No corras. Bueno, sí, corre. Bueno, mejor no. Mejor camina rápido. ¡Pero no tan rápido!
Llegué al banco y me senté, intentando calmar la intensa rapidez de mis latidos. Cogí aire por cuatro segundos, lo mantuve por siete, y lo solté en ocho. Aquel ejercicio de relajación me servía para los nervios en los exámenes, pero no parecía estar sirviéndome en aquel momento.
"¿Estás bien?" la voz de Yina detrás de mí me hizo dar un respingón del susto. Bueno, no del susto, sino por el simple hecho de escuchar su voz. Si hubiera preparado algo para decirle, no estaría tan nervioso. Simplemente de pensar que tendría que improvisar, podía notar mis manos cubiertas de sudor y la boca seca.
"Sí, sí. Bien." intenté formular una frase, pero ni siquiera pude.
"Te vi correr, dejar de correr, volver a correr, volver a dejar de correr, y caminar en distintos ritmos solamente en unos segundos. Parecías un personaje de un videojuego controlado por un mando."
"¿En serio? Mierda, qué vergüenza." reí. Vaya, me había puesto menos nervioso por hablar con ella.
"¿Pasa algo? Estás muy nervioso." rio Yina.
"¿Tanto se nota?" pregunté.
"Sí, se nota." respondió, sentándose a mi lado en el banco. "Y bien, ¿para qué querías quedar?"
"¿No podemos simplemente quedar para hablar? Como el otro día."
"Claro que sí, pero, a juzgar por lo nervioso que estás, y que casi parece que no sabes hablar... bueno, parece que tienes un propósito."
¿Por qué era tan inteligente?
"Bueno, es que, yo..." miré hacia el suelo, rascando mi nuca. "Quería preguntarte algo."
No, aún no podía preguntárselo. Quería saber otra cosa antes.
"Adelante." dijo. Noté que, en aquella palabra, había intentado mantenerse tan normal como antes, pero no pudo evitar hablar un poco nerviosa. ¿Acaso sabía lo que iba a preguntarle?
"Yo..." volví a mirarla, pero ella no fue capaz de mantener el contacto visual al principio. Definitivamente, estaba nerviosa. "...¿te gusto?" pregunté. Me costó menos de lo que esperaba. Quizás era porque estaba con ella. A su lado, todo parecía más fácil. Aunque, en aquel momento, lo que más me calmó fue saber que no era el único que estaba nervioso. Así ambos jugábamos en el mismo nivel.
"Bueno... eh..." ella, al igual que yo hice, jugó con sus manos y miró hacia el suelo, sin saber que decir por unos momentos. Yo esperaba un 'sí'. Realmente lo esperaba. Pareció ponerse un poco menos nerviosa, pues me miró. Se atrevió a mirarme entre todos aquellos temblores y nerviosismos. "S-sí, me gustas."
De verdad intenté no hacerlo, lo intenté con todas mis fuerzas, pero no pude evitar sonreír.
Justo frente a nosotros había una valla de madera, y tras ella, una cuesta llena de plantas y flores. Solía ir ahí cuando tenía tiempo libre, pues era un lugar alto, donde se veía gran parte de la ciudad. Por eso le había dicho a Yina que quería ir a aquel sitio. Aunque sabía que, si salía mal, no querría volver. Pero me arriesgué, pues tenía, por lo menos, una mínima esperanza de que todo saliera como me gustaría.
"Si no dices nada me pongo más nerviosa..." dijo, aún jugando con sus manos, esta vez mirando hacia abajo de nuevo.
"Tú también me gustas." solté de una, sin siquiera pensármelo. Lo hice, y ya está. Pensé que me arrepentiría nada más decirlo, pero no lo hice. ¿Por qué no lo hice?
"Lo sé." dijo, sonriendo de aquella manera en que solamente ella sabía sonreír.
Cuando comencé a madurar, me empecé a interesar mucho por la música, y me sorprendí por el hecho de que había algunas canciones, muy pocas, que servían literalmente para todo. Sirven tanto para una escena triste de película, como para un pasaje de libro en el que los niños corretean por el bosque sin preocupaciones, pero también sirven para relajarse, o para escuchar con amigos. Sirven para cualquier cosa. Y hay muy pocas canciones que sirven para eso. A eso lo llamo yo una obra maestra. Porque lo es.
La sonrisa de Yina también sirve en todas las ocasiones. Una sonrisa tan increíblemente bonita, pero también poderosa. Tanto, como para reconfortar a la persona que más quieres, para consolarla ante un suceso horrible; pero también sirve para superar el miedo en una noche oscura en la que escuchas unos pasos venir hacia ti, pero sabes que solamente estáis ella y tú. También sirve para un momento bonito, un momento tan bonito, que piensas que no puedes ser más feliz, pero entonces Yina te sonríe y, en ese momento, te hace más feliz. Una sonrisa perfecta para todos los momentos, perfecta. Tanto como ella.
"¿L-lo sabes?" pregunté, confuso, pero a la vez nervioso y muy contento.
"Sí... lo siento."
"¡No, no lo sientas!" sonreí, al igual que había hecho ella, aunque sabía que mi sonrisa no podría ser tan reconfortante como la suya. "Pero, ¿por qué no me lo dijiste antes?"
"Iba a hacerlo." miró hacia el paisaje que teníamos delante. "Hoy."
¿Iba a hacer lo mismo que yo? ¿Se iba a arriesgar, al igual que yo?
"Pero, entonces... ¿te gusto?" seguía sin poder creérmelo.
"¡Sí!" pareció costarle el hecho de repetirlo. Puede que intentara fingir que no, pero estaba nerviosa.
"Y..."
"Y..."
"Y... ¿por qué no salimos?" tragué saliva. Estaba siendo más directo en aquel momento que en toda mi vida. "Quiero decir, si tu quieres."
"Claro que quiero."
"¿Claro que quieres?" pregunté, sin ser capaz de creer lo que estaba pasando en aquel momento, pero entonces me di cuenta de que lo que acababa de decir no tenía sentido. "Quiero decir, ¿quieres?"
"Sí."
Intenté articular algo, pero las palabras no salían. Sabía qué quería decir, pero no podía.
"¿Qué pasa?" preguntó, riendo. Pude ver que ella estaba muy feliz, había asimilado aquel momento de otra manera, de la manera que a mí me gustaría asimilarlo.
"Es que... no me lo creo." dije la verdad.
"¡Pues créetelo! Ven." dijo, levantándose y agarrándome de la mano, haciendo que yo me levantara también. Comenzó a correr sin soltarme, por lo que yo también corrí.
"¿Adónde vamos?" pregunte.
"No sé, a hacer lo que las parejas hacen." respondió.
"Espera." la llamé, parando en seco. Su brazo tiró ligeramente del mío. Pude darme cuenta de que había dientes de león flotando en el aire, aquella era la escena perfecta para lo último que me había propuesto hacer.
La diferencia entre lo que quería hacer y lo que ya había hecho, era que aquello era opcional. Ni siquiera pensé que llegaría tan lejos. Me sentía orgulloso de mí mismo, por alguna razón. Aún así, quería hacer mi última propuesta.
"¿Qué pasa?" preguntó, extrañada. Ella también pareció darse cuenta de el precioso momento que estábamos viviendo, pues miró hacia sus alrededores para ver lo que nos rodeaba. Solamente quedaba una cosa por hacer para que lo nuestro fuera una escena de película en toda regla:
"Es que..." dudé un par de segundos, pero tenía que hacerlo. Tú puedes, Renjun. Simplemente acorté la distancia que nos separaba y... bueno, lo demás es historia.
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once again || huang renjun
Hayran KurguDonde a Yina le es imposible dejar de encontrarse por todas partes con el chico al que cree odiar, Huang Renjun. 《Estamos destinados a encontrarnos por casualidad... una y otra vez.》 Comenzado: 31 de agosto de 2017 Terminado: ?
