Era una mañana como cualquier otra en Inuzuri, otro día, otro robo, otra huida para evitar ser atrapados por los mercaderes; un par de chiquillos corría a todo lo que daban sus piernas, cada uno cargando entre sus brazos panes y algunas frutas, una pequeña niña pelinegro y un niño pelirrojo recorrían las calles de aquel distrito en busca de algo para comer y, cuando vieron ese camón lleno de comida no dudaron ni un segundo para tomarla y salir huyendo, por lo que ahora intentaban perder de vista al furioso dueño de aquel camión.
-¡Detengan a ese par de ladrones!- vocifero el robusto hombre sin dejar de correr, logrando llamar la atención de algunos vendedores en el camino, varios de ellos se unieron a la persecución pues ya sabían que aquel par de mocosos vivía robando, perjudicando a los mercaderes y dándole dolores de cabeza a todos en la zona.
-¡Por aquí!- señaló la pequeña Rukia a su compañero guiándolo por un estrecho camino por donde, estaba segura, no podrían pasar aquellos hombres que los seguían.
Ambos atravesaron aquel camino perdiendo de vista momentáneamente a esos mercaderes, sin embargo no se detuvieron, siguieron corriendo intentando encontrar de nuevo el camino que los llevaría hasta su refugio.
-Lo logramos- Decía Renji con la respiración entrecortada pero con una sonrisa en el rostro, una que Rukia correspondió. Con la comida que habían conseguido podrían comer por días sin preocuparse.
La alegría duró poco, pues en unos minutos volvieron a oír la voz del hombre al que habían robado.
-¡Ahí están, no los dejen ir!- lo que reanudó de nuevo la persecución, pero por desgracia para los jóvenes, aquel grupo de hombres furiosos los había conducido hasta un callejón sin salida.
-¡Llego el momento de que paguen por todo lo que han hecho, par de sabandijas!- habló uno de los hombres, eran cinco en total, todos con algún objeto en la mano, palos, varas de metal, incluso rocas, todo indicaba que de ahí no saldrían ilesos, si es que no los mataban a golpes.
Podrían intentar defenderse, pero toda esa persecución los había dejado exhaustos, edemas de que estaban en obvia desventaja. Preparados para la brutal golpiza, solo cerraron los ojos con fuerza, Renji se colocó delante de Rukia en actitud defensiva, pero tal y como se veían las cosas, eso no serviría de nada.
El hombre más grande y fuerte se abalanzó contra ellos empuñando lo que parecía ser una parte de alguna vieja tubería. El par de niños esperó el impacto, se oyó un golpe seco, si, pero ellos no sintieron nada. Confusos abrieron los ojos, lo que vieron frente a ellos fue a una joven de cabello corto, vestía un kimono de colores rojo y azul, en sus manos tenia lo que parecía ser una vara gruesa envuelta en tela, la cual había utilizado para defenderlos del hombre que había querido golpearlos que ahora estaba tendido en el suelo sujetándose el estómago.
-¿Quién eres tú, mocosa?- preguntó un anciano que hacia parte del grupo- ¿acaso también quieres que te demos una lección?- le arrojó una roca que sostenía fuertemente, aquella niña la esquivó sin ninguna dificultad, el proyectil paso de largo a centímetros de su cabeza y acabó estrellándose en el muro en el que se apoyaban Rukia y Renji pero sin llegar a golpearlos.
- Váyanse de aquí, si lo hacen no les haré daño- habló desafiando al grupo de hombres parados frente a ella, su voz sonaba en calma como si tuviera toda la situación bajo control.
El que parecía ser el más joven de aquel grupo arremetió contra ella furioso, intentó golpearla con la vara que tenía entre las manos, sin embargo no logró asestarle ni un solo golpe. Con gran rapidez y agilidad la chiquilla le asestó tres golpes al hombre en el abdomen, la espalda y el rostro, dejándolo tendido en el suelo.
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El Mundo Correcto
Random¿Que pasaría si un día te dijeran que toda tu vida no es como debería?. Si por una serie de eventos desafortunados encontraras el verdadero lugar donde perteneces. Una antigua leyenda, un nuevo enemigo y el llamado de tu destino. Ichigo deberá encon...
