¤ El Pasado. Parte 2 ¤

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Los años pasaron, el pequeño Ryoma creció hasta tener la apariencia de un niño de un año de edad, si lo comparamos con los infantes del mundo de los vivos.

Shizue, que también había cambiado un poco físicamente, estaba más alta y su cabello había crecido hasta más debajo de los hombros, se encontraba con su hermano más pequeño en brazos observando el atardecer debajo de su árbol favorito del jardín, en esos momentos los mellizos debían estar teniendo sus primeras lecciones sobre el manejo de reiatsu, por lo que podía pasar tiempo a solas con Ryoma.

-Padre me dijo que desde ahora él va a entrenarnos...- dijo como si el pequeño la entendiera- no me preocupo por mi... Sanemi y Asami recién están empezando con sus lecciones, que las clases de combate vengan directo de él...- se estremeció involuntariamente y posó su mentón en la cabeza de su hermano, atrayendo la atención del pequeño que, como pudo, se giró hasta quedar cara a cara con la pelinegra- ¿crees que estaremos bien?- le preguntó deseando que pudiera responderle pero, en vez de eso, el niño empezó a jugar con aquel mechón de pelo rojo que tenía su hermana- tienes razón – le sonrió- es nuestro Padre, no creo que sea tan malo- Justo en ese momento, Shizu no supo cuán equivocada estaba.

En la tarde del día siguiente su padre la esperaba en la sala de entrenamientos vestido con su traje de shinigami, grande fue su sorpresa al entrar y ver a sus dos hermanos sentados a un lado, ella creyó que empezaría con ella y que entrenaría a los mellizos por separado pues, estaba segura, ellos no soportarían la intensidad del entrenamiento que su padre preparó para ella.

- ¡En posición! - le ordenó el pelirrojo, podía sentir las temerosas miradas de sus hermanos sobre ella.

Obedeció casi por instinto, era buena en el combate cuerpo a cuerpo, de hecho, por todas las habilidades que mostró desde el comienzo, era considerada un prodigio por todo su clan, exceptuando claro, por el hombre frente a ella.

Sabía que un combate contra él era imposible de ganar, pero nunca se esperó que él la golpeara sin ningún remordimiento, sin darle ninguna oportunidad de contraatacar casi por una hora entera.

-Si no me atacas como si quisieras matarme nunca lograrás nada- dijo con la voz vacía de sentimientos, su hija estaba frente a él tirada en el suelo mientras escupía sangre ante la horrorizada mirada de sus hermanos menores, quienes eran detenidos de intentar cualquier cosa por el sirviente personal de Kazuya.

- Levántate- ordenó.

Shizu ya no tenía fuerzas, su estupor por la actitud del hombre que se hacía llamar su padre también contribuía a que no se pudiera mover.

-Levántate – ordenó una vez más- ¿o acaso quieres que le dé una oportunidad a alguno de tus hermanos?

Solo esa frase bastó para que Shizue sacara fuerzas de donde no las tenía para ponerse de pie. No dijo nada, aquel hombre aún le causaba ese respeto mezclado con terror que le impedía insultarlo de alguna manera. Sin embargo, no hizo falta, sus ojos lo decían todo, en ellos había una amenaza implícita.

-Bien... continuemos.

Solo se concentraba en mantener la conciencia porque sabía que, si se desmayaba, Kazuya no tendría ningún problema en seguir con sus hermanos, quienes en ese momento estaban llorando, rogándole a su padre que se detuviera, mas este los ignoraba por completo, obligándolos a ser testigos de aquella tortura aproximadamente por casi dos horas más.

-Eres demasiado blanda- le dijo su padre cuando esta estaba hincada en el suelo vomitando debido a un golpe que recibió en el abdomen- sé que justo ahora me odias y, si no es así, deberías empezar a hacerlo, el odio es lo único que te ayudará a volverte fuerte. - dijo pausadamente, sin ninguna prisa para después abandonar la sala seguido de su sirviente, inmediatamente los mellizos corrieron a donde estaba su hermana.

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