Especial 14 de Febrero

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[REECE]

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[REECE]

Veinte minutos. Llevábamos veinte malditos minutos dentro  de aquella casa con olor a incienso de ancianos, y la cría que estábamos buscando todavía no aparecía.

Cuando Dave dijo que nos encargaría una misión peligrosa y de alto riesgo, pensé que sería algo mucho más entretenido que sentarnos a tomar el té con los padres de la mocosa. Pero no, llevábamos veinte divertidos minutos dentro de aquella casa, y la niña culpable aún no se dignaba a aparecer.

Jugando con la tasa que estaba entre mis manos, me acerqué a la ventana que daba al exterior y miré para afuera. Los transeúntes se movían como una mancha oscura de hormigas, ensuciando las calles con su inútil presencia. Dejé la tasa de cerámica en el umbral, y fruncí el ceño.

¿Cuánto tiempo tendríamos que esperar a la cría de ojos turquesa que aparecía en la fotografía?

Nosotros, los guardianes de Heavenly, estábamos hechos para pelear y matar, no para misiones insignificantes como esta. Éramos entrenados desde los ocho años para convertirnos en guerreros de alto rango y cumplir misiones que requerían de esfuerzo y sacrificios.

Mi vida era un claro ejemplo de esto.

Fui engendrado para continuar con el legado de la habilidad de mis padres, sólo porque era necesaria en el planeta. Nunca tuve el contacto de mi madre, o de mi padre. Sólo era un ser creado para matar, y seguir portando la telequinesia a futuras generaciones. Era una habilidad excepcional, y nadie quería correr el riesgo de que desapareciera.

Pasé los primeros ocho años de mi vida encerrado en un ático, con los ratones, la mierda y la orina encima, sólo porque mis padres odiaban el contacto. Me alimenté de mi propia basura, y aprendí a caminar con mis propios métodos. Adquirí inmunidades que ningún otro niño tenía. La mujer que decía ser mi madre sólo aparecía para entregarme una ración de agua o comida, y para explicarme lo que significaba ser un habitante de Heavenly. El bastardo de mi padre sólo iba a verme cuando mi llanto era excesivo y necesitaba dejarme inconsciente.    

Desde el primer día de mi vida, todos trataron de dejarme algo claro: sólo era un arma destinada a servir. Ocho años después, cuando fui hallado por Markov, un guardián del departamento de AICAM, mi destino sólo se acrecentó. Ellos me enseñaron todo lo necesario para golpear y defenderme. Técnicas de combate, armas de fuego, dagas, espadas, lanzas, escudos, aprendí de todo.

Yo era un arma para matar.

¿Por qué demonios me tenían tomando el té?

—¿Cuánto tiempo más piensa que va a tardar? —le preguntó Amber, mi compañera de equipo, a la madre de la cría—. ¿Cree que sea necesario que vaya a buscarla?

—Fue a comprar el pan, no a Europa —contestó la mujer con una fría amabilidad—. Tengan un poco de paciencia, por favor. 

La señora tenía cojones. Desde el primer minuto en que pisamos su pequeña casa de muñeca, dejó claro que no estaba contenta con nuestra visita. Éramos del gobierno, y ellos tenían muchas razones para odiar al gobierno. La mocosa que estábamos buscando había sido apartada de la sociedad desde muy pequeña, sólo por ser el único humano sin un poder en el planeta. En cierto modo, la compadecía.

Celeste [#2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora