Capítulo V: Rayo de sol en un día lluvioso.

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Elaine caminó debajo de lluvia con lágrimas en sus ojos y agradeció porque la lluvia de sus ojos se mezclaba con la lluvia del cielo.

Metió las manos en su bolsillo y se dio cuenta que llevaba algo de dinero así que decidió gastarlo en una cerveza. Caminó hacia la tienda más cercana y la compró, dándose cuenta de las miradas raras que le hacía la gente por estar casi completamente empapada de lluvia.

Ella siguió su camino hacia ninguna parte, solo caminó sin ni siquiera tener una idea de cómo eran las calles de Londres, pero estaba enojada y triste y lo único que quería era desaparecer.

Incluso pensó en querer volver a casa pero inmediatamente borró ese pensamiento de su loca mente.

Era temprano, no eran más de las dos de la tarde y parecía que ya estaba por anochecer. Ella no estaba acostumbrada a ese ambiente lluvioso y nublado, de donde ella venía la peor hora del sol era a las dos de la tarde.

Bebió de su cerveza mientras se dirigía a un parque que divisó y cuando llegó se sentó en una banca mojada con la lluvia aun cayéndole. Elaine vio como la gente apresurada, incluso con paraguas, caminaba por las aceras. Miraba los autos hermosos. A los niños y a los adultos.

De repente, un auto se estacionó justamente en frente de donde ella estaba sentada, lo miró extrañada hasta que se bajó el vidrio. Y allí estaba el hombre que casi la atropellaba aquella mañana.

-¡Hey! Súbete.

Elaine enarcó una ceja. Su mamá le había enseñado a no confiar en extraños.

-Ni loca.

El hombre puso los ojos en blancos y siguió insistiendo:

-Vamos, estas empapada. Déjame recompensártelo por casi atropellarte.

Ella dudó un segundo pero luego se decidió y se montó en el auto, sin antes botar la cerveza en la basura.

El hombre se quitó la chaqueta y se la puso a ella sobre los hombros. Elaine le hizo una tímida sonrisa y luego él arrancó el auto.

-Así que... ¿cómo te llamas?

-Elaine. Elaine Paisley. ¿Tú?

-Christopher Thompson.

Elaine lo miró muy bien. Era bastante atractivo, con ojos azules casi verdes, cabello castaño chocolate, su piel suave y clara. Amó la manera en que su cabello estaba peinado formalmente y solo un rulo le caía en la frente. Tenía barba y le hacía parecer mayor.

-Así que... puedo preguntar: ¿Qué hace una muchacha como tú en la lluvia bebiendo cerveza? -le preguntó él.

-'' ¿Cómo yo?'' -Elaine alzó una ceja- No me conoces y ya me estas etiquetando.

-Solo estaba tratando de parecer un poco interesado.

Elaine lo miró con rabia.

-Bueno, entonces debes callarte.

Christopher soltó una pequeña risita.

-Ay, solo estaba jugando contigo. Dime, ¿qué hacías en la lluvia?

-Estaba... O mejor, estoy enojada. Me pelee con mis amigas y no puedo conseguir un maldito trabajo.

-Oh, palabras tan grandes en la boca de una pequeña dama, ¿fuerte, no crees?

-Sí vas a ser sexista, para el auto que caminaré. -Elaine se cruzó de brazos, no estaba dispuesta a fingir que estaba bien cuando no lo estaba.

Christopher suspiró dándose por vencido.

-Es difícil hablar contigo, todo lo contestas.

-¿Se supone que me tengo que quedar callada? -ella le ofreció una mirada fría mientras la de él solo quería hacerla sentir cálida.

Christopher bufó.

-Te salvé de un resfriado ¿y todavía te quejas?

Elaine pensó que estaba siendo algo mala con él mientras él solo quería ser amable.

-Es que... Estoy decepcionada de muchas cosas. No creí que Londres fuera así.

-¿Así que eres nueva aquí? Sabía que eras extranjera por el acento, pero nunca pensé que apenas conocías Londres. ¿Y por qué crees que Londres no es lo que pensaste? -él solo quería buscar conversación con ella y quizás conocerla mejor.

-Pensé que sería como en las películas donde consigues a un hombre que es el amor de tu vida, no tienes que trabajar para comer y no vives con tus amigas que están más insoportables cada día.

Christopher volvió a reír pero su risa no fue tan maleducada como ella pensaría.

-Me gusta como piensas pero déjame decirte que Londres es la vida real también.

-¡Gracias! -le contestó sarcástica.

Hubo un silencio y Elaine le dio la dirección del edificio donde vivía. No sabía si Christopher tomaba muchos desvíos para hablar con ella más o solo era otra ruta.

-¿Qué sabes hacer? -Le preguntó él y ella lo miró confundida-: Me refiero a que te gusta hacer y en que eres buena.

-Hmm... No sé en exactitud en que soy buena. Pero me gusta la literatura y la historia.

Christopher sonrió sin mostrar los dientes.

-A mí también me gusta la literatura, pero la historia no.

-¿Dónde trabajas? -se atrevió a preguntar Elaine.

-Soy editor de una revista de moda, así que veras... tengo mucho trabajo. -fanfarroneó.

-Ah vale. Entonces debo suponer que viajas mucho y conoces gente importante.

Christopher se alzó de hombros.

-Sí, digamos que puede ser. De hecho, eso es lo que menos me importa. Ese tipo de gente a veces es superficial.

-¿Y tú no? -bromeó Elaine.

Christopher la miró alzando una ceja.

-No significa porque lleve un traje elegante, sea superficial.

Elaine rió e hizo contagiar a Christopher de su risa.

-Me pareces simpático Christopher Thompson.

-Pienso lo mismo de ti Elaine Paisley.

Christopher metió la mano en su bolsillo y sacó una tarjeta de presentación, se la entregó a Elaine con un guiño.

-Deberíamos salir algún día.

Elaine lo miró incrédulo.

-¿Tú quieres salir conmigo? ¿Tú? ¿Christopher Thompson? -Elaine no se lo podía creer.

-Sí, ¿por qué tan extrañada? -Christopher se confundió.

Después de un suspiro, Elaine dijo:

-No soy el tipo de chica el cual los chicos quieren salir.

-¿Por qué será eso?

-Porque soy exigente, grosera, celosa, intensa y... Soy fiel a mis dedos.

Christopher soltó una risa y Elaine se avergonzó más de lo que estaba.

-No me importa todo eso. Insisto que deberíamos almorzar algún día.

Elaine arrugó la tarjeta sin querer en su puño al sonrojarse.

Cuando divisó que ya habían llegado a su edificio, se entristeció, quería seguir hablando con él. Sentía que él había sido ese rayo de sol en un día de tormenta.

-Nos vemos pronto, Elle.

¿La había llamado Elle? Sí. Y Elaine casi explota en una risa, pero no lo hizo por no querer avergonzarse más.

-Gracias por el viaje.

Antes de bajarse, para agregar su toque de picardía, ella le plantó un suave beso en la mejilla y movió sus caderas dentro del edificio.

Twenty-two.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora