Había llorado gran parte del viaje, especialmente mientras Shana dormía, para no preocupar a la niña. Se arrepentía de todo, la culpa comenzaba a golpear fuerte.
Ella lo sabía, muy en el fondo, que jamás tendría que haber abandonado su hogar, ni dejar entrar a Maizak a su vida. Ella y su hermanita estaban bien solas.
Abrazó a Shana, intentando encontrar consuelo, después de todo, ella era la única familia verdadera que tenía. Y se permitió cerrar los ojos por un momento, para intentar dormir.
***
El próximo autobús hacia la zona de la selva, dónde Ayra vivía, saldría al día siguiente. Sin contar con que era un día más de viaje. Y él estaba desesperado.
No había podido encontrarlas, y esperaba a que ellas se dirigieran a su hogar. Porque realmente, no conocía otro lugar al que pudieran ir.
Y odiaba a Esther, con la prótesis no podía correr a la misma velocidad de antes. Era un completo inútil.
Ya no sabía cuánto había caminado, cuanto había corrido, sólo que estaba agotado. Se sentó en una de las paradas del autobús, y dejó que el cansancio lo venciera.
Era de madrugada, y levantó la cabeza al ver que una luz lo iluminaba. ¿Un autobús? Quizás lo podría acercar un poco más hacia el este, dónde vivía Ayra.
Le hizo señas, y le agradeció al chofer por frenar, subiendo. A penas habían unas cinco personas, y no era de extrañar, ya que la mayoría formaban parte del festival.
Encendió el celular, y observó la hora. Eran cerca de las cuatro de la madrugada ¿Dónde estarían ellas? Se sentía tan afligido. Le había prometido a Ayrata que siempre la cuidaría, y ahora no estaba ahí para ella.
Y si les llegaba a pasar algo malo, ésta vez si no se lo perdonaría.
Se apoyó contra el asiento, y cerró los ojos, cansado. Sólo quería dormir un poco, antes de bajar y tener que seguir buscándolas.
***
Shana bajó a Prurp al suelo, y el gatito corrió hacia el césped. La niña lo siguió por detrás, sonriendo, al fin habían bajado del autobús, y el minino podía ser libre.
Desde donde la habían bajado, hasta su casa, tendrían unas tres horas. Era lo más cercano que el chofer podía dejarlas, y eso que ni estaba aquella parada en la ruta.
—Shana, no lo pierdas de vista. Es más ¿Por qué mejor no lo llevas tú? Podría perderse, o atraer algún animal salvaje.
—Sí, tienes razón —le dijo tomándolo en sus brazos—. ¿Estamos muy lejos de casa, Ayra?
—Bastante, pero con suerte llegaremos al atardecer.
—Oh ¿Entonces no podremos ir a pescar Gushis?
—Cariño, estaremos muy cansadas para ir a pescar —sonrió levemente—. Quizás mañana, hoy debemos llegar y acomodar todo.
—¿Comeremos verduras de nuevo?
—Es lo más probable, pero te prometo que esta vez iremos a cazar y pescar ¿De acuerdo?
***
Eran más de las doce de la noche, y el finalmente llegaba a aquellas tierras. Ya estaba cerca de la casa de ellas.
Se sentía agotado, y su muslo izquierdo dolía, debido a la prótesis que había estado usando sin descanso. Pero aún así, continuó caminando, comenzando a cojear.
No tenía ningún derecho de despertarla a esa hora, pero necesitaba hablar con ella, saber que estaba bien. El dolor que cargaba en el alma, era más fuerte que el de su cuerpo cansado.
Llegó hasta la puerta, y la golpeó. Podía sentirse un poco más tranquilo, ya que había visto que la fogata de la cocina había estado encendida. Aún las brasas estaban consumiéndose poco a poco, lo que quedaba.
Escuchó unos pasos del otro lado, y supo que era ella, podía sentir su aroma.
—Ayra, soy yo, por favor ábreme.
Esperó unos segundos, pero ella no respondió.
—Ayra por favor, necesito hablar contigo, déjame explicarte.
Apoyó la cabeza contra la puerta, cerrando los ojos.
—Estoy muy cansado, estuve caminando todo el día de ayer, hasta la madrugada cuando encontré un autobús. Y desde que bajé, no he parado hasta ahora. Sólo quiero hablar contigo, sólo vine aquí por tí, por favor escúchame.
La sintió del otro lado de la puerta, y por la sombra que podía verse, estaba parada ahí.
—Ella no significa nada para mí, no es nada, lo juro. La única mujer que yo quiero, y me importa, eres tú. Sólo tú, Ayra, es por eso que me vine hasta aquí, llegué lo más rápido que pude. Si tan sólo... Si tan solo tuviera mis ambas piernas, habría llegado antes.
Respiró profundo, sintiendo sus ojos humedecerse.
—Dime que no es muy tarde para recuperarte, porque no quiero estar sin ti. Este día que pasé lejos de ustedes, fue más que suficiente para aceptar que ya no quiero vivir solo, que las necesito, son mi familia. Y te necesito, Ayra, no para acostarme contigo, te necesito a mi lado, como mi pareja. No quiero perderte, tú eres la mujer que yo quiero.
La escuchó sollozar, y se sintió desesperar.
—Ábreme, hablemos, por favor Ayra.
—Q-Quiero que t-te vayas, ya no quiero verte.
Las lágrimas cedieron antes tanta tristeza, y negó con la cabeza.
—No me digas eso —pronunció con angustia—. Dame una oportunidad.
—N-No, vete Maizak, tú no eres de aquí. Regresa... Regresa a tu isla, con tu mujer que vino por tí.
—Ella no es mi mujer, no es nada mío, sólo la causante de todos mis males.
—Mi hermana y yo estamos bien sin ti, vete... Ya no quiero verte.
Se sentó en el suelo, apoyando su espalda contra la puerta, y se permitió llorar. ¿Por qué siempre debía perder a la mujer que quería por culpa del pasado?
¿Por qué no podía ser feliz? ¿Por qué siempre que podía rozar con sus dedos la estabilidad y el amor, lo perdía? Y dolía, demasiado.
Porque esta vez, nadie se la había arrebatado, era Ayrata quien le estaba diciendo que se fuera. No quería oírlo, no quería creerle.
Simplemente, no lo quería a él. Y eso dolía demasiado.
Había hecho todo lo posible para poder llegar a ella, y aún así, nada había valido. Se quitó la prótesis, y observó la cicatriz de su pierna perdida, y como aquella cosa la había lastimado.
Qué mas daba, lo sabía muy bien... Él no se tendría que haber salvado de aquella balacera.
...
