Idelle escribía palabras rápidamente en su laptop de manera alterada. Sus dedos no tenían mucho control y la mayoría del tiempo escribía mal las palabras. Incluso cuando tenía mucho tiempo para hacer lo que debía, ella sentía que cada minuto era valioso.
Elaine interrumpió la concentración de Idelle cuando entró a la habitación donde todas estaban reunidas.
-¿Por qué luces tan alterada, Idelle? –preguntó y se sentó al lado de Juliette.
Idelle suspiró frustrada y se puso un mechón de su cabello azabache detrás de su oreja.
-Desde que Hunter y yo somos pareja oficialmente tengo exactamente un mes para conseguirle un regalo de cumpleaños.
-¿O sea que su cumpleaños es el trece de agosto? –dedujo Elaine con una ceja alzada.
Idelle asintió y volvió su mirada la computadora.
-Vaya Idelle, no te he visto tan estresada desde que hicimos nuestra primera exposición sobre los países en la secundaria y eras la que presentaba –dijo Roxanne.
-Es cierto, tú nunca te estresas, siempre tomas todo con calma... Creo que te estás juntando mucho con Beatrice –concordó Juliette agregando una pequeña risa al final.
Beatrice alzó los hombros y se hizo indiferente al comentario de Juliette.
-Idelle, vamos cálmate... Regálale un reloj a Hunter, todos los hombres aman los relojes –propuso Beatrice.
-Ni que lo digas. Oí por allí en la oficina que Chris tiene una gran colección de relojes Rolex.
-¿Chris? –alzo las cejas Juliette- Ahora lo llamas Chris, muy bien. Pero creí que lo llamabas Sr. Thompson.
-A él no le gusta que lo llame así pero a mí si porque suena... sensual.
-¡No le voy a comprar un maldito reloj! –Exclamó Idelle- Seguro creerá que le estoy diciendo que es impuntual.
Roxanne puso los ojos en blanco.
-Idelle, querida, los hombres no notan eso. Ellos viven en la luna prácticamente. El mundo se cae y ellos dan un paso a un lado para que no les caiga a ellos.
Todas soltaron una risa, incluyendo la misma Roxanne porque era costumbre de que ella misma se riera de sus bromas.
-Yo pienso que deberías averiguar que le gusta y así regalarle algo como un DVD de todas las temporadas de su serie favorita, o entradas para un juego de fútbol... –dijo Elaine.
Idelle lo pensó y cerró la laptop.
-De acuerdo, tienes razón. Me relajaré, hablaré con él y luego veré que le regalo.
-Creo que yo sé que dirá si le preguntas cuál sería el regalo perfecto –comentó Beatrice. Era obvio a qué se refería.
Idelle hizo una mueca y rodó los ojos.
-Yo nunca haría eso.
-Lo harás un día, tarde o temprano, a lo mejor temprano –dijo en voz juguetona Roxanne.
-Roxanne, ¿no tienes a alguien a quien llamar? –preguntó Idelle fastidiada de los comentarios insinuadores de sus amigas.
Roxanne revisó su celular.
-A ver... Tengo los números de ustedes, el de mis padres, algunos familiares... Amigos que tengo meses que no los veo. Patrick, Shane... Y... -Roxanne se detuvo un momento- ¡Shane! Tengo que llamar a Shane –Roxanne suspiró y dejó caer el teléfono en su regazo con una mirada apagada-. Aunque no sé si quiero salir con él.
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Twenty-two.
ChickLitCinco dementes chicas se mudan juntas a Londres haciendo su sueño realidad. Para ellas será algo de ensueño, pero no saben estarán por pasar muchas cosas insuales para ellas. Se veran enredadas en líos, nuevas amistades, amores y engaños. Todas tend...
