nueve

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—Perdón por el desorden —se disculpó Namjoon tras cerrar la puerta del pequeño piso. Habían caminado hasta allí desde la universidad y les había tomado alrededor de quince minutos llegar a la pequeña edificación. No tenía ascensor y la pintura en la fachada comenzaba a descascararse e hincharse a causa de la humedad, pero a Hyeji no le pareció un detalle importante. En realidad, lo encontraba hasta un poco acogedor. Había algo en la imperfección que le parecía tan cercano que no le generaba rechazo alguno, contrastando con la frialdad que provocaban en su corazón las cosas regias. En ellas no había nada que contar, ningún rastro humano al que aferrarse en busca de calor.

—Yo creo que está bien —le aseguró con una sonrisa dulce.

La primera impresión que tuvo del apartamento fue que era pequeño. Al ingresar se topó con la sala de estar y una barra que hacía las veces de cocina, el horno y algunos estantes acomodados a su alrededor. El sofá estaba ubicado en una esquina y el televisor parecía algo viejo, de esos modelos que se asemejaban a una caja y que ya casi nadie usaba, pero se veía en buen estado. Por todos lados había libros apilados, ropa desparramada sobre los muebles y en la entrada había más de un par de zapatos deportivos ya algo gastados, colocados como si alguien se los hubiese quitado con apuro. Aquello último le llamó particularmente la atención, puesto que no recordaba haber visto a Namjoon con aquel tipo de calzado antes. Tal vez le gustaba salir a correr o algo por el estilo (no estaba muy convencida, pero no se le ocurría otra razón).

Descartó la idea en cuanto Namjoon la invitó a pasar. Entró con algo de duda, aún un poco tímida. Se había deshecho de la mayoría de sus infundados nervios en el camino, mientras ambos charlaban de cosas triviales y se reían, pero al llegar su incomodidad inicial no había tardado en volver a hacer aparición, retorciéndole el estómago.

Hyeji no era una persona exactamente tímida. No tenía problema alguno en expresar su opinión y mostrarse sincera ante el resto. Poco le importaba si hacía el ridículo en alguna ocasión. Pero aquel tipo de situaciones, cuando sentía que por fin estaba conectando con alguien más, le provocaban una inseguridad trepidante. Y por más que había tratado de hallar la razón, se había dado cuenta de que no tenía ni idea de qué estaba mal con ella. De seguro la pasaría así toda la vida, alejándose y sintiéndose incómoda cada vez que alguien demostrase que tenía un genuino interés en ella. Las únicas que no la hacían sentir de esa manera eran Yeonhee y Boyoung (bueno, Yoongi encajaba un poco en la lista también). La diferencia era que ellas eran capaces de aceptar la pared invisible que la separaba del resto. No intentaban derribarla; era más como si hubiesen aprendido a comunicarse por encima del muro.

Imitó a Namjoon y dejó su bolso y abrigo sobre el pequeño sofá para no tener que apoyarlos en el suelo. Luego ambos se dirigieron a la cocina y Hyeji tomó asiento junto a la barra, sobre un banquillo alto que dejaba sus piernas colgando. Apoyó los codos sobre el mármol y acunó su cabeza entre las manos, observando a Namjoon mientras se movía por la cocina. Hacía todo tan rápido que Hyeji temió que se tropezase, lo que parecía el inevitable desenlace, pero Namjoon apenas sí trastabilló mientras recogía platos y vasos de los armarios.

—¿Vives hace mucho tiempo aquí? —le preguntó para hacer conversación. Namjoon murmuró algo que interpretó como una negación.

—No realmente. Me mudé al principio del semestre —le explicó.

—Oh, ¿y en dónde te quedabas antes? ¿En las residencias?

Esta vez negó rotundamente con la cabeza, una sonrisilla amarga apareciendo momentáneamente en sus labios. Hyeji dejó de ver su rostro en cuanto Namjoon se inclinó tras la puerta de la heladera, que acababa de abrir, pero se preguntó qué clase de expresión tendría. Lo miró sin decir nada mientras él sacaba la caja de pizza y la colocaba a su lado sobre la mesada.

Grafito y tinta » Namjoon;BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora