Celos

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Sábado en la mañana, un hermoso día de descanso que todo estudiante anhela.

Una pequeña rubia se encontraba en un solitario cuarto de invitados dormida, en sus ojos se divisaba la hinchazón y su nariz estaba enrojecida por haber llorado el día anterior.

Len no había regresado a casa aún, llamó a su madre para decirle que se quedaría en casa de Kaito ese día.

Y no era una mentira, después de hacerlo con Neru, al verla ya dormida a un lado suyo salió esa misma tarde hacia la casa de su amigo peli azul.
Este al verle le cuestionó como es de costumbre y Len, al tenerle confianza le contó todo pasando por alto lo de Rin.

Ya daban las 11 de la mañana y la chica se había negado a salir de la cama aún, un joven castaño trataba de persuadirla de salir de ahí.

— Vamos Rin, ya sal de cama — habló dulcemente el castaño mientras tocaba las sábanas que la cubrían.

— Dejame sola — murmuró con cierta molestia.

— Vamos bonita, no se que te sucede pero se que puedo confortarte un poco — acariciaba las sábanas en círculos — Mamá ha hecho tu comida favorita.

— ¿¡Sushi!? — exclama frenéticamente destapando la mitad de su cuerpo, que estaba cubierto de una lisa y blanca bata con encaje en los extremos.

— Te atrapé — tomó a la delgada chica por el dorso y la saca de la cama de un jalón, los dos caen al suelo.

— Eres un tramposo Nero — intentaba no reír la chica, el castaño sabía como levantarle el ánimo con sus ocurrencias.

— No tuve elección, no salias de cama— rió el chico sin soltar a Rin— Pero no es mentira, mamá pidió sushi.

— ¿Enserio? — le miró entusiasmada, ahora los problemas habían pasado a segundo plano, el chico asiente divertido.

Los dos bajaron a la cocina, su madre se encontraba en la cocina preparando té, y los paquetes de sushi estaban en la mesa.
Rin fué la primera en tomar asiento y acercarse un paquete de sushi para abrirlo y oler emocionada su contenido, Nero rió ante su acción y se sentó a un lado suyo para igualmente tomar un paquete de sushi y acomodarlo en su plato.

— Rin, pon el sushi en el plato — dijo Nero riñiendola al ver que había tomado uno de la caja y ponerlo en su boca.

La chica asintió apenada, Nero suspira y toma la caja de Rin y acomoda todo el sushi en el plato de ella, después de eso le da una palmada amigable en su cabeza y se dispuso a comer con los palillos.

Fue una comida amena, llena de risas y platicas por parte del castaño, quien les contaba sus aventuras en Estados Unidos y todo lo que había pasado ahí.
Rin parecía estar mejor y olvidaba el asunto de Len, aunque intentaba no recordarlo, en ocasiones recordaba esa escena y la pelea que habían tenido, pero intentaba no mostrar incomodidad alguna delante de su familia.

La tarde cayó, el sol tenía sus toques naranjas y rojos como de costumbre, el clima era cálido y agradable para salir, y Nero tenía una idea.

— Hey Rin — la chica que estaba en el sofá viendo televisión le dirige la mirada al escuchar su nombre —¿No te aburres de estar aquí? — la chica negó con la cabeza, a lo que Nero suspira pesadamente— Tía, pediré prestada a Rin un rato — si, Nero solía llamarla a Lily tía o madre.

— Claro cariño, solo no lleguen muy noche— grita la señora desde la cocina.

Tomó a la pelirubia del antebrazo y la lleva hasta la entrada de la casa.

Amor prohibido.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora