Habitaciones

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- Bien, esta es la última. - el mayor suelta una bocanada de aire, y se limpia la fina capa de sudor que se había formado en su frente. Ciertamente, cargar con las maletas de una mujer era todo una misión, y más si se trataba de su esposa.
Acostumbraba a traer de todo tipo de cosas, según para ''prevenir'' cualquier incidente.

- Atentos niños... - continúa con aire refrescante y juvenil, pareciendo más joven que antes - Rentamos dos habitaciones. Su madre y yo compartiremos una y ustedes la otra. - finaliza sonriente, agitando las llaves de la habitación.

- Entendido. - responde el menor, admirando como tesoro sagrado las llaves del cuarto que compartiría con Rin. Era su oportunidad para estar a solas con ella.

- Duerman un poco. Hemos venido en época de festival, y afortunadamente mañana habrá uno aquí cerca, iremos a conocer mañana a medio día. - habla la madre, quien se había mantenido callada todo el tiempo.

- Nos parece bien. - sonríe la menor, depositando un beso en la mejilla de sus padres - Buenas noches, los amo.

- ¡Yo también los amo!

A paso apresurado, el rubio sigue a la más baja tal cual como una sombra.

Si los mirabas de lejos, podrías decir que parecían exactas réplicas del otro. A pesar de no ser hermanos de sangre, mantenían los mismos rasgos y complexión delgada. La gente nunca dudó de su falsa relación fraternal.

Incluso los señores Kagamine se habían convencido que quizá Len era esa extraña teoría de que cada persona tiene un gemelo idéntico regado por el mundo.
Rin y Len podrían ser uno de los casos; eran iguales, espejos que reflejados en dos seres idénticos pero distintos a la vez.

- Wow.

La emoción en el rostro de la menor era digno de una película cómica.

Los acabados de madera le daban un toque tradicional a la habitación. Dos camas se visualizaban al fondo, perfectamente acomodadas siendo cubiertas por sábanas blancas.

- Mejor que nuestra casa, ¿no?

Rin se deja caer en una de las camas, dándose cuenta de la suavidad de ésta.

- Wow, las camas son super cómodas.

- Deberíamos probarlas - sonríe ladino, echándose encima de la cama continua.

- Lo pervertido no se te quita, eh.

- Nadie dijo de nada pervertido. - ríe con humor al ver que los colores de Rin subían.

- Ya. Me voy a bañar.

- ¿Qué tal un baño juntos? Como cuando eramos niños.

- Claro, y así acabe como una película porno. No, gracias.

- ¿Ya ves como la pervertida eres tú?

La ojiazul toma un par de prendas limpias y se echa a andar al baño.
Para su suerte, el baño contaba con una regadera eléctrica con agua fría, caliente y cálida.

Al pasar los minutos, sale de la ducha notando un pequeño detalle.

Solo uno pequeño.

Amor prohibido.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora