16. son los nervios...

141 16 0
                                        


-Te encuentras bien? –me preguntó la chica que se hallaba sentada a mi lado en una de las sillas que se alineaban en el pasillo.

–Estoy bien –respondí, intentando creérmelo mientras respiraba lentamente.

Habían pasado dos meses desde que llegamos a Londres y desde el primer día había sentido náuseas.

Al principio lo atribuí al miedo y al sentimiento de culpabilidad por mentirle a Jongdae, pero aquel día, por primera vez, me había atrevido a presentarme a una prueba en vez de pasarme las horas paseando por Trafalgar Square como una turista cualquiera.

Llevaba una hora allí sentada, repitiendo mis frases en la cabeza y esperando a que me llamaran.

Las náuseas deberían haber desaparecido, pero se habían agudizado mientras esperaba entre bastidores en el pequeño y famoso teatro West End, rodeada de actores profesionales que ensayaban sus frases en voz alta y hacían ejercicios de elocución.

Nadie se fijaba en mí, salvo la bonita chica estadounidense que se encontraba sentada a mi lado.

–Parece que tengas una indigestión, o quizá la gripe –arrugó la nariz y se apartó de mí–. Mi hermana tenía el mismo aspecto los tres primeros meses de embarazo.

–Son los nervios –respondí con voz cortante, y tragué saliva al sentir otra oleada de náuseas.

La chica no se dejó engañar y miró nerviosamente a uno y otro lado.

–Bueno, si me disculpas... tengo que ensayar –se levantó y se marchó corriendo como si yo fuera Mary la Tifosa.

Y con razón, porque estaba a punto de vomitar. Apoyé la cabeza en la pared y cerré los ojos. En cualquier momento dirían mi nombre. Pronunciaría las pocas líneas en el escenario y el director de casting me diría que no era lo que estaban buscando.

Sería un golpe demoledor a mi autoestima, pero al menos podría irme a casa y no mentirle a Jongdae cuando le dijera que, mientras él trabajaba dieciocho horas al día en Canary Wharf, yo me dedicaba a perseguir mis sueños.

Una nueva oleada de náuseas me obligó a ir corriendo al aseo. Llegué justo a tiempo de no vomitarme encima.

Después me mojé la cara con agua fría y me miré al espejo. Estaba pálida, sudorosa y demacrada. Salí del aseo y continué caminando hasta la salida. Necesitaba respirar aire fresco.

El cielo estaba oscuro y nublado, amenazando lluvia. Caminé lentamente hacia la estación de metro, con piernas temblorosas.

«Mi hermana tenía el mismo aspecto los tres primeros meses de embarazo».

Ni siquiera se me había ocurrido que pudiera estar embarazada. No podía estarlo.

Era imposible.

Me detuve bruscamente en la acera, provocando que los turistas que iban detrás casi se chocaran conmigo.

Jongdae siempre usaba protección, pero yo ni siquiera me preocupaba porque daba por descontado que él sabía lo que hacía.

Era él quien no quería ningún tipo de compromiso, ¿y qué mayor compromiso podía haber que un hijo?

Alguna vez que otra, sin embargo, no se había puesto el preservativo hasta el último segundo. Y aquella única vez en la ducha...

Thunder - ChenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora