thirty two; i did it, mom

2.4K 225 31
                                        

thirty two;
i did it, mom

Después de establecida una relación formal, el que Ian y yo estuviéramos juntos no era una sorpresa. Luego de que dejó las carreras, comenzó a trabajar en un taller para ganar dinero y así pudo seguir viendo a personas que conoció en el mundo de los autos. Y he de admitir que se veía muy bien arreglando coches y limpiando sudor de su frente, porque ese tipo lo hacía parecer como un vídeo musical popular.  

En ocasiones lo visitaba, pues al dueño del taller no le molestaba, era un señor amable que en ocasiones traía a su hijo de diez años que quería igualmente aprender de su padre. Se volvió costumbre visitarlos y llevarles a los tres sándwiches, y exigirles que se lavaran las manos antes de comer. 

Mientras tomaba de mi jugo y miraba la cintura para abajo de Ian sobresalir de un viejo auto blanco, escuché a Owen, su jefe, entrar por la reja corrediza. Me sonrió como saludo y yo le devolví el gesto, agitando mis piernas en el aire ya que estaba sentada encima de una mesa alta. Él pateó con suavidad los pies de Ian para que éste saliera a verlo, y cuando lo hizo, habló:

— Ya son las ocho, ya te puedes ir, muchacho.

El pelinegro le sonrió y se puso de pie, tendiéndole la mano. No pasó mucho tiempo para que nos despidiéramos y estuviéramos arriba de su coche, listos para ir a su casa. El plan consistía en ir allí, que él se diera una ducha y después ir a mi hogar a cenar con mi madre, cenas que ocurrían cada vez más seguido, puesto que la persona más emocionada de que estuviera con Ian no era Lía, sino mi propia madre. 

En el camino, no hicimos otra cosa más que escuchar canciones de Paramore. Hacía pocos días que logré que admitiera que le gustaba esa música. Sólo bastó amenazar con dejar caer licuado en los asientos de su coche, no fue gran cosa.

— Me bañaré rápido, lo prometo— dijo él cuando ambos caminamos hacia la puerta de su casa. Tomé su mano, un gesto que no importaba cuántas veces ocurría, no dejaba de enviarme olas de electricidad por mi piel, y la olí como si tuviera olfato de perro. 

Luego le saqué la lengua— Ew, no. Puedes estar bajo el agua dos horas, no importa.

  — Que graciosa— respondió fingiendo una risa. El ambiente se apagó en cuanto nos dimos cuenta de que había una carta en el suelo, con su dirección y nombre. La tomé de la suciedad del tapete viejo y entré detrás de él, escuchando sus llaves caer en la mesita del recibidor y sintiendo su mirada.

— ¿Esperabas alguna carta?— giré el sobre.

— Creo que no, a no ser de que sea de...

— ¡Ian, es de la universidad Westside!— grité con todo el aire de mis pulmones y con temblor en mis manos. Su rostro se desfiguró y palideció por completo, intercambiando su punto de enfoque en el sobre, luego en mí y repitiendo el proceso.

Faltaba muy poco para que acabara la escuela preparatoria y viajara a la universidad, pues había recibido mi carta de aceptación una semana atrás. Ian y yo ya habíamos hablado sobre la oportunidad de seguir estudiando, algo que él deseaba con fervor aún. Le convencí de enviar solicitudes en todas las universidades que él quisiera ingresar luego de ver sus calificaciones  y fotos de graduación de la preparatoria. Tenía mucho potencial, era un chico muy listo y me sentía mal no verlo explotar esa inteligencia en una carrera que le gustara. Había ahorrado suficiente y aún así tramitaría los papeles para obtener una beca.

Sabía que no lo había dicho, pero le causaba ansiedad el no haber recibido una carta de cualquiera de las universidades. Y verlo en ese momento, manchado de aceite y sin palabras en su boca, me hizo caer en la cuenta de que esto podía ser decisivo en su vida. 

Le tendí el sobre con lentitud, asegurándome de que no iba a echarse para atrás.

— No sé si quiero...— dijo con trémula voz.

Me acerqué y dejé la carta en su mano, para después tomar su rostro. No sabía si de verdad sentía calor desde momentos antes o el ligero sudor en su frente era de los nervios. Le dejé un suave y corto beso en los labios con tal de tranquilizarlo y después le sonreí.

Ver sus ojos brillar hizo que sintiera martilleos en mi vientre, producto del efecto que tenía él en mí.

— No importa lo que diga ahí dentro, no debes rendirte, ¿está bien?

Asintió lamiéndose los labios y luego se dedicó a abrirlo. Traté de ablandar mi mirada tanto como pude mientras él pasaba sus ojos por encima de la hoja, leyendo cada renglón minuciosamente. Vi sus cejas caer y su boca desaparecer por lo mucho que la apretó.

Mis hombros cayeron por su reacción. 

Pero inmediatamente después, se aproximó y me besó con tal emoción que terminé más confundida que nada. Eso no evitó que lo rodeara en un abrazo y tuviera que separar nuestros rostros para recuperar aliento que nunca me dio oportunidad de recolectar.

— Me voy a Westside— murmuró en mi cuello. Quise saltar de felicidad junto con él, pero en cuanto lo escuché soltar soplidos y sentí su espalda subir y bajar, proseguí a apretarlo más contra mí—. Voy a la universidad— sollozó finalmente.  

No me importó llegar tarde a la cena de mi madre, lo único en mi mente en ese momento era abrazar al chico que me robaba suspiros y dejar que los latidos de nuestros corazones imitaran su ritmo. Su suave agarre en mi cintura, uno tan delicado que se encargaba de procurar sólo conmigo pues una vez mencionó su temor por lastimarme, enviaba olas de calma que sentía hasta en los dedos de mis pies.

Minutos después, me soltó y con rapidez limpió todo rastro de lágrimas. Detuve sus manos y me encargué de ello, sólo que le di un beso en lugar de usar mis manos. Él, sin aguantarse, me levantó del suelo en un abrazo y giró. Ambos reímos quizá por el súbito cambio de ambiente, por felicidad o por ambos. Cuando me dejó en el piso de nuevo, se apresuró a correr al baño para bañarse.

Yo me dediqué a la tarea de dejar la carta de Westside en el mueble de la televisión en la sala, a la vista para que él no la perdiera. Por ello, no me di cuenta de que Ian entró a su habitación velozmente antes de irse al baño, para tomar la única foto que tenía de su madre en una repisa y darle un pequeño beso, después de susurrar:

— Tu hijo ya es universitario, mamá.
   

  

Nudes boyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora