Capítulo 4

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NARRA ALBA

Si algo me quedaba claro en ese momento, era que no había algo peor que sentirse mal sin poder expresarlo libremente. A pesar de lo confusos que eran mis sentimientos, aquello me había dolido como pocas cosas en mi vida.

Desde el momento en que vi por primera vez los ojos de Natalia, me di cuenta de que las cosas en mi vida nunca serían iguales. Quizás para algunos resultaría difícil de creer, y para mí misma lo era, pero gracias a ese primer encuentro descubrí que simplemente hay personas que parecen estar destinadas para significar mucho en tu vida, aunque ni siquiera les llegues a conocer, aunque no sepas su historia, o sus detalles. Aunque no tengas idea, te llegas a enamorar de alguien con solo mirarlo. Eso mismo me sucedió con Lacunza.

No fue difícil asimilar el hecho de que se trataba de una chica, pues desde siempre había estado consciente de que las veía como algo más que como mis amigas. Con los chicos era distinto; a pesar de que la pasaba bien con ellos, nunca me había sentido romántica o sexualmente atraída por alguno. Lo que realmente me desconcertaba de Natalia, era que con su hermetismo, sus pocas palabras y sus raros comportamientos, me tenía completamente cautiva, y ella ni siquiera se daba cuenta.

Nada me hubiera causado conflicto, de no ser que yo me encontraba en una relación en ese momento. Me confundía completamente sentir los deseos que Natalia me provocaba, pues durante todo el tiempo que llevaba con Julia, nunca me había sentido atraída por alguien más.

Yo tenía pleno conocimiento de la orientación sexual de Natalia, y también me había dado cuenta de que se sentía atraída por mí, ya que sus miradas eran muy poco discretas cuando estaban dirigidas hacia mi cuerpo. Era especialmente fácil descubrirla durante mis clases de deportes, cuando no podía evitar clavar sus ojos en mi trasero. Lejos de ofenderme, aquello me halagaba.

Sin embargo, había decidido mantenerme lejos de ella. Me sentía profundamente atraída, pero era eso mismo lo que me obligaba a tomar distancia. No hubiera sido agradable para nadie que esa atracción creciera irremediablemente, como sin duda pasaría, pues además de tener una de las mejores apariencias físicas que jamás haya conocido, con sus piernas largas, su piel morena y aquellos ojos encantadores y particulares, Natalia me parecía interesante, inteligente, y artística... Era una de las combinaciones más peligrosas para mí.

A pesar de la distancia y de todo lo que había puesto entre nosotras, esa tarde no pude evitar sentirme decepcionada de saber lo que había sucedido. Cuando me dirigía hacia la biblioteca, noté que Natalia caminaba peligrosamente cerca de Sabela. Aunque nunca había hecho algo parecido, las seguí desde lejos, sólo por curiosidad. En ese momento entendí el dicho repetido por mi abuela, que decía "La curiosidad mató al gato", pues al terminar el camino, me di cuenta de que entraban al dormitorio de la castaña.

Regresé hasta el pasillo, y luego a la biblioteca. Estaba de tan mal humor que incluso rechacé la invitación de Julia para salir a comer fuera del instituto. Me sentía enojada, molesta, completamente irracional. Sabiendo que no mejoraría si me quedaba pensando en ello, simplemente me dirigí hasta mi habitación y leí a medias, lo que me permitió mi concentración casi nula, y las imágenes de Natalia haciendo de todo con Sabela.

Pasaron poco más de dos horas cuando Natalia llegó hasta la habitación. Cuando me concentré en ella, pude notar que sus ojos lucían más oscuros que de costumbre, y que sus labios estaban completamente hinchados. Sentí tanta rabia que deseaba ignorarla, pero ella no lo permitió y platicamos durante algunos segundos. Pude terminar la conversación del modo más efectivo; siendo cortante y haciendo evidente que me estaba colocando mis audífonos. Aún con su cara confundida, ella pareció entender el mensaje, y se decidió a hacer su ritual nocturno y luego durmió.

Serendipia (COMPLETA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora