11. estuviste magnifica

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Un sollozo subió por mi garganta. Mis rodillas cedieron y habría caído al suelo de no ser por Jongdae, quien se movió a una velocidad asombrosa para sostenerme a tiempo.

–Soy odiosa.

–Has estado magnífica –me dijo con voz suave mientras me apartaba el pelo de la cara.

–¿Magnífica? –solté una amarga carcajada–. Le dije que siempre cuidaría de ella –respondí con un hilo de voz–, y mira cómo la he tratado. Siempre la he culpado por conseguir el papel que podría haberme convertido en una estrella, pero ella tenía razón. Yo tuve la oportunidad de hacer la prueba y en vez de eso me fui a casa.

–Para estar con tu madre.

–Fue una decisión mía –me sequé los ojos con la mano–. Después de perder a mis padres y el papel de Moxie, me juré que nadie volvería a destrozarme el corazón. No fue culpa de Madison que me pasara los diez años siguientes escondiéndome y huyendo de los sentimientos.

–Hasta que te enamoraste de Kyungsoo.

¿Había sido Kyungsoo la excepción o solo otra prueba de que había tomado el camino seguro?

Era una duda nueva e inquietante.

–No fue culpa de Madison –insistí, mirando a Jongdae con los ojos llenos de lágrimas–. Fue culpa mía. Yo elegí ser una cobarde. Y al ir siempre sobre seguro me he arruinado la vida.

–Tu vida aún no ha acabado –nuestras miradas se encontraron en el comedor en penumbra–. Tengo una isla privada en el Caribe. Es el lugar idóneo para un corazón roto. Estuve allí después del accidente, cuando necesitaba estar solo –sonrió–. Bueno, con la compañía de un médico y dos enfermeras. Allí nadie podrá encontrarte, Diana. No hay Internet ni teléfono, y solo se puede llegar en mi avión –se enrolló un mechón de mis cabellos en el dedo–. ¿Quieres ir?

Intenté sonreírle, pero no lo conseguí.

–Gracias, pero no me serviría de nada –bajé la mirada a mis manos–. No puedo escapar de mí misma.

Jongdae me puso una mano bajo la barbilla y me obligó a mirarlo. Sus ojos brillaban con destellos plateados y zafíreos, como un cielo despejado al alba.

–Lo entiendo. Mejor de lo que crees.

Mi mano le acarició sus negros y revueltos cabellos como si tuviera voluntad propia. Eran espesos y suaves, como me había imaginado.

Todo en él me resultaba increíblemente varonil y extraño.

–¿Por qué eres tan bueno conmigo?

Me dedicó una sonrisa torcida.

–A lo mejor solo estoy intentando llevarte a la cama –me acarició la mejilla–. ¿No lo habías pensado?

Solté una carcajada trabada por el hipo.

–No te hará falta esforzarte mucho.

Su mano se detuvo en mi mejilla y su expresión cambió. Me sujetó la cara entre sus grandes manos y descendió hasta mi boca, muy lentamente. Podría haberme apartado, pero no lo hice. Me quedé inmóvil y con la respiración contenida.

Entonces sus labios tocaron los míos y solté un profundo suspiro. Sus labios eran exquisitamente suaves, dulces y cálidos. Hizo que me inclinara hacia delante y que le rodeara los hombros con mis brazos. Me sostuvo con fuerza y el mundo empezó a dar vueltas a nuestro alrededor...

Había visto lo peor de mí y aun así me deseaba.

Thunder - ChenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora