Capítulo XXIV: La noche cambia.

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Elaine estaba completamente exhausta. Quería irse a casa y darse una ducha caliente, cenar algo ligero y tomarse un té para irse a dormir, pero no podía.
Normalmente salía del trabajo a las cuatro de la tarde, pero ya eran las diez para las seis y ella todavía estaba sentada en la sala de reuniones a mano izquierda de Christopher mientras anotaba y organizaba todo para la próxima sesión de fotos

Ya casi todos se habían ido a casa y sólo el personal mas importante se había quedado. Elaine no se consideraba de una gran influencia en la revista, ella sólo organizaba, anotaba y hacía llamadas.

-Así concluímos la reunión de hoy, les recuerdo que mañana no hay actividad laboral porque harán unos arreglos al lugar. Nos vemos el miércoles.

Elaine tomó sus cosas y se levantó, salió del salón y se dirigió a su puesto.
Organizó y guardó todo bajo llave. Tomó su bolso mientras veía su celular.

-¡Elaine!

Elaine cerró los ojos, fastidiada, sabía que era Christopher, ella lo volteó a ver.

-¿Sí?

-¿Te gustaría ir a cenar en mi casa?

Elaine pestañeó varias veces. No podía creer que Christopher la estaba invitando a salir luego de lo sucedido.

-Si claro, ¿cuando?

Christopher se mordió el labio y luego hizo una sonrisa grande e infantil.

-Hoy.

Elaine se quedó atónita. Estaba cansada, quería dormir.

-Di que sí, será algo relajante. Tomaremos algo de vino... -suplicó Christopher.

-Creí que estarías ocupado hoy.

Christopher arrugó el entrecejo.

-¿Por qué lo estaría?

Elaine sacudió la cabeza.

-¿Sabes qué? Olvida eso, sí quiero ir, pero deberás llevarme a mi casa o si no me quedaré a dormir allí -Elaine bromeó.

Christopher se encogió de hombros.

-Por mi no hay problema -Chris le guiñó el ojo a Elaine pero ella decidió ignorarlo.

-¿Nos vamos?

-Déjame recoger mis cosas, cariño.

Christopher fue a su oficina y volvió segundo después con su maletín.

-Ahora sí nos vamos.

El camino del trabajo a la casa de Christopher fue normal. Elaine no estaba dispuesta a hablar mucho pero Christopher era una máquina de palabras. De una manera, Elaine sentía cohibida ante el y no sabía la razón.

Cuando llegaron, Elaine casi se ahoga al ver la casa de Christopher, era enorme para una sola persona.

-Mierda... ¿Vives aquí solo? -dijo Elaine bajándose del auto

Christopher le abrió la puerta principal y para el espiritu ordenado de Elaine, sus ojos se maravillaron al ver lo perfectamente ordenado que estaba su casa.

-Mi Dios... ¿Puedo mudarme aquí? -Elaine soltó un suspiro.

-Eso no me molestaría. Me vendría bien un poco de compañía femenina.

Christopher le quitó el bolso a Elaine y lo puso en otro lado.

-Respira un poco, ¿cuando fue la última vez que te relajaste? -le preguntó Christopher tocandole los hombros.

Twenty-two.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora