10. verdadera personalidad

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Me temblaban las piernas al bajar la escalera, media hora más tarde. Me había demorado en la ducha, cerrando los ojos bajo el agua caliente. Luego me peiné el cabello mojado y abrí el armario para sacar la ropa de siempre: camiseta y pantalones. Pero de repente me detuve y saqué una falda, una blusa y unos zapatos de tacón negros. Me pinté los labios, con un rojo que casi había olvidado que tenía, y me puse una cinta en el pelo.

Me costó reconocerme en el espejo. Mientras bajaba oí las voces que salían del comedor. Habían empezado a cenar sin mí, lo cual no era extraño. Jongdae me había dado veinte minutos, y seguramente se estaba preguntando si había decidido hacer las maletas.

También yo me lo seguía preguntando. Podría tomar el camino seguro y volver con Madison a mi antigua vida, organizar su boda y permanecer para siempre a su sombra, servicial e invisible.

O... Podría echarle valor y ser yo misma. Decirles a Kyungsoo y a Madison cómo me sentía realmente y permanecer en Penryth Hall... lo que me llevaría casi inevitablemente a la cama de Jongdae.

¿Cuál sería mi decisión? ¿Seguir siendo virgen e invisible?

¿O arriesgarme a ser sincera y atrevida y dar un paso que cambiaría mi vida para siempre?

Me detuve en la puerta del comedor, desgarrada entre el deseo y el miedo. Pero ya me había retrasado bastante. Apreté los puños, respiré hondo y entré.

Madison se había apropiado del sitio de honor en la mesa alargada y con velas.

Kyungsoo estaba a su derecha y Jongdae, a su izquierda.

La expresión de Jongdae se endureció nada más verme.

–Aquí estás –me indicó que me sentara a su izquierda.

Evitando su mirada, me deslicé silenciosamente en la silla. Mi hermanastra apenas me lanzó una mirada despectiva y ni siquiera interrumpió su relato, basado en las insoportables cargas de ser joven, rica, guapa y famosa.

–A estas alturas ya debería haberme acostumbrado a promocionar mis películas –concluyó con un melodramático suspiro–. Pero lo de esta mañana ha sido agotador. Los periodistas solo querían saber los detalles de nuestro compromiso –le dedicó una mirada coqueta a Kyungsoo–. Cómo se declaró, cuándo será la boda... –se giró hacia mí–. ¿Por qué has tardado tanto, Diana? Ya vamos por la mitad de la cena.

«Porque así me he librado de escuchar tus tonterías», pensé, pero no tuve el coraje de decírselo.

–Lo siento –agarré la bandeja del centro y me serví un poco de cordero con patatas y verduras.

–Bueno –continuó Madison–, el caso es que a veces me canso de ser el centro de atención –bostezó exageradamente mientras estiraba los brazos por encima de la cabeza, haciendo ostentación de su escultural figura, y les ofreció a Kyungsoo y a Jongdae aquella encantadora sonrisa a la que ningún hombre podía resistirse–. Nuestro compromiso ha causado sensación en todo el mundo. Mis fans están entusiasmados y no paran de enviarme felicitaciones y regalos –soltó una risa cantarina–. Aunque hay algunos que amenazan con tirarse por la ventana si no cancelo la boda. Seguro que tú sabes cómo es – alargó el brazo y le dio unas palmaditas en la mano a Jongdae–, cuando la gente te desea de manera obsesiva.

Los ojos casi se me salieron de las órbitas al ver la mano esbelta y delicada de Madison tocando lenta y sensualmente la de Jongdae. La misma mano que ostentaba el anillo con el que otro hombre se le había declarado.

Quería la atención de Jongdae, lo que no debería sorprenderme. Madison siempre necesitaba ser el centro de atención entre los hombres. Incluso cuando éramos jóvenes y mi madre se estaba muriendo, Madison se escapó con el tipo que limpiaba la piscina y estrelló el coche de su padre contra una palmera... lo que efectivamente sirvió para que Howard apartara la atención de mi madre.

Thunder - ChenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora