Capítulo cuatro.

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Entre a casa, mi casa, mientras las lágrimas aún corrían por mis mejillas, no sin antes agradecer a David por todo. Mi madre me esperaba sentaba en los carísimos sofás de cuero, con una sonrisa en la cara, esas que las madres te dan cuando saben que han tenido la razón en algo en que has hecho mal. Una mierda.

Todo en este momento es una mierda. Mi casa, mi vida, yo, Billie, la reacción de mi madre. Todo. Necesitaba dormir, pero para siempre.

O retroceder el tiempo, quizá, al momento en que decidí meterme en ese instituto. Sacudí mi cabeza un par de veces. No podía pensar en eso, no ahora que Mía está aquí.

Mi madre me abraza, aún con Mía entre mis brazos y besa su frente suavemente, cuando ya me ha soltado.

-Qué feliz estoy de tenerte aquí -Dice. Me vuelve a estrujar entre sus brazos mientras toca mi cabello- Ya las extrañaba.

-Me has visto ayer -Susurro, mientras toco mi frente algo cansada. La decisión, la pelea y el viaje hasta acá me tienen algo -bastante- agotada

-Damela y ve a darte un larga ducha, debes estar cansada -Me mira con tristeza y luego toma a Mía en los brazos.

-Gracias -Camino hacia mi habitación, esa que fue testigo de muchas cosas. Al entrar, una incomodidad me invade. Estaba acostumbrada al cuarto en la casa de Billie. Pequeño y acojedor. En cambio la mía es fría y muy grande. Una mierda.

Me despojo lentamente de mi ropa cuando estoy dentro del baño. El cansancio es desesperante y algo aburrido. Cuando ya estoy completamente desnuda y la tina llena de agua y espuma, me meto, relajandome por completo.

Me quedo alrededor de media hora, disfrutando de las burbujas que se hacen al mover el agua. Al salir me coloco una bata y una toalla en la cabeza.

Cuando abro la puerta, me encuentro con quien menos esperaba. David.

-¿Qué haces aquí? -Coloco mis manos en mi vientre, cuidando que la bata no se suelte. Lo que menos quiero en este momento es que me vea desnuda.

-Quiero hablar algo importante contigo, preciosa -Dice, con esa rasposa voz que tanto lo caracteriza- Pero no si estás vestida así -Añade, recorriendome de pies a cabeza con la mirada.

-Vale, esperame afuera -Camino hacia él, empujandolo levemente hasta la puerta, cerrándola con seguro cuando ya está fuera.

Me coloco unos jeans claros, una remera de Foo Fighters y mi sudadera favorita. Decido andar descalza.

-Listo -Abro la puerta, encontrándomelo sentado en el suelo, frente a mi habitación. Le tiendo una mano para ayudarlo a levantarse y ya de pie, caminamos hacia mi habitación.

-Tu madre me ha dicho que saldrá con Antonio y Mía a dar un paseo por el barrio -Me mira, esperando ver mi reacción.

-Oh... ¿Y bien? -Pregunto, mientras me siento en la cama, con las piernas cruzadas a lo indio- ¿Qué es eso tan importante que quieres decirme?

-Yo... -Rasca su nuca incómodo, mirandome de reojo- Quiero... Quiero que sepas que entiendo lo que ha pasado con Billie y que sé que no tengo oportunidad, pero de todas formas intentaré pedirtelo.

-¿De qué hablas? -Lo miro confundida.

-De una oportunidad... -Susurra.

Miles de ideas y posibles situaciones me vienen a la mente. David y yo. Junto a Mía. Billie con otra chica. Vidas diferentes. Yo casándome con David. Billie con... no sé. No puedo. Darle una oportunidad a David significa dejar el pasado atrás y comenzar de nuevo. Nueva relación, nuevos besos, nuevos abrazos, nuevos momentos. No, no, no. ¿Quién decía que yo quiero olvidar? Puede que lo haya mencionado, pero David sería un "nuevos esto, nuevo aquello" y simplemente no podía. Él tampoco merecía intentar llevar una relación a flote cuando lo único que quería era ahogarme.

Let yourself go (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora