Regalo

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Estaba preocupada, tanto que moriría.
Era raro que Len no llegara. Que no llegara aún sabiendo que yo estaba en cama, enferma, y con 38° de fiebre sobre mi piel.

Miré de reojo a Nero, quien por tercera vez cambiaba el agua en donde humedecia los paños que colocaba en mi frente.

Una extraña satisfacción me recorre el cuerpo cuando la fría humedad acaricia mi frente, y cierro los ojos como consecuencia.

Nero coloca con delicadeza un termómetro en mis labios, y espera paciente al resultado de éste.

— 38 grados aún.— suspiró, fastidiado. No por que estuviera cansado de cuidarme, sino por que por más que él tratara, mi fiebre no parecía bajar. — Si ésto sigue así, deberemos ir al hospital.

Un nudo se forma en mi garganta al oírlo. Un hospital era el último lugar del mundo en donde quisiera estar.
Nero parece leer mi incomodidad, y sonríe al verme.

— O ponemos pedir algún doctor que venga a checarte. — le da la vuelta al paño de mi frente — Así no tendrás que ir a ese lugar, que sé que odias.

Una sonrisa tímida aparece en mi rostro. Y entonces asiento con la cabeza.

— Gracias... — me las arreglo para decir.

Entonces, cierro los ojos.





— ¿Desde cuando está dormida? — una voz que parecía lejana me hizo despertar al momento, aunque opté por no moverme.

— Desde hace media hora. — responde Nero, con voz cansada — ¿En dónde demonios estabas? Su fiebre no parece bajar y no sé qué más hacer.

— Estaba... — vacila antes de continuar — pasé a un lugar antes, pero ya estoy aquí.

— Como sea... — dejó salir el aire contenido, y se dirigió a paso lento hasta la puerta. Cuando tomó el pomo se detuvo. — Ella se la pasó diciendo tu nombre mientras dormía. No sabes lo triste que estuvo al ver que no llegabas.

Y sin más, salió.

Mi rostro se enrojeció hasta las orejas en varias tonalidades, y entonces cubro mi rostro con la sábana.

La cama se hunde, y sé que Len se ha sentado junto a mí.
Sus dedos acarician la sábana, y la retira para así descubrir mi rostro. Rápido cierro los ojos e intento hacerme la dormida.

Una risita se escucha salir de sus labios, y me doy cuenta que me ha descubierto.

— Se que con la fiebre te pones roja, pero nunca a este extremo. — se burla.

Abro los ojos y lo miro con reproche.
Aún así estaba molesta. Le doy la espalda y me abrazo a mi misma.

— Vamos princesa, tuve un percance antes de venir aquí. — susurra a mi oído.

— Ajá. — me limito a decir.

— Se que me lo agradecerás, pero necesito que voltees a verme tantito.

— No.

— Rin...— amenaza.

— Me siento mal, no quiero juegos ahora.

Acaricia mi rostro tan dulce, solo como él sabe hacerlo. Y un beso es depositado en mi mejilla hirviendo por la fiebre.

— Vamos princesa, te prometo que te gustará. — aventura. Acepto dando la vuelta, y quedando justo frente a él.

Para mi sorpresa, ya estaba acostado junto a mi.

Une su frente con la mía, y una mirada de preocupación tiñe su rostro al darse cuenta de lo alta que estaba mi fiebre.

— Dios mío, estas hirviendo. — espeta con tono alarmante.

Se levanta, y empieza a ponerse su abrigo. Me alza por las axilas y me sienta sobre la cama. Un abrigo cálido es puesto sobre mis hombros.

— ¿Qué hacés?

— ¿Cómo que qué hago? — dice furioso — Iremos al hospital, no se como es que Nero no te llevó hace rato.

— ¡No Len! — me altero al momento que me carga como princesa y se hecha a andar hacia la puerta — ¡bájame!

Evito que toque el pomo de la puerta, y me dedica una mirada de molestia.

— Sabes que odio los hospitales, no soporto estar en ese lugar.

— Me vale un carajo Rin, iremos al hospital te guste o no. — quita mi mano del picaporte, y así descendemos las escaleras.

Mis intentos de bajar eran inútiles. No tenía fuerzas para luchar, ni mucho menos para pegarle.

— Por favor Len.— suplico, con la mirada cristalizada y mi respiración agitada.

Él aprieta los labios, y chistea la boca antes de volver a la habitación.
Me deja con sumo cuidado sobre la cama y vuelve a acobijarme.

— Bien, pero llamaré a un doctor. Te guste o no.

Sonrío ante eso y asiento con la cabeza.

— Ahora a lo que iba antes, debo darte algo que compré al llegar aquí. — busca en el bolso de su abrigo y saca una pequeña cajita plateada —  Perdón por llegar tarde, pero realmente estuve buscando algo lindo para ti al salir de la escuela, y pensé que esto te quedaría hermoso.

Me quedo viéndolo asombrada. La pequeña cajita estaba adornada perfectamente con detalles blancos, haciéndola ver elegante a la vista.
Len abre la caja, y deja ver un collar dorado, con un dije en forma de conejo.

Mi rostro se enrojece, y no evito sonreír de oreja a oreja. Me abalanzo sobre él, y empiezo a repartir besitos por todo su rostro.

— ¡Me encanta! — digo animada, y sentí como si mi fiebre no existiera — Oh dios Len, te quiero tanto. — digo, y finalizo con besar rápido sus labios.

Len sonríe complacido, y me hace voltearme en mi lugar. El frío material acaricia la piel de mi cuello, y termina abrochando el collar.

— Como pensé. — sonríe enorgullecido — Te queda hermoso.

— ¿En serio?

— Todo queda bien en ti, nena. — besa mis labios y le correspondo. Un suspiro sale de mi cuando nos separamos — Ahora debo llamar a un doctor para que te cheque, así que vuelve a la cama.

🐥

Holis :)

Lo sé, es un milagro que actualice tan rápido. Soy flash :3

Y la verdad estaba inspirada, y pues esto me lo acabé de una sola sentada.

Len es un amor, quiero que sea real :(

Si hay alguna falta de ortografía, háganme lo saber.

Cuidense✨.

Amor prohibido.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora