Hyeji no era precisamente la mejor cuando de enmascarar sus emociones se trataba, por lo que se alegraba de estar controlándose de manera bastante decente hasta el momento. Apenas habían hablado mientras terminaba el primer boceto de Namjoon, en el que él salía sentado con las piernas ligeramente extendidas hacia los costados y el torso descubierto al frente. De aquella manera era tan sencillo ver todos sus músculos que le tomó menos de lo que pensaba, a pesar de que su mano había comenzado a temblar ligeramente por culpa del nerviosismo.
Suponía que una parte de ella siempre había visto a Namjoon como más que un amigo, pero había decidido ignorarla. Era mucho más sencillo fingir que nada la afectaba a afrontarse a sí misma y tomar el control de la situación. Hyeji simplemente no podía. Las cosas ya se habían enredado lo suficiente. Tenía que ser sincera consigo misma: sus sentimientos aflorando en aquel preciso instante supondrían más una molestia que algo bueno para nadie. Ni para ella, ni para Namjoon.
Casi que no percibió la mirada de irises oscuros del muchacho mientras sus manos trabajaban con rapidez sobre el papel, demasiado perdida en sus ideas y en definir las líneas que marcaban sus hombros. Pero, si lo hubiese visto, si hubiese alzado sus ojos de la hoja una sola vez, tal vez se hubiese encontrado con un brillo distinto en el rostro de Namjoon, algo que no le había mostrado antes y de cuyo significado ni él mismo estaba seguro. Pero le gustaba ver a Hyeji dibujar.
Tenía el pelo recogido con una pinza para que no le molestase y llevaba las mangas del suéter enrolladas a causa del calor que hacía en la habitación. Se había preocupado tanto porque él no fuese a enfriarse que al parecer no le importaba derretirse allí mismo, bajo su gruesa ropa de lana. Sus dedos habían comenzado a mancharse de grafito, las yemas ennegrecidas y pequeños manchones escurriéndose por el costado de sus manos, sus palmas. Le gustaba tanto mirarla que no había pensado en que no debía moverse; simplemente se había quedado allí, quieto, expectante. E incluso si la falta de sus gafas no le permitía distinguir todo con perfecta claridad, aún era capaz de vislumbrar lo abultadas que sus mejillas se volvían mientras Hyeji apretaba los labios en un gesto de concentración. El pequeño lunar bajo su barbilla y una estela de otros que descendían por su cuello.
Diablos. Sí que era bonita.
Namjoon hubiese seguido mirando, hasta que ella alzó los ojos y se vio obligado a desviar los suyos. Mierda. Esperaba que no lo hubiese atrapado viendo, porque de ser así estaba seguro de que el calor no tardaría en subir por sus mejillas y entonces Hyeji se daría cuenta de que se estaba pasando de la raya. Ella siempre lo notaba todo.
—Entonces... —su voz sonó suave cuando abrió la boca casi que por primera vez desde que habían empezado. Se relamió los labios, gesto que no le pasó inadvertido al chico—. ¿Cuándo te hiciste esos?
—¿Eh?
—Los tatuajes, me refiero —aclaró Hyeji, volviendo sus ojos al papel.
—Oh —la boca de Namjoon adquirió una forma redondeada y luchó contra el impulso de rascarse la cabeza, gesto que realizaba cuando estaba pensando—. Hace un par de años, luego de entrar a la universidad. Un amigo los hizo para mí.
—¿De verdad? —Hyeji seguía sin mirarlo, pues parecía haber cambiado de hoja, pero su tono de interés no decayó—. Un segundo, sólo ponte de costado... eso, flexiona la pierna y apóyate sobre el brazo. Genial. Continúa.
Namjoon respiró, la nueva posición resultándole brutalmente más cómoda (al menos de momento). Hasta que se movió no notó lo agotador que podía ser pasar mucho rato quieto. Aquel trabajo era mucho más complicado que lo que le había parecido en primera instancia, pero le gustaba. Era divertido.
Había dejado de sentirse incómodo por estar semidesnudo frente a Hyeji. Es verdad que tenía miedo al principio, pero se le había pasado bastante rápido. Estar allí frente a la chica era extrañamente fácil. Hasta se quitaría los calzoncillos de buena gana si ella fuese a pedírselo, pero no estaba tan seguro de que Hyeji se sintiese igual respecto al tema de la confianza. Había ocasiones en las que no cabía duda de que su relacionamiento era genial. Hyeji lo hacía reír y lo animaba a... a hacer cosas. No lo avergonzaba (no de mala manera, porque sí era cierto que conseguía sacarle los colores más de una vez), o molestaba. No lo hacía sentir como alguien extraño. Le agradaba estar junto a ella.
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Grafito y tinta » Namjoon;BTS
FanfictionHyeji y Namjoon se conocen por pura casualidad. Ella, estudiante de artes, necesita un modelo para su clase. Y a él, tímido y algo torpe, no le vendría mal un poco de apoyo moral para invitar a una chica a salir. Pero cuando las cosas comienzan a to...
