fue que tenía los pies fríos. Arrugó la nariz con los ojos aún cerrados y estiró la mano para frotarse la cara. Sentía los ojos ardiendo, como si la luz le estuviese dando directamente en la cara. Se quedó seca en cuanto su codo chocó con algo demasiado blando como para ser la pared del cuarto.

Hyeji despegó los párpados lentamente, como si le costase mucho (de hecho, así era). Su memoria poco a poco superaba la confusión que sucedía al despertar, y ya recordaba en donde estaba. Se mantuvo tranquila mientras la respiración pesada de Namjoon comenzaba a hacerse audible a su costado, unos cuantos ronquidos siendo amortiguados contra la almohada.

El muchacho yacía a su costado con el pelo enmarañado y el rostro apenas visible, enterrado en el colchón. Su espalda subía y bajaba con lentitud, al ritmo de sus inspiraciones acompasadas. Aún no del todo despejada de su sueño, a Hyeji le pareció que era de las primeras veces que veía a Namjoon tranquilo, genuinamente tranquilo. Eso debía de ser lo que sucedía a las personas al dormir: la inconsciencia no les permitía pensar, preocuparse por nada. Un buen remedio para cualquiera que anduviese con el corazón agitado.

Echó un vistazo a la habitación. Como la noche anterior, las persianas estaban entreabiertas y un poco de luz se colaba entre las rendijas, bañando todo del brillo grisáceo típico de las mañanas invernales. Sólo entonces y con un tirón de estómago, Hyeji se dio cuenta de la extraña posición en la que habían estado durmiendo.

Ambos estaban espatarrados de mala manera sobre el colchón. Ella tenía las piernas casi que encima del estómago de Namjoon, y uno de los brazos de él se encontraba sobre sus costillas, por debajo de sus pechos. Hyeji notó que el frío en sus pies se debía nada menos que a la pérdida de sus medias entre las frazadas, así que arrolló las piernas para pegarlas a su torso, con cuidado de no tocar a Namjoon. Tomándolo suavemente por la muñeca, apenas con las puntas de los dedos, agarró la muñeca del brazo que aún reposaba sobre su cuerpo y lo movió hasta dejarlo junto a la cabeza del chico, labios apretados, temerosa de despertarlo. Se sentía un tanto avergonzada y no sabía muy bien por qué.

Quitó las piernas de encima de Namjoon y se sentó en el colchón. Le dolía la cabeza. ¿Qué hora sería?

Palpó sus costados, en donde deberían de estar los bolsillos de su chaqueta con el celular dentro, pero aquello fue en vano: se la había dejado en la sala la noche anterior. Hyeji bufó con molestia, lanzando la cabeza hacia atrás. Es que todo le salía mal.

Apretó los ojos y se pasó una mano por la cara con rudeza. Generalmente eso la ayudaba despejarse mejor, aunque pareciera un poco bruto. Estiró las piernas sobre el colchón, cuidadosa de no tocar a Namjoon, y se peinó el pelo con las manos. Debía de haberse olvidado su pinza en el baño tras haberse cambiado allí. Necesitaría ir a buscarla antes de marcharse: su melena estaba esponjada porque no se había secado bien el cabello antes de dormir y le estaba costando demasiado mantener en su lugar a los mechones que caían desobedientes sobre su rostro.

Y mientras ella se preocupaba por esas cosas, Namjoon dormía. Le observó durante algunos segundos, aún peinándose con los dedos. Hyeji se congeló en cuanto lo vio moverse, volviendo el rostro en su dirección, pero el chico seguía adormilado. En cuanto volvió a quedarse quieto se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento, así que lo dejó salir de a soplos pausados. Namjoon se veía cansado, pero bien. Bah, él siempre se veía bien. Sus labios entreabiertos, ojos cerrados, cabello despeinado y mejillas sonrosadas eran simplemente una imagen a la que no estaba acostumbrada.

Dios. Su estómago no dejaba de tirar. Dolía.

"No debería comprar más comida en la cafetería", pensó mientras se apoyaba en la pared para ponerse en pie sobre el colchón. Dio gracias al Cielo por su buen equilibrio, puesto que si fuese un poco más torpe sería incapaz de pasar por encima del cuerpo de Namjoon sin despertarlo. La verdad era que la idea de hablarle se le hacía tan incómoda que prefería que las cosas fuesen así: se marcharía silenciosamente y le hablaría luego para saber qué tal se sentía. Y eso sería todo.

Grafito y tinta » Namjoon;BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora