Cuando amaneció Morfeo me atrapó. Mi cuerpo no soportaba más horas despierto, tenía demasiado cansancio acumulado. Dormí profundo hasta que a las tres de la tarde me despertó Paula muy sobresaltada.
- Malú, Malú, por favor despierta ya.-repetía zarandeándome.
- Paula, ¿qué narices pasa?¿qué te pasa?-dije algo enfadada con los ojos legañosos.
- Malú vístete, vamos en mi coche te cuento de camino.-dijo marchándose de mi habitación.
- ¿Pero a dónde vamos?-pregunté desde mi habitación.
- Al hospital, rápido.-respondió.
¿Al hospital? Me pregunté a mí misma. Fuera lo que fuese, me vestí a la velocidad de la luz. No sabía quién podía estar allí, alguien que también conociera Paula y que fuera tan importante como para despertarme con aquel nerviosismo. Me puse una sudadera y unos tejanos negros rotos por la rodilla con mis bambas blancas. Al salir de la habitación me encontré con Paula saliendo corriendo de la suya.
- Venga, vamos.-dijo yendo hacia la puerta.
- ¿Me vas a explicar qué está pasando?-pregunté mientras cerraba la puerta del piso.
- Miquel joder, eso pasa, Malú. Está muy grave. Me acaba de llamar Pau, dice que quiere vernos.-respondió nerviosa.
Al oír aquel nombre un escalofrío recorrió mi piel, Miquel. Mi compañero de tertulias infinitas, aquel adorable señor con una mente brillante y un corazón todavía mejor. Aquel verde de sus ojos se estaba apagando.
Paula condujo hasta el hospital clínic a toda prisa. Prácticamente volamos. Aparcamos y subimos a la habitación. Fuera de esta había familiares de Miquel de todo tipo, ninguno nos reconoció ni sabía quiénes éramos.
- ¿Quienes sois vosotras dos?-preguntó serio un señor de unos cuarenta años.
- Somos amigas de Miquel, clientas habituales de la librería.-expliqué.
- Esa maldita librería... Fuera de aquí, bastantes dolores de cabeza nos ha dado ese antro.-respondió alterado.
De dentro de la habitación salió Pau, el cual nos reconoció al instante.
- Señoritas Malú y Paula, pasen dentro, por favor.-dijo con una leve sonrisa entre su aura triste y cansada.
- ¿Pau en serio?-dijo el señor que anteriormente nos había echado.
- Diego, estas dos señoritas deben pasar y lo van a hacer te guste o no.-dijo Pau cortante.
- Endavant, passi qui vulgui.-dijo Diego enfadado. (Adelante, que pase quien quiera)
Pau negó con la cabeza y nos volvió la mirada.
- No le hagan caso, está muy afectado y e muy testarudo, es uno de los hijos de Miquel. Antes de pasar deberán ponerse una indumentaria verde, son las normas cuando un paciente está como él.-dijo esto último agachando la mirada.
Nos pusimos una bata verde y una especie de gorro que nos cubría el pelo, además de una mascarilla. Entramos en la habitación y a mí se me rompió el alma en pedazos. Miquel estaba completamente intubado, apenas abría los ojos. Mis lágrimas surcaron por mis mejillas chocando contra la mascarilla. Me acerqué rápidamente a él.
- ¿Puedo cogerle la mano?-pregunté mirando a Pau.
Este, emocionado, asintió. Le cogí la mano a mi compañero de discusiones. Él, esbozó una leve sonrisa. Noté la mano de Paula sobre mi hombro. No dije nada, necesitaba el silencio y este se colaba en mí como el agua se filtra en la tierra. Aunque en mi cabeza resonaba una predicción que no me auguraba un buen final para todo aquello. Perdí la noción del tiempo que estuve ahí dentro, cogiéndole la mano al hombre que me había dado refugio (sin él saberlo) entre los rincones de su bonita librería. Pasamos toda la tarde allí, aunque la mayoría del tiempo sentadas en la pequeña sala de espera que había fuera de la habitación. Aquella silla errática me acogió toda la tarde y la noche entera. Paula tampoco quería irse, aunque ella frecuentara menos la librería también era partícipe de muchos de los mercadillos de los miércoles y de las tertulias los jueves por la tarde. Ella también formaba parte de aquello. Fue a las doce cuando decidí desbloquear mi teléfono. Ahí recordé que aquella tarde había quedado con Sara a las 5 en la cafetería. Jamás llegué puesto que estuve en el hospital. Entre todas las notificaciones, solo buscaba alguna que fuera de un número que no tuviera registrado, es decir, el suyo. Tenía dos llamadas perdidas que intuí que fueron suyas y un único mensaje también de un número que no tenía guardado "Espero que estés bien". Maldecí mi suerte. Seguramente pensó que había declinado ir de manera voluntaria y consciente, posiblemente motivado por la conversación con Vanesa. Me sentía mal. Necesitaba explicarle toda la verdad, mi verdad. Llamé al número, siendo consciente de las horas. Un tono, dos tonos, tres tonos, ... Nada. Suspiré, volvía a estar en jaque, otra vez. Subí a la azotea del hospital, me encendí un cigarro y me apoyé en el muro que hacía de balcón. Toda Barcelona iluminada, bañada de noche. No sabía identificar al completo cómo me sentía. Tal vez el adjetivo calificativo que buscaba mi cabeza era "Dividida", quería estar ahí con Miquel hasta el último suspiro pero también ir corriendo a buscar a Sara y explicarle todo lo que pasaba por mi mente, quería contarle la verdad y mi necesidad de reencontrarme. No quería que eso terminara así. De pronto noté un apretón en el hombro. Me giré, era Pau.
- ¿Sabe una cosa, señorita Malú? Pocas veces vi tan contento a Miquel como cuando venían usted y Paula a la librería. Muy pocas. Estaba pletórico. Se sentía realizado, disfrutaba mucho de sus conversaciones. Cuando le dio el primer ictus se asustó mucho, tanto que cuando fui a verle casi se me despide, ya le conoce usted lo emocional que es.-dijo con una leve sonrisa.- Aquella tarde me dijo a escondidas de todos, "Pau, no dejes que la librería caiga en unas manos que no sean las de unas de las señoritas". Ahora, le veo tan mal y yo me veo en la necesidad de hacéroslo saber.
Me quedé perpleja. La librería. Me estaba ofreciendo la librería. Ese rincón lleno de magia. No me lo esperaba. Mi cabeza trataba se asimilar aquello.
- Podrían hacer las modificaciones que quisieran, pintarla, ponerla a su gusto, pero él sabe que vosotras dos amáis la literatura y tenéis muchas ideas nuevas y frescas que podrían llevar a esa librería a lo que un día fue.-dijo al ver mi cara de desconcierto.
- Bueno, se lo comentaré a Paula yo ahora mismo no le puedo decir nada Pau, estoy muy sorprendida.-dije tratando de verbalizar mi confusión.
- Oh clar, no se preocupe, tómense su tiempo. Aunque Diego quiera venderla a esa dichosa franquicia, yo todavía estoy como propietario así que yo seré quien decida a quien pasa la Gibernau.-dijo en un tono afable.
Asentí. Pasamos las horas hablando allí. Terminé contándole todo lo que me había pasado estos últimos días y la situación en la que me encontraba en ese momento.
- Si me permite el consejo, primero quiérase usted, para querer al resto siempre hay tiempo y si alguien no tiene tiempo para que usted se quiera, tal vez no es a ese alguien a quien deba querer después.-dijo acariciándome el hombro.
Asentí. Cuando amaneció volvimos a bajar a la sala de espera, allí hablé con Paula sobre la proposición pero aquel no era ni el momento ni el lugar de pensar en negocios, decidimos hablarlo con más calma algo más adelante. A las once de la mañana, el peor de los augurios se convirtió en una verdad irrefutable. Miquel se nos fue como se te escapa el aire de las manos o la arena dentro del mar. En un suspiro, dejándote vacío. Dentro de mí solo había silencio. Silencio y dolor. En mis entrañas nacía un dolor hueco pero pesado que se colaba por cada recoveco de mi interior.
Aunque aquella mañana fue una de las peores de mi vida, tal vez necesité que Miquel se fuera para darme cuenta de que necesitaba cuidar mi semilla para algún día pudiera florecer y poder exteriorizar todo aquello que tenía dentro pero nunca había podido sacar de entre mis paredes. A veces necesitamos un golpe seco para reaccionar y darnos cuenta de que si no nos damos una segunda oportunidad a nosotros mismos, ¿Quién nos la dará? Así que decidí regar primero mi semilla dejando que fuera el tiempo quien decidiera quién estaría y quién no. Iba a demostrarme que yo también merecía una segunda oportunidad, independientemente de mi pasado. Decidí mirarme a la cara sin vergüenza. Elegí ser más yo que nunca, indomable.
Hasta aquí. Indomable termina aquí, tal vez no es el final más esperado, tal vez quedan muchas cosas por atar todavía pero, ¿de verdad creéis que yo no voy a hacer un epílogo? Todavía nos queda una última carta, un último encuentro en esta novela. Aún así, ¿qué creéis que acontecerá el epílogo? El próximo capítulo es un salto de cinco años. Ese tiempo es mucho y puede dar pie a dar una vuelta de tuerca de 180 grados a muchas cosas. Dejad en los comentarios vuestras respuestas. Fue un placer retomar la novela y encontrarme con gente que seguía ahí con las mismas ganas que cuando la empecé. Gracias por llevarme en volandas. Ha sido un placer escribir con y para vosotros. Espero que os haya gustado esta pequeña historia y estad con los ojos bien abiertos porque en MUY breves, saldrá ya la nueva historia en la que tengo depositadas tantas ilusiones.
Beso apretao',
Broken Lines.
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INDOMABLE
FanfictionEl alma indomable de quien se alimenta de sus sueños y de la vida, no entiende de rutina, frenos ni muros.
