No te vayas, no me dejes.

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«Nos prometieron que los sueños podían volverse realidad

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«Nos prometieron que los sueños podían volverse realidad. Pero se les olvidó mencionas que las pesadillas también son sueños.»  —Oscar Wilde.


¡Ayuda!

Me encuentro en el lugar donde se han originado mis pesadillas, una vez más en el bosque. Corre, Scarlett, corre. Si no corro más rápido me alcanzará. Siento mi respiración acelerada, mis latidos están resonando tanto hasta sentirlos en mis oídos.

Veo la silueta de alguien al fondo del sendero. Pido ayuda a gritos, pero parece no oírme puesto que se queda inmóvil. Una vez llego hasta la sombra, me doy cuenta de que es un hombre corpulento. Oh no.

—¡Te atrapé! —grita el hombre, rodeándome con sus brazos, impidiendo que me mueva.

—¡Ayuda! —doy un grito que ni yo misma sabía que podía dar. Él prosigue a cubrirme la boca con su mano, para finalmente llevarme de nuevo a la parte oscura y terrorífica del bosque.

Abro los ojos, otra pesadilla, han pasado ya dos semanas desde el ataque y la voz de ese hombre me acompaña todas las noches, en mis pesadillas.

Me giro hacia mi mesita de noche, levanto mi teléfono. Genial, las 03:48 de la madrugada. Llevo mi mano hasta mi frente solo para darme cuenta de que estoy sudando. Ahora me tendré que bañar por la mañana.

Tranquila, Scarlett, fue solo un mal sueño. En realidad estás a salvo, lograste huir del psicópata. Dicho esto, vuelvo a cerrar los ojos, dispuesta a seguir durmiendo.

***

—¿Otra pesadilla, eh?

—Fue horrible, él había logrado capturarme y me llevaba al bosque. Daniel, fue espantoso.

—Pero no fue así, estas aquí conmigo, con Ferrer, con Sánchez y con Cortés. Estás a salvo.

—Pero cuando llega la noche y cierro mis ojos... y logro quedarme dormida no puedo diferenciar entre una pesadilla y la realidad. En ese momento sólo sé que debo correr, y correr sin parar. Pero cuando logra atraparme, ¡pum! despierto. Y al abrir mis ojos, me aseguro de en verdad estar en mi cuarto, ya que solo así me puedo calmar y sentirme en paz.

—Necesitas tomar una de esas terapias con la psicóloga de la escuela —lo miro con confusión. No sabía que había una psicóloga en la escuela—. No digo que estás loca o algo así —se defiende.

—No pensaba en eso, sólo no sabía que hay una psicóloga aquí...

—Oh, sí. Está en el edificio E en el ultimo piso. Yo fui cuando necesitaba ayuda después de la pérdida de mi hermano y también con mi ruptura con Alicia.

—Lo pensaré. No es que no lo necesite, pero entre las clases y las tareas... es complicado.

—Tómate tu tiempo, sólo lo digo porque no creo que los calmantes que te dieron en la enfermería sean suficientes y lo sabes, no es la primer pesadilla y lo del otro día...

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