18.

55.9K 3.3K 378
                                        

Me costó demasiado, el entender que debía alejarlo, pero él mismo se apartó, asombrado de su propia reacción.

—Lo siento —se disculpó.

Cuando se dio la vuelta, caminó por el pasillo y pasó al lado de Max, que se encontraba al final de las escaleras casi inmóvil y con expresión de sorpresa.

En ese momento, estaba casi segura que ambos compartíamos la misma expresión de estupefacción. Yo me limite a inclinarme, aun confundida y me quede agachada, tratando de reaccionar mientras miraba la caja rosa. En medio de tanto enrollo, esperaba que aun estuviera comestible el pastel.

—¿Que rayos? —me preguntó en voz baja Max, mientras se acercaba lentamente.

Yo me levanté con la caja en manos y sacudí la cabeza, intentando desprenderme de la expresión de asombro.

—¿Que fue eso? —cuestionó.

—No lo sé, estábamos discutiendo y él simplemente me abrazo.

—Dime la verdad ¿me lo quieres quitar?

Eso me hizo reaccionar, por fin y me reí de su común insolencia.

—No seas tonto.

Entonces notó lo que traía en mis manos y lo tomó.

—Swett Moments —leyó Max—. ¿Y esto?

—Pastel de chocolate.

—Iré por tenedores —se apresuró a decir y desapareció en la cocina.

Él se invitaba solo, pensé y miré hacia el pasillo, precisamente en la puerta que dirigía hacia el sótano y aprecié un escalofrió. Chris empezaba a crear una desconfianza enorme dentro de mí.

¿Por qué actúa así cuando solo yo estoy cerca?

—Me preguntó que le habrá dicho mamá sobre mí —dijo Max con un pedazo de pastel en su tenedor, mientras se recostaba en mi cama apoyado en su codo.

Yo estaba sentada, recostada en mis almohadas y también estaba comiendo, pero estaba observando mi teléfono en ese momento el cual dejé a un lado para contestarle.

—¿Le habría dicho que eres gay?

—No lo sé... mamá suele evitar algunas cosas.

—Como cuando se le olvidó decir que Pinki había muerto.

—Pobre Pinki, primero le ponemos un nombre terrible y luego mamá lo aplasta.

Hice una mueca de dolor.

—Pobre hámster, debió vivir más tiempo.

—Si, por cierto, este pastel esta delicioso —dijo Max y se atraganto con más pastel.

—Lo sé, creo que es lo único bueno que me ha dado Allen.

Max asintió.

—¿Y como estuvo el día hoy? —le pregunté.

—Pues, salí con un grupo de la escuela y ahí estaban Michelle y Alicia.

—¿Esas no son las chicas que encontraron besándose en el vestidor de hombres?

—¡Sí! —Bramó Max de pronto—, resulta que no era rebeldía juvenil. ¡Ellas estaban saliendo!

—¡Nooo! —le contesté sin poder creérmelo. La verdad es que la ventaja de que Max fuera algo popular y saliera con otros amigos, era que sabía tantos chismes y secretos que luego venía a contarme a mí y eso era emocionante.

Black AngelsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora