Me fuí rápidamente de ahí. Las clases ya empezaban y por la estúpida despedida de Billie llegaría tarde.
Ya comenzaba a odiarlo. Es un completo imbécil y además mujeriego. Si caigo en su juego sería una más del resto.
Debo concentrarme más en los estudios. Sí, eso debo hacer. No puedo perder todo el tiempo que luché por culpa de un imbécil. Un lindo, de ojos verdes imbécil, que toca guita...
Tn__, Debes olvidarte de él. Sólo puede ser tu amigo.
Intento borrar cualquier pensamiento sobre Billie y entro al salón. Como era de esperarse llego tarde. Justo tocaba clases de canto, una materia dentro de las horas de música.
Me quedo en el marco de la puerta, que está abierta, para ver si el profesor me dejaba entrar o si me gritaría con todas sus fuerzas que fuera a dirección por llegar tarde.
Todos me miraron, incluyendo al anciano gruñón.
-Señorita, tome asiento. -Dice, haciendo un ademán para que entre, apenas mirándome.
-¿En cualquier lado? -Pregunto.
-Sí, cualquiera -Dice mi queridísimo profesor, levantando la vista con incredulidad.
Sarcasmo mode on
- Gracias... Discúlpeme -Cabizbaja entro, cierro la puerta y camino hacia un puesto disponible en medio del salón.
-Sí, sí... como sea -Gruñe, volviendo la vista hacia el periódico sobre su mesa.
La clase avanza con lentitud hasta que, poco antes del término de la hora, al profesor se le ocurre la brillante idea de poner grupos para que en conjunto eligiéramos una canción y la cantaramos.
Pero en un intento para conocernos mejor, cada uno decidía en qué grupo y con quién quedar. Como yo no conocía a nadie, me quedé en mi puesto, para que alguien me eligiera.
Pasaron algunos minutos, en los que simplemente observaba como la mayoría ya conversaba animadamente y se ponía de acuerdo acerca de la actividad.
Mientras echo un último vistazo al salón, me detengo con suma atención en el chico acorralado en una esquina, donde Candy y Amy intentaban fracasadamente coquetear con él.
Nuestros ojos se encuentran e instantáneamente mis mejillas se tornan de un rojo carmesí, provocando un calor que rápidamente sube hasta mi frente. ¡Qué vergüenza, debe haber pensado que soy una acosadora!
Desvío la mirada, sintiendo sus ojos aún escrutándome a lo lejos. Me golpeo mentalmente y como acto reflejo, oculto mi cabeza entre mis brazos, recostándome.
Pasa cerca de un minuto casi eterno cuando creo recomponerme y al fin vuelvo a sentarme correctamente. Miro en dirección a donde el chico misterioso está sentado, encontrándome con ambas miradas de odio de las chicas en mi dirección.
Enseguida una figura alta se posiciona junto a mi, mi mirada queda fija en sus converse negras, luego lentamente mi vista sube por unos jeans rasgados, una camiseta con el logo de alguna banda de hace un par de años, hasta encontrarme con unos ojos color mostaza, de un amarillo casi único. No alcanzo a apreciarlos con detenimiento. Del solo sobresalto, y por cosa de segundos, mi trasero termina estrellándose contra el piso y mi muñeca salvando a mi rostro de ser él quien quedara estampado contra la cerámica
¡Mierda! Y es que si algo me ha enseñado la vida, es que hay tres cosas vergonzosas de jamás debes hacer frente a un chico guapo: la tercera, considerando que esta es la menos dolorosa, es quedarte mirandolo como si fuera la última hamburguesa en el mundo; la segunda, es quedarte sin palabras, es decir, casi babeando; y la primera, siendo la más jodida de las cosas jodidas, es caerte frente a él. ¿A que adivinan? ¡Acabo de hacer las tres, al mismo tiempo!
ESTÁS LEYENDO
Let yourself go (Editando)
Random__ Stevens con sus 18 años recièn cumplidos es una chica de buena situación económica, con un genio difícil de tratar y con la idea de hacer lo que sea con tal de cumplir su sueño... quiere estudiar música, pero su madre, con alma de ricachona y pre...
