ocho

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El domingo el salón estaba vacío. Hyeji se había preocupado por pedir permiso antes de usarlo, aunque si por ella hubiese sido no le habría importado entrar sin más. No había nadie, de todos modos, ¿a quién iba a molestar con su presencia allí?

Namjoon andaba detrás de ella a paso lento, ojeando todo a su alrededor. Parecía que jamás había estado en el ala de Bellas Artes y Hyeji notaba sus labios entreabiertos, como esperando para lanzar una pregunta. Dejó su bolso junto al de ella en el escritorio desocupado que había en el frente del salón, donde se sentaba su profesor de turno cuando no estaba dando vueltas por la sala observando el trabajo de sus estudiantes. En el centro había un pequeño estrado con una silla, y los bancos con caballetes repletos de manchas de pintura y lápiz se encontraban colocados en círculo a su alrededor. Había algunos ocupados con trabajos a medio terminar, o con trapos sucios cubriéndolos por encima. Si a eso se le agregaban las paletas usadas desperdigadas por todo el lugar y los armarios de puertas entreabiertas al fondo cualquiera podría decir que el lugar presentaba un aspecto más bien caótico, desordenado.

Pero a Hyeji no le importaba. Encontraba una extraña calma en aquel desastre. Sabía dónde estaba cada cosa y cómo moverse alrededor de los atriles sin tirarlos por accidente. Sabía dónde estaban los pinceles y cuáles eran los mejores carboncillos que podía usar para sus bocetos. Aquel salón desordenado se había convertido en su hábitat, uno de los lugares donde era capaz de hallarse más cómoda consigo misma. En las clases, mientras se concentraba en retratar hasta el último detalle de los modelos contratados por la universidad, se olvidaba de todo lo demás. No había nada más que ella y el lienzo a medio hacer, nada más por lo que estar preocupándose.

—Es bonito —habló Namjoon al fin mientras que Hyeji se dirigía a las ventanas para correr las cortinas y dejar que algo de luz natural ingresase al salón. Aquella mañana el sol estaba bastante brillante y casi que hacía un poco de calor, aunque no el suficiente como para no llevar abrigo. No le preocupaba: casi siempre se sentía más segura con una prenda extra sobre los hombros—. ¿Aquí estudias?

—Ajá —dijo ella a modo de respuesta—. Algunas clases, no todas.

Se volvió para encararlo y encajó las manos en los bolsillos de sus vaqueros por puro instinto, sólo porque no sabía qué hacer con ellas. Observó a Namjoon con los labios apretados, esperando a que se diera cuenta y, tal vez, siguiese la conversación, pero él estaba demasiado distraído como para notarlo. Se encontraba vagando por la habitación, observando atentamente cada una de las piezas sin terminar colocadas en los atriles. De tanto en tanto se relamía la boca, o mordisqueaba distraídamente el diminuto piercing de su labio inferior en un gesto que Hyeji había aprendido a leer como puramente inconsciente.

—Estos son muy interesantes —comentó, rascándose la barbilla. Hyeji tuvo que contener una risilla cuando se le ocurrió que se veía como un intelectual estereotipado—. Me gusta cómo cada uno lo ha hecho diferente, como si viesen la misma imagen a través de distintos cristales. ¿Quién era la modelo? —preguntó con curiosidad.

—Una ex alumna —le explicó Hyeji, quien había comenzado a colocar sus hojas cuidadosamente sobre la tabla de madera en el atril. Estaba tan acostumbrada a aquella acción que sus dedos se movían casi de forma automática, dejando todo en la posición perfecta—. Muchos vuelven y les pagan por el modelaje. Hay algunos adolescentes que lo toman como trabajo de medio tiempo, también, puedes encontrar de todo.

—¿Y tú lo harías?

Hyeji alzó la vista de las hojas y lo miró. Namjoon tenía la cabeza ladeada y la boca en un ligero puchero, curioso. El calor subió violentamente a sus mejillas y Hyeji se alejó del lienzo a paso rápido, dirigiéndose a los armarios para buscar chinches con las cuales fijar la hoja para que no se moviese. Por lo general no las usaban en clase, puesto que los bosquejos que hacían cuando había modelos presentes tomaban minutos y eran hechos de forma rápida y desprolija para permitirle cambiar de posición y empezar una nueva pieza. En realidad sólo quería alejarse para que Namjoon no notase lo sonrojada que estaba.

Grafito y tinta » Namjoon;BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora