treinta y dos

8.6K 989 252
                                        

Namjoon se echó agua sobre la cara reiteradas veces, pero aun así seguía sintiéndose terrible consigo mismo. La había cagado. Acababa de meter la pata hasta el fondo y no tenía la menor idea de qué hacer para arreglarlo. La sensación de Hyeji contra sus labios, pegada a su piel y bajo sus dedos demoraría demasiado en escaparse de su cabeza. Quería sentirla otra vez. De verdad que sí. Seguía muy confundido respecto a sus propias emociones, pero no le quedaba duda de que quería repetir lo que acababa de suceder.

Le tomó mucho trabajo volver a la fiesta, y aún entonces fue incapaz de concentrarse en lo que estaba pasando a su alrededor. A juzgar por el vacío en su grupo de amigos, supuso que Hyeji se habría ido sin decir adiós. Pensó en enviarle un mensaje, preocupado porque le hubiese sucedido algo (aparte de lo obvio), pero desistió. No podía hacerle eso. Necesitaba darle su espacio, ¿verdad?

Era un idiota. No tendría que habérsele lanzado encima de aquella manera, por más que llevase horas deseándolo con todas sus fuerzas. Eran amigos, joder. Había arruinado todo lo bonito y preciado que habían construido. Y todo por un impulso cuya procedencia todavía le resultaba un poco confusa.

Aunque alguna idea podía hacerse.

Hwang Hyeji le gustaba. Terminó de confirmarlo luego de esos besos, de las manos yendo y viniendo y los jadeos y "más, bésame más". Le gustaba de una manera extraña, con la que todavía no acababa de llegar a términos. Le gustaba y tenía miedo de perderla, de haber hecho todo al revés. Tal vez tendría que haber hablado con ella primero, hacerle saber cómo se estaba sintiendo últimamente, contarle de la madeja de sentimientos enredándose en su estómago cada vez que pensaba en ella. En verla, en sus conversaciones hasta tarde, en cómo su rostro se veía tras las tazas de café que a menudo compartían juntos. Contarle de la sensación pegajosa y cálida que se deslizaba por cuerpo, de las ganas que tenía de darle la mano si ella le correspondía.

Pero a juzgar por la manera en que se había alejado, Namjoon dudaba de que cualquiera de esas cosas fuese a suceder. La había cagado. ¿Y qué le diría a Boyoung? Lo suyo no era nada formal ni serio, claro, pero de seguro iba a pensar que era un imbécil por salir con ella mientras que estaba pensando en Hyeji.

¿Qué haría si Hyeji creía que era un imbécil también?

Joder. Joder, joder. Joderjoderjoder.

Apuró el trago que tenía en la mano y soltó una exhalación ante el ardor que le recorrió hasta la boca del estómago. Estaba fuerte, pero no le importó. Ordenó otro e ignoró los pedidos de Yoongi y Yeonhee de que bailase con ellos. Quería estar solo, solo a pesar de que se encontraba rodeado de personas y dos por tres recibía algún golpe no intencional de quienes pasaban a su lado en la pista. Pero no le molestaba; estaba demasiado distraído.

Incluso el alcohol le hacía pensar en Hyeji, en cómo le había dicho aquella vez que no debía de tomar tanto, que por qué lo había hecho. Namjoon suponía que en algún momento de su vida el salir, distraerse, beber y escuchar música con sus amigos, saltar entre todo aquel ruido, no le dejaba escuchar lo que las voces de su cabeza decían. Y era maravilloso, el no oírlas por un momento. Luego volvían, cuando se hacía el silencio. Pero entonces Namjoon estaba preparado para lidiar con ellas y ya no le parecían tan terribles.

Y sin embargo, a pesar de todo el ruido allí estaban las voces, atacándole con sus susurros en medio del jolgorio. Más dolorosas que nunca, porque le hacían pensar en lo que nunca iba a poder tener. Namjoon nunca había sido una persona particularmente optimista. Siempre esperaba lo peor de cada situación, y así evitaba decepcionarse. Siendo alguien que sentía todo siempre muy a flor de piel, con la fuerza de vendaval, aquel era un buen mecanismo para regular sus emociones. Para regularse a sí mismo y no dejar que la tormenta le golpease todo el tiempo.

Grafito y tinta » Namjoon;BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora