17. MClean... Mas bien McBitch

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En cuanto cortó la llamada Hoseok comenzó a rebuscar en la maleta debajo de la cocina hasta dar con el archivo que había... Tomado prestado durante su estadía en la embajada rusa. Marcella MClean.

- Mierda, me acabo de sacar la putísima lotería.- murmuró abriendo la carpeta de papel marrón.

Ex-espía, actualmente la coronel al mando de las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos, y... Había cortado su conexión con la embajada hace menos de dos meses. Con la investigación que había hecho sobre a misión, sabía que esta guerra fría había comenzado en el dos mil trece, eso quería decir que MClean había estado sirviendo de informante infiltrada hacía mas de cinco años. Porqué había decidido de la nada abandonar su puesto en el campo?

Hoseok caminó rápidamente hacia su computador, tropezando en el camino con la pata de una mesa y el marco de la puerta. Tae lo miró con el seño fruncido pero no dijo nada al respecto.

- Hoseokie... Tengo hambre.- murmuró. Hoseok dio inmediatamente un giro de ciento ochenta grados y volvió a entrar a la cocina, olvidándose completamente de MClean.

- Quieres que prepare algo en especial, mielcita? - dijo con una sonrisa.

- Puedes cocinar arroz kimchi?- preguntó hundiéndose en el sofá. Hoseok lo miró con cierta preocupación, Tae se veía muy pero muy deprimido.

- Mmm... Sólo si me ayudas con eso.- para su fortuna, el menor asintió levantándose.- Pásame la olla, quieres?

El almuerzo fue tranquilo, si aún se lo podía considerar almuerzo, porque eran las cuatro de la tarde cuando comenzaron a cocinar. Pero Hobi estaba un poco mas aliviado puesto que a su novio le había subido un poco el ánimo y se había puesto a trabajar en cuanto su celular había sonado. Eso le dió tiempo a colgarse del computador para comenzar la parte mas divertida de su trabajo; hurgar como un cuervo en el pasado de los demás para desenterrar algo que le sirviera contra ellos.

Pudiste haber sido la mas importante informante de la tercera guerra mundial, pero tus aliados no te cubrieron la espalda, perra pensaba mientras veía las columnas de información de pasaban por la pantalla.

Marcella Mclean vivió en Washington D.C hasta los dieciséis años de edad, y luego se mudó a Seúl junto con su madre, cuando esta se casó con Sang Jeon Harukimo, jefe de una empresa próspera dedicada al transporte de mercancías por vía marítima, con bastantes cosas fuera del plano legal. A los diecinueve ingresó a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para evitar estudiar en la universidad en la que su padrastro quiso ingresarla. Tres años después, su media hermana de siete años fue secuestrada en Seúl, y MClean volvió a iniciar su búsqueda, pero nunca se la encontró.

Hoseok entró a la página que anunciaba su desaparición, y entonces le dieron unas estupendas ganas de ir a deprimirse al sofá también. La hermanita perdida de Marcella MClean era Sang Jeon Chanye.

Era la niña que Jimin había secuestrado.

Marcella MClean había buscado a su hermana desaparecida por cielo y por tierra durante siete años, pero en vez de dar con ella, había dado con su asesino. Y ahora que el gobierno con el que estaba aliada había decidido trabajar junto con Jimin, la coronel se había vuelto en su contra.

- No puede ser, maldita sea.- murmuró recostándose en su silla giratoria. - No podríamos tener buena suerte por una maldita vez en la vida?!

En el cuarto de al lado, Tae estaba mas que concentrado escribiendo un bonito mensaje pasivo agresivo encriptado. Era como envolver un regalo de navidad de manera que nadie pudiera saber qué era a menos que lo abriera. A decir verdad, estaba siendo ridículamente meticuloso tomando en cuenta que el mensaje sólo eran las coordenadas de una estación de servicio en la ruta estatal junto con la palabra Marilyn, pero en este momento tenía mucha ira contenida y amaba los rompecabezas.

Suga había sido claro con su petición; dile al informante que debemos vernos en esta dirección, dale una pista de que soy yo, y por favor, que la maldita hija de puta de MClean no se entere. Le había explicado a medias la situación de las memorias y NamJoon. A Tae le había sorprendido lo vagamente que se había detenido en el tema, como si ese malparido no hubiera asesinado a su maknae. Pero después de todo así era Suga; un sociópata disfuncional con crisis de ansiedad crónica y vaya saber el diablo que otros problemas más encima.

Envió el mensaje antes de volver a deprimirse en sobremanera y decidió salir a la terraza a regar sus plantas. El frío había amansado, pero aún así el viento le calaba los huesos. De repente, extrañaba esos días de paraíso en los que todo parecía mas alegre. Deseó volver en el tiempo hasta esa vez que Hoseok le dijo que tenía un viaje de trabajo y decirle No, no, di que no, mira todo lo que se nos vendrá encima ahora.

Recordó la promesa de Hoseok, cuando todo esto termine, nos iremos.

De qué servía irse, si de todas maneras la puta guerra les iba a estallar encima? Se sentó cerca de su brote de violetas, el cuál estaba quemándose por el frío.

No quería que nada de eso sucediera, su abuelo había ido a la guerra, y solía contarle lo horrible que era. No quería un futuro en el que tuviera que destruir y matar sólo para sobrevivir.

Por favor, si hay alguien ahí arriba... Por favor que nada de eso suceda, sé que no merezco nada de ti... Pero una guerra no, por favor no nos destruyas.

Miró al cielo, estaba comenzando a atardecer. Hoseok subió buscándolo.

- Taehyungie, hace frío para que te quedes aquí. -dijo acercándose a él.

- Estaba viendo el atardecer. -murmuró. Ambos se quedaron en un largo silencio. - Tú crees que salgamos de esta?

- Siempre lo hacemos. -dijo Hobi abrazandolo. Tae cerró los ojos sintiendo su calidez, pero eso no quitaba su inquietud.

- No me respondiste la pregunta.

Hoseok suspiró con tristeza antes de responder.

- No lo sé, amor, no lo sé.

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