10. Cigarros que nadie fuma

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Cuando Suga vió a Jungkook subir con unos cigarrilos, pensó seriamente en ir a hablar con Confirmación pero luego recordó que ella era una perra y decidió que ellos se las arreglaran.

— Suga, me hechare una siesta, así que si pudieras... Irte de la habitación, sería realmente agradable. —sonrió Jin.

— Princesa.—murmuró tomando su chaqueta. Decidió entonces bajar al restaurante de ese hotel barato en el que se habían amurallado. — Algo comestible?

— Sándwiches.

— Quiero tres. —dijo a la mesera mientras se sentaba en la barra.

— Con picante?

— Eso ni se pregunta, niña. —soltó mirando a su alrededor. — Y qué es eso? Whisky con limón? Dame uno.

— En un segundo.

— Bebiendo antes del trabajo? —la coronela se sentó a su lado.

— Debo estar ebrio para que usted me caiga bien. —murmuró llevándose el vaso a la boca.

— Te necesito en todos tus sentidos esta noche, Min Yoongi. —MClean le quitó el trago.

— Soy Suga.

— Tu certificado de nacimiento dice...

— Si, bueno, también dice que pesaba un kilo y trescientos gramos, pero las cosas cambian, sabe? —la interrumpió. — Las personas cambian.— eso mas bien fue para él.

— Entiendo que no te guste tu situación, soldado, pero estás bajo mis órdenes y...

— No soy tu soldado! —dijo golpeando la mesa con un puño. — No obedezco tus órdenes, trabajo con ellas, y tenlo entendido, si no me especificas que no puedo asesinarte, puedes dar por hecho que lo haré. —murmuró levantándose.

— Y tú puedes dar por sentado que te asesinaré a ti y a tus compañeros si tan solo dan un paso en falso. —soltó volteandose a verlo ir. — Esta misión es...

— Importante, lo sé. —cortó Suga y se dispuso a volver a subir. En medio de la escalera chocó con un hombre y de la furia, lo estampó contra la pared.— Óyeme maldito pedazo de...! — lo miró detenidamente, el tipo parecia extranjero. — Lo... Ugh, disculpe.

Lo soltó y corrió escaleras arriba, ahora estaba calmado, o eso le gustaba creer. Avistó a Jungkook entrando a la habitación que compartía con su novia la arpía antes de subir a la terraza.

Esa noche... Esa noche se veía maravillosa desde ahí, casi como... Casi como en ese maldito rancho dónde todos se conocieron.

— Qué estarás haciendo ahora, rubio tonto? —murmuró sacando una de las florecitas azules. Era pequeña, del tamaño de su dedo pulgar, y estaba reseca. — Me las pagarás si me entero de que andas de puta, eh.

Jimin era... Era tanto para él, era lo bueno en lo malo cuando lo malo era él, era su vida. Era la ovejita negra en medio de su rebaño de dolor. Si había alguien en quien Suga había derramado sus pesares, era Jimin.

Y aún así, no esperaba nada de él, no estaría dolido si Jimin decidía no volver por él jamás, no se lo reprocharia si algún día volvían a cruzarse. Seguiría dando un poco de más por él, un poco mas de él para Jimin siempre que lo necesitara.

Bajó la vista con otro suspiro, se le estaba haciendo un hábito suspirar? Su padre una vez le había dicho que al suspirar por alguien, una parte de tu alma se va con esa persona. Suga esperaba que Jimin estuviera guardando sus partes en un cajón porque le estaba dando una colección entera de los pedazos de su alma.

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