Las buenas decisiones no son algo que caractericen a Scarlett Miller, pero, ¿quién la puede culpar después de la pérdida de su mamá?
Empezar desde cero en una internado lejos de su familia no fue una decisión fácil, ni mucho menos la correcta. Ella...
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Abro los ojos al no escuchar nada más que el ruido que hacen la llantas contra el asfalto de la carretera al intentar frenar. Se siente un jaloneo en el volante que nos hace girar de manera abrupta.
El auto choca contra una cerca de madera, destrozándola, sin embargo, logra detenerse.
—Scarlett, ¿estás bien? —pregunta Matt después de unos segundos, angustiado y alterado.
Siento su mirada al no recibir respuesta, pero no soy capaz de darle la cara después de lo que acaba de suceder.
Y a pesar de que lo escucho nuevamente pronunciar mi nombre, no sé cómo responder, no sé cómo reaccionar. Estuvimos apunto de chocar por mi culpa.
—Sí —logro pronunciar después de un par de balbuceos—. ¿Tú estás...?
Mis ojos se cristalizan, pero no quiero llorar. No quiero que él me vea llorar.
—Perdón, yo n-no sé —perfecto, ahora mi voz estaba quebradiza—. No sé en qué pensaba —le recalco. Aunque, a decir verdad, sí sabía, pero la respuesta no le gustaría ni mucho menos la entendería.
—Por lo visto sólo pensabas en ti —resopla.
—Lo siento ¿Sí? Yo...
—Ya déjalo así —rechista. Sale del auto azotando la puerta al salir con tanta fuerza que no me sorprendería si los vidrios se agrietan un poco. Se dirige a la parte de enfrente del auto para ver los daños que ocasioné. Su cara se tiñe de rojo por la cólera, suelta un grito frustrado y patea un pedazo de madera de la cerca.
Ups, ¿Tal mal quedó?
Bajo del auto con lentitud y al salir la frescura de la noche me da directo en la cara, principalmente en los brazos, sin embargo, es una frescura soportable. Rodeo el auto por la parte de en frente y veo el golpe que provoqué y no se ve TAN mal como yo creía hace unos segundos. Yo en verdad me lo imaginaba destruido, pero no.
Tiene unas abolladuras muy leves pero notables, una luz delantera totalmente agrietada y un par de rayones. Suena peor de lo que es.
—Matt... —lo llamo, pero me ignora por completo.
Bravo, ya se enojó. Si alguien nos viera ahora no pasaría por su cabeza que hace menos de veinte minutos nosotros estábamos en pena calentura.
Me acerco a él con cautela, lo veo recargado en la puerta del lado del copiloto, con una mano sobre su nariz, inhalando y exhalando con fuerza.
—¿Por qué lo hiciste? —pregunta entre dientes, tratando de contener su furia. Pronuncio apenas un par de balbuceos pero me interrumpe—. Y no quiero mentiras, por favor dime la verdad, ¿es por él, no? ¿Pensaste que algo le pasó a él, a Daniel?