siete

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—Gracias por hacerte cargo, cariño —Jungsook se acomodó el bolso sobre el hombro y se pasó una mano por las puntas del pelo como queriendo arreglarlas, aunque a Hyeji le parecía que estaban en buen estado. Seguidamente revisó la hora en su reloj pulsera y dirigió la mirada hacia las amplias puertas de la biblioteca. Su apuro era evidente, pero no se movió del lugar hasta ajustarse la falda. Hyeji la había visto hacer lo mismo repetidas veces, como si fuese un tic nervioso—. Está bastante tranquilo hoy así que no tendrás problemas.

—No se preocupe, señora Kwon, estará bien —dijo para incitarla a que se marchase. Hyeji no quería hacerla llegar tarde—. Vaya, Youngsik debe de estar esperándola.

—¡Eres un ángel, cielo!

Tan pronto como el eco de los tacones de Jungsook desapareció por el pasillo de la universidad, Hyeji echó el suspiro más largo del mundo, cansada. Había pasado buena parte de la noche acabando de redactar su material acerca del concepto del cuaderno de bosquejos que debería entregar y organizando sus reuniones con Namjoon para perder la menor cantidad de tiempo posible. Por lo general no era una persona ordenada, pero en lo referente a aquel trabajo el estrés era tal que estaba poniendo su mayor esfuerzo, incluso si eso significaba estar exhausta luego.

Aquel día la profesora Shin, de pie frente al salón con aquella rigidez que la hacía parecer un soldado, había decidido recordarles a todos lo importante que era aquello para su clase, ya que no sólo estaría tomando en cuenta la capacidad técnica de cada uno sino que también su creatividad. A Hyeji eso le parecía un poco injusto; ¿cómo podría calificar a alguien en base a algo tan subjetivo como la creatividad y la imaginación? No todos pensaban igual, y definitivamente no todos iban a encajar en el esquema de lo creativo de la profesora Shin. Y aunque quiso decirle algo, no pudo.

Últimamente se notaba incapaz de discutir demasiado. No sabía si era el cansancio o si había algo más, pero sus ganas de pelearse con el mundo cada vez que algo no le parecía bien habían disminuido considerablemente. A lo mejor necesitaba descansar para volver a su estado normal. Tenía cosas mucho más importantes en las que concentrarse, se recordó. Pero, aprovechando que la biblioteca estaba tan vacía, tal vez podría aprovechar para cerrar los ojos un momento.

Se recostó sobre la silla de escritorio en la que estaba sentada y entrelazó las manos sobre su estómago, totalmente lista para tomar una siestecilla. Era sábado, y la mayoría de los estudiantes estaban afuera. A excepción de un par que según parecía se encontraban charlando en susurros en vez de concentrarse en sus libros, no había nadie más.

A menudo suplía a Jungsook cuando ni ella ni la otra bibliotecaria, Myungok, estaban disponibles. Los días en que ellas se encontraban en sus puestos se dedicaba a organizar las estanterías y a llevar un recuento de qué estudiantes no habían devuelto el material. Se llevaba bastante bien con ambas, dado que trabajaba en el lugar para hacerse un dinerillo extra. No era mucho, pero alcanzaba para sus gastos.

Jungsook era una mujer ya entrada en sus cuarenta, pero que a veces se le hacía mucho mayor. Tenía tres hijos que aún vivían con ella, puesto que todos eran pequeños, así que Hyeji suponía que el esfuerzo de trabajar tantas horas y luego llegar a su hogar para seguir atendiendo personas debía de ser absolutamente agotador. Los años de trabajo parecían haber pulido su cuerpo, mostrándose orgullosos en su espalda ya naturalmente encorvada sobre la computadora de la biblioteca o en la manera que tenía de quejarse del dolor que estar al teclado todo el día le estaba produciendo a sus articulaciones.

Según lo que Hyeji tenía entendido, Youngsik era de sus hijos menores y tenía consulta con el pediatra, así que Jungsook había pedido el resto de tarde libre. Y como Myungok no se encontraba allí tampoco la había llamado a ella para que tomase su puesto por lo que quedaba del día. A Hyeji no le había importado; tampoco era como si tuviese mucho que hacer. Además, la biblioteca cerraba temprano los sábados, apenas a las seis, por lo que no estaría allí demasiado tiempo.

Grafito y tinta » Namjoon;BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora