El teléfono me despertó.
–¿Cuál es tu respuesta? –era mi agente.
Me incorporé lentamente en la cama, con el pelo cayéndome sobre la cara y el cuerpo dolorido por la pasión con que Jongdae me había hecho el amor.
Pero entonces recordé lo que había pasado después. Cómo había visto a la esposa de su primo entrando en su casa para una última aventura.
«Una última cosa que quiero hacer antes de casarme».
El desencanto me enfrió la sangre y me cubrí con la colcha hasta el cuello.
–¿Y bien, Diana? –me preguntó mi agente en tono acuciante–. ¿Quieres ser una estrella?
Me sentía fatal. Fuera brillaba un sol espléndido y no había ni una nube en el cielo. Casi nunca llovía en California. Echaba de menos el desapacible clima de Cornwall.
–Claro –respondí sin entusiasmo–. ¿Por qué no?
Las felicitaciones de mi agente fueron tan efusivas que me tuve que apartar el teléfono de la oreja. Tras hablar brevemente de las condiciones del contrato, me puse una bata y bajé a la cocina, donde Madison se estaba comiendo un tazón de cereales.
–¿Una mala noche? –me preguntó Madison al verme–. Bonito anillo.
–Sí. ¿Lo quieres?
Ella se rio.
–¿Os habéis comprometido? ¡Cuánto me ale...!
–Jongdae me está engañando con otra.
Madison se quedó boquiabierta, pero su expresión se tornó dubitativa.
–¿Estás segura? En diciembre parecía muy enamorado de ti. Hasta me ignoró cuando intenté coquetear con él –admitió, ruborizándose.
–Estoy segura. Anoche vi a la mujer de su primo entrando en su casa, con un vestido muy sexy.
–Eso no quiere decir nada. Podría ser que...
–No quiero hablar de ello –dije, agarrando la leche y un cuenco.
–Está bien –aceptó ella de mala gana–. Pero aquí me tienes para lo que necesites.
No me podía creer que aquella fuese mi hermanastra.
–¿Qué te ha pasado en Mongolia?
–¿Qué quieres decir?
–Pareces tan... distinta.
–Supongo que he madurado. He decidido dejar de entrometerme en las vidas de los demás. Solo conseguía hacerme daño a mí misma –me miró a los ojos–. Siento mucho lo que te he hecho.
Le sostuve la mirada con dificultad, intentando no llorar. Entonces ella abrió la boca con asombro y yo me giré. Jongdae estaba en la puerta de la cocina, vestido con un impecable esmoquin. Le sonrió a Madison y me miró.
–Parece que ya está todo perdonado –sus ojos brillaban de regocijo–. ¿Cuánto tiempo necesitas para estar lista?
Abrí la boca, pero ninguna palabra salió de mis labios.
¿Cómo se atrevía a comportarse así, y mirarme como si me amara, cuando había estado con una mujer la noche anterior?
¡Y nada menos que con la esposa de su primo!
Ni siquiera podía mirarlo a la cara. Me quité el anillo, con gran dificultad al tener los dedos hinchados, y se lo tendí.
–He cambiado de opinión. No puedo casarme contigo.
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Thunder - Chen
ФанфикшнÉl me había dejado muy claro lo único que podía darme, y yo, perdida en un arrebato de pasión ciega, lo había aceptado sin pensar en nada más. Le entregué mi corazón cuando él solo quería mi cuerpo.
