Capítulo 25

1.1K 49 3
                                        



ALBA'S POV

Hacía una semana que nuestras actividades en la escuela se reanudaron, y yo me encontraba completamente confundida por la forma en que las cosas se estaban dando en ese instante entre Natalia, Julia y yo.

Mi ex novia y yo nos encontrábamos en una buena etapa, que casi se sentía tan bien como nuestras mejores épocas, unos meses antes de que comenzáramos con todos los problemas. Ella se mantenía con una actitud serena ante las cosas, me escuchaba y trataba de pasar conmigo tanto tiempo como le fuera posible, pero sin llegar a hostigarme o hartarme. Me estaba dando mi espacio y respetando lo que yo deseaba, y ella misma se notaba contenta con la situación.

Mucho había ayudado, además, que teníamos la mente ocupada en cosas referentes a la escuela: nos quedaban sólo un par de meses dentro de esa institución, y ya teníamos todo listo para la universidad, puesto que siempre habíamos tenido claro lo que queríamos que fuera el siguiente paso en nuestra vida académica.

Esos últimos meses, entonces, sencillamente los queríamos utilizar para vivir al máximo cada experiencia de nuestro último año en ese colegio, procurando nuestro mejor desempeño para lograr ingresar con beca a la universidad, y así lo estábamos haciendo.

Sin embargo, con Natalia las cosas eran bastante distintas.

Después de lo que había sucedido en casa de María, y de compartir un desayuno que hacía parecer que las cosas estaban bien entre nosotras, nos despedimos, para cada quien ir hacia su casa y disfrutar del último fin de semana familiar, acordando de forma casi silenciosa que dejaríamos pendiente la plática acerca de lo que habíamos tenido durante la noche anterior.

Muy a mi pesar, durante los días posteriores no se habían dado las circunstancias para hablar; Natalia estaba bastante cargada con algunas materias, y el poco tiempo que le quedaba disponible, lo había ocupado en salir de la habitación apresuradamente, perdiéndose durante horas.

Desde luego, ese tiempo lo pasaba en su mayoría con Sabela. No hacía falta ser muy inteligente para notarlo, además de que ella no se preocupaba en esconderlo, pues usualmente paseaban por la escuela durante las tardes, pasaban horas en la biblioteca o sencillamente se iba a su habitación.

Yo sabía que no estaba en posición de exigir una explicación al respecto, así que sencillamente no lo hice. Cada vez que estaba tentada a pedirle que al menos justificara de alguna forma su compañera, recordaba lo que había pasado, y la cantidad de empatía y comprensión que ella había mostrado respecto a mis sentimientos, por lo que sencillamente elegía no cuestionar algo acerca de su conducta, y aprovechar el tiempo que ella tenía el interés y la voluntad de pasar conmigo.

Aún así, la extrañaba mucho. Pensaba en ella, y añoraba escucharla platicar de cosas sin sentido durante muchos minutos. También extrañaba sus besos o la forma en que me hacía sentir cuando la descubría mirándome mientras yo realizaba cualquier actividad casual, pero al mismo tiempo estaba plenamente consciente de que debía ser ella quien se acercara a mí, no por alguna cosa de alimentarme el ego, sino más bien por darle su espacio.

Sin embargo, el viernes por la tarde, y tras haber tenido una extensa plática con Julia respecto a ese tema, decidí que era momento de dejar las cosas claras; era mejor que resolviéramos aquello antes de que se hiciera un problema, o que creciera a tal punto que ella llegara a pensar que no me interesaba en lo mínimo lo que sucediera entre las dos.

Animándome a exceder un poco el límite, me puse frente a ella cuando regresó a la habitación, empezada la noche. Me miró con sorpresa, y supuse lo cómica que fue la escena, pues inclinaba su cabeza hacia abajo, debido a la diferencia de alturas.

Serendipia (COMPLETA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora