Capítulo XI: Danzamos debajo de un millón de estrellas. {Parte II}

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 Idelle estaba deslumbrada por la belleza de las luces a su alrededor.

Hunter la había llevado a un inmeso parque iluminado con luces de diferentes colores. Habían artistas tocando en vivo y la gente bailaba tranquilamente, caminaba  o patinaba.

-Esto es hermoso –musitó Idelle con una sonrisa sobre sus labios.

Ambos caminaban debajo de las luces en un camino de piedra. Ella, sin querer, sostenía su brazo como si ya hubieran estado juntos desde hace mucho tiempo.

-¿Esto se hace muy a menudo aquí en Londres? –preguntó ella.

-En verano y en invierno más que todo. Viene mucha gente desde universitarios hasta artistas independientes como pintores, escritores, cantautores…; es muy hermoso todo esto.

-Algo así como indie.

-Exactamente.

La música que se escuchaba era movida e Idelle quería bailar, pero no sabía si Hunter se sentía cómodo con el tema del baile.

-¿Te gusta bailar? –le cuestionó Idelle.

-Sí pero no significa que soy muy bueno en eso, hago lo que puedo.

-¡Vamos a bailar entonces!

Idelle caminó hacia el césped, donde estaba mucha gente reunida bailando y bebiendo.

Quizás Idelle no era la mejor bailarina pero le gustaba bailar en fiestas porque era muy divertido para ella. Hunter parecía compartir los mismos gustos.

Hunter hacía reír a Idelle con sus extraños movimientos de baile. Idelle trataba de no ser tan cerrada a veces permitiendo que Hunter le tocara la cintura y en ocasiones las caderas pero siempre con un límite. Ambos se movían al ritmo de la música, dejándose llevar y disfrutando. 

Idelle sintió un tacto caliente en su mano y era la mano de Hunter que sostenía la suya, ella no supo qué hacer hasta que Hunter giró a Idelle como si estuvieran bailando un vals pésimo.

Ella soltó una carcajada y Hunter se le unió.

-¿Te gustaría ir a patinar? –le propuso Hunter.

Idelle asintió y se tomaron de la mano para ir a ponerse los patines.

Hunter era pésimo en el arte del patinaje mientras que Idelle parecía dominarlo más que él.

-¿Nunca patinaste de niño Hunter Golding? –le dijo Idelle mientras se reía de él por como trataba de mantenerse de pie de una manera muy torpe.

-Siempre fui un niño diferente –contestó él.

-Claro que lo fuiste, todo niño ha patinado en su vida. La mayoría de mis cicatrices me las hice patinando en el parque.

-¡No alardees!

Idelle rió y lo sostuvo por el brazo para que no se cayera más y ambos patinaran a la par.

-Si no te gusta patinar me hubieras dicho… -comentó.

-De hecho siempre me ha gustado, el problema es que soy algo torpe con estas cosas.

Hunter consiguió tomar el ritmo y el control de los patines y ya se veían más estables, pero aún así, Idelle nunca soltó su brazo y ambos estaban muy juntos como si fueran pareja.

-Te quiero agradecer por la cena, estuvo deliciosa.

-De nada, cariño.

Hubo un silencio momentáneo el cual Idelle aprovechó para ver el cielo hermosamente estrellado.

Twenty-two.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora