Oí su gemido ronco y sentí que me apretaba contra su cuerpo desnudo. Sus manos me recorrieron posesivamente. Me besó y mordió con una voracidad salvaje y me lamió a conciencia antes de besarme la barbilla y el cuello.
Eché la cabeza hacia atrás. La casa parecía dar vueltas a mi alrededor, como si estuviera en el centro de un tornado. Me ardía la piel como si la quemara el sol del desierto.
Cerré con fuerza los ojos. No podía abrirlos. Si lo hacía, vería a Kim Jongdae, mi apuesto y arrogante jefe, besándome el cuello en dirección a mis pechos.
Aquella imagen me haría explotar.
Pasó las manos sobre mis pechos y los agarró a través de la ropa. Acarició los endurecidos pezones y se me aceleró la respiración.
–Quítatelo todo –me susurró al oído. Sentí el cosquilleo de su lengua en la oreja y me estremecí de deseo–. Todo.
Metió las manos bajo mi camiseta y las subió hasta el fino sujetador de algodón que apenas podía contener mis pechos, los cuales parecían más grandes y pesados con cada respiración. Me besó ávidamente, llenándome la boca con su lengua, y me pellizcó un pezón. Un torrente de sensaciones desconocidas se apoderó de mí.
Ahogué un gemido y lo agarré por los hombros desnudos con un ansia desesperada, cegada por la pasión que me consumía.
–Te ayudaré –susurró él, y tiró de mi sudadera para tumbarme de espaldas en la camilla.
Abrí los ojos de golpe. Jongdae tenía intención de poseerme allí mismo, en la casa del jardinero, rodeados por los aparatos y las pesas. En la camilla de los masajes. Me arrebataría despiadadamente mi virginidad sin pensárselo dos veces.
Él no me deseaba. Tan solo deseaba a una mujer, una mujer cualquiera, a la que usar como un objeto desechable.
Al besarme con aquella pasión salvaje, al sentir su cuerpo desnudo y endurecido contra el mío, me había dejado llevar por las intensas sensaciones y alocadas fantasías.
En otro momento habría dejado que me desnudara y que me penetrara como un animal en celo, para un minuto después retirarse y dejarme sobre la mesa, sudorosa y usada.
Pero aquello no se parecía a ninguna de mis fantasías románticas.
–No –dije al tiempo que lo empujaba por los hombros.
Los ojos medio cerrados de Jongdae se llenaron de confusión.
–¿Qué?
Apreté las manos con más fuerza y lo miré a los ojos a la grisácea luz invernal que entraba por la ventana. Fuera aullaba el viento, el mar bramaba y se oía el ladrido de un perro.
–He dicho que no.
Desconcertado, me soltó y los dos nos quedamos mirándonos junto a la mesa, yo con la ropa desarreglada y él completamente desnudo. Intenté no bajar la mirada y no pensar en lo cerca que había estado de entregárselo todo, mi cuerpo hambriento y mi corazón herido, por culpa de una pasión ciega.
Pero él tenía que desearme a mí, Diana, no a una mujer cualquiera.
Tal vez yo no fuera una deslumbrante estrella de cine como Madison, pero no por ello debía conformarme con ser el segundo plato para nadie.
Me aparté y apreté los puños a mis costados.
–Eres mi paciente. Hay líneas rojas que no cruzo jamás.
–Vamos... Seguro que has traspasado alguna que otra línea en tu vida.
Negué testarudamente con la cabeza.
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Thunder - Chen
Fiksi PenggemarÉl me había dejado muy claro lo único que podía darme, y yo, perdida en un arrebato de pasión ciega, lo había aceptado sin pensar en nada más. Le entregué mi corazón cuando él solo quería mi cuerpo.
