Capítulo 10

9.5K 1.1K 250
                                        

—Puedo ir más deprisa — me quejo ante la insistencia de Rafael de que vaya caminando despacio —, ya estoy mejor.

—No me parece.

—Lo estoy.

Estar parado me es un poco incómodo a pesar de todos los vendajes que me pusieron para salir, sin embargo no es nada tan grave como para que no quiera seguir adelante.

Entro al salón y busco a mis hermanos, todos están hombro con hombro a una distancia considerable de mi padre. Esquivo con cuidado a varios ángeles y me pongo detrás de ellos mientras Rafael toma su lugar a un lado de Miguel, junto a los demás arcángeles.

No sé qué veré esta vez, y realmente estoy algo ansioso por descubrirlo. 

—Luzbel — la voz de mi padre me saca de mis pensamientos. Alzo la vista y le miro esperando alguna orden de su parte —, ven aquí, toma tu lugar — pide señalando al lado suyo.

Todos en el lugar se voltean a mirarme sorprendidos por la petición de papá, me muevo de donde estoy y los presentes van abriendo camino hasta que logro llegar al otro lado.

—Aquí estoy — hablo deteniéndome al frente de todos.

—No hubo tiempo para dar títulos — comienza —, pero ahora sería un buen momento.

Mi corazón se acelera, mi título... por fin.

¿Me permitirá formar parte de los arcángeles como siempre lo he querido? No pediría más que eso.

—Eres el ángel en quien más confío, serás mi mano derecha. Después de mí, eres lo más importante de este lugar. Tú lugar es aquí, en el trono, conmigo.

El alma se me cae a los pies. Me han dado mucho más de lo que quería y esperaba.

No sé qué decir, ni sé qué hacer, la noticia me ha golpeado y estoy tan sorprendido que no puedo ni moverme.

Los presentes están boquiabiertos mirándome, los únicos que no parecen sorprendidos son los arcángeles, supongo que sabían de la decisión de papá. Sólo me miran con orgullo y sonrientes.

Camino hacia mi padre como me lo ha dicho, todos los que me faltan por esquivar abren paso hasta que logro llegar a su lado, donde los tronos se ven obligados a crear un segundo trono junto a papá.

—Todos silencio — ordena un momento después de que los murmullos comienzan —, vamos a empezar por lo que han venido. He creado algo nuevo, diferente, pero perfecto.

Frente a nosotros, en el piso hay tierra tirada, no sé qué tenga que ver con esto, no creo que eso sea la creación.

Me tomo el abdomen mientras espero ver algo, la herida comienza a causarme molestias, pero creo aguantar lo suficiente.

En la tierra del suelo algo comienza a formarse bajo las manos de papá, todos miramos con suma atención mientras va creciendo hasta que por fin termina de formarse.

Es como nosotros, lo único diferente está en las alas que no tiene, y tal vez un poco en la diferencia de tamaño, pues por lo menos yo soy mucho más grande que él.

Nuevamente veo la tierra moverse, todo se repite hasta que la nueva figura es del género contrario.

—Les presento al hombre y mujer — les nombra papá —. A los humanos. A Adán — nombra señalándolo —, y a Lilith.

El "hombre", es de cabello claro, sus ojos son azules y su piel es blanca. En un contrario, ella es de cabello completamente negro, ojos azul oscuro y piel blanca pero un poco más pálida que de Adán.

—Miguel y Abaddon me harán el favor de llevarlos a sus tierras — continúa informando. Ambos arcángeles llegan a los dos humanos y los guían fuera del palacio —. Por hoy es todo — el resto de ángeles se dispersa al instante, muchas voces comienzan a escucharse mientras algunos comienzan a salir —. Debo preguntarte algo, quiero tu opinión — se dirige a mí.

—Claro, padre, lo que sea — acepto dispuesto a escucharle, estoy bastante nervioso ante esta decisión sobre mi puesto.

—He pensado en crear más humanos... pero, tal vez debería esperar.

—Supongo que esperar será mejor — acepto pensando un poco, no tengo ni la menor idea del propósito de la existencia de los humanos, incluso me parece innecesaria su creación —. Creo que deberías tomarlos a ellos dos como prueba, si hay algún error... será más fácil de corregir antes de crear más.

—Así será entonces — decide sin rodeos.

—Padre — le llama Rafael acercándose —, Luzbel tiene que volver al sanatorio, aún no está en condiciones de tomar de lleno su puesto.

—Desde luego. Ve a descansar, pronto estarás bien y podrás estar de vuelta aquí — pide, y me pongo de pie para irme junto con Rafael. Aunque no me gusta admitirlo me siento bastante débil en estos momentos.

—¿Cómo te sientes? — pregunta él mientras caminamos.

—Un poco mal.

—Descansarás hasta que te termines de recuperar, ¿de acuerdo?

—Ni siquiera tengo fuerzas para debatirte.

—Vas a estar bien pronto. Si sobreviviste a ello sólo queda sanarse.

—¿Sabías de mi puesto?

—Claro, pero no iba a decírtelo, era una sorpresa después de todo.

—No me lo puedo creer todavía... yo sólo quería...

—Ser un arcángel — termina por mí.

—Sí, eso quería.

—Bueno, pues créemelo, lo que tienes es mucho mejor que ser un arcángel, cualquier mataría por estar en tu lugar, pero es algo que sólo tú puedes tener después de todo.

—¿Por qué yo?

—Porque, Luzbel, aunque tal vez no te hayas dado cuenta, tú eres especial. Más que los demás, eres especial en una forma diferente y muy única. Mi padre te creó de una manera diferente, es como con su nueva creación; tú fuiste una nueva creación también... te hizo como un ángel, pero uno diferente al resto. Nadie más que papá sabe mucho del tema, pero, lo que sí sabemos todos es que tú eres el favorito.

—¿El favorito?

—El ángel favorito de mi padre.

—¿Lo soy?

—Lo eres y tal parece que te acabas de enterar.

—No tenía ni idea de ello... yo sólo le he servido como todos los demás, como se debe hacer. Es mi padre y le debo todo a él.

—Bueno, pues sigue así, que si te creó de esa forma diferente es porque espera algo grande y muy bueno de ti, y sé que no querrás defraudarlo.

—Nunca — acepto —, le soy leal y le seré leal cada segundo que me toque estar aquí.

—Nunca olvides esa promesa, porque no es nada diferente a la que los caídos hicieron en su momento, y sólo mira donde están ahora, y peor aún, mira porqué están ahí.

—Yo no — niego con toda la seguridad que poseo —, no voy a caer.

Almas perdidasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora