Capítulo XXXI: El brunch salvaje {Parte I}

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-¡De ninguna manera, Christopher! -escuchó Elaine a Amelia dentro de la oficina de su jefe.

Cualquier cosa que Christopher le hubiera pedido a Amelia, la debió haber indignado bastante para que ella le levantara la voz. En aquellas circunstancias, Elaine se preguntaba quién de verdad era el editor en jefe, si Christopher o la mandona de Amelia, por supuesto, todo eso se lo cuestionaba en sus adentros, ella no se atrevería nunca decirlo en voz alta en frente de Christopher, lo cual haría que él dejara a la vista sus inseguridades como lider y también se alimentara el ego de Amelia. Porque, seamos honestos, Amelia mandaba a Christopher y mantenía todo su trabajo en orden como si de verdad ella fuera el jefe, o más bien dicho, la niñera de Christopher.

Elaine deseó saber que sucedía dentro de las oficina. Si ella solo supiera que el tema se trataba de ella y su propiedad intelectual.

Mientras, Christopher trataba de convencer a Amelia para que lo dejara publicar la entrada de Elaine. Él simplemente estaba obsesionado con ella. Por otro lado, a Amelia no le convencía la idea; sí, le había gustado la entrada, le parecía innovadora, tierna e inocente, pero la idea de Christopher era descabellada y ella se negaba rotundamente a medida que Christopher seguía insisitiendo.

-Amelia, ésto tiene potencial -Christopher le mostró el papel donde había transcrito e impreso la entrada de Elaine exactamente como ella lo había escrito-. Ella tiene potencial.

-¡Igual no es producto para una revista de modas! A nadie le interesa saber la vida de una chica que se mudó a Londres y lo documenta en su blog. Si esa chica fuera Jennifer Lawrence, Emma Watson o incluso Kylie Jenner, a la gente le interesaría, pero ella es prácticamente una don nadie.

-Cuidado con lo que dices...

-Ay por favor Christopher, estarías de acuerdo conmigo si no estuvieras tan enamorado de ella. No creo que ella esté trabajando como secretaria esperando que tu la descubras como periodista.

Christopher abrió los ojos como platos, indignado, pero sus mejillas ligeramente ruborizadas lo delataban.

-Ella es mi amiga, no estoy enamorado de ella.

Amelia bufó y rodó los ojos.

-Da igual, creo que ni ella esta de acuerdo con tu idea -Amelia caminó hacia la salida, haciéndole saber a Christopher que ella tomaba como acabada aquella discusión- Necesito que me des el orden de como estarán sentados los invitados en el brunch de la semana que viene, ya le dije a mi asistente que mandara las invitaciones.

-Elaine y yo lo arreglaremos hoy mismo -contestó-. ¡No me cambies el tema! ¿Por qué crees que a ella no le gustaría esa idea?

-Es una novata Christopher, no tiene ni estudios universitarios. Además, ella misma sabe que no encaja en este mundo, está mucho más clara que tú de muchas cosas.

-Pero ella tiene potencial, Amelia. Tiene mucho potencial. Por favor, déjame enseñarle esto al concejo.

Amelia volvió a rodar los ojos.

-Te tengo un trato, cuéntale tu plan a Elaine. Si ella está de acuerdo, lo cual dudo mucho, me dices y lo pensaré. De resto, el tema se acabó.

Amelia salió de la habitación y Christopher se sintió triunfante -o algo así-.

*

Elaine y Christopher habían pasado ya media hora trabajando en los asientos del brunch que hacían mensualmente para anunciar la nueva portada de la revista. Era algo típico de ellos, le habían explicado a Elaine, pero ella no entendía aquel entusiasmo de Christopher hacia ese próximo brunch en particular.

Twenty-two.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora