Capítulo 3

14.1K 1.4K 245
                                        

No paro de darle vueltas al asunto.

Las horas han transcurrido lentas mientras doy vueltas en mis aposentos.

No puedo dormir, no puedo relajarme ni mucho menos puedo dejar de pensar.

"Papá se equivoca", "solamente somos sus títeres", "podemos derrocarlo".

Las palabras se repetían una y mil veces en mi cabeza, no podía dejar de pensar.

Necesito hacer algo, debo tomar una maldita decisión y no puedo hacerlo.

Debo decirle esto a papá, tengo que informarle de los planes de rebelión en su contra.

Por lo menos tengo que hacérselo saber a Miguel, o a Gabriel, cualquiera de los dos es bueno.

¿Pero eso no sería traición a Satanás?

Claro que él tiene planes de traición con papá, pero yo cometería una traición con mi propio hermano si digo algo... después de todo confió en mí para decirme las cosas.

Esto está muy mal, porque por ambos lados cometería una traición y rompería una de las reglas de hermandad que nos ha impuesto papá. Esa que habla sobre la traición con uno de tus hermanos.

Pero por otro lado terminaría cometiéndola con mi padre.

Maldigo el momento en el que acepté ir con ellos a escuchar lo que traían entre manos, preferiría no saber nada.

De haberme negado ahora mismo estaría durmiendo tranquilamente sin preocupaciones en la cabeza.

¿Podré evitar las cosas?

Tal vez no diga nada, pero puedo intentar detener a Satanás... y de no funcionar podría alertar de alguna forma a los demás...

Debo de poder hacer algo.

De eso estoy muy seguro.

No estoy atado de manos y creo que hay muchas posibilidades para hacer.

Sólo falta encontrarlas.

Me levanto de golpe y salgo volando del lugar sin darme oportunidad de razonar las cosas.

Necesito un consejo, y la única persona buena que se me ocurre por el momento es Gabriel.

Vuelo silencioso en dirección al gran y luminoso palacio, tal vez no le cuente, pero veré la forma de crear una historia hipotética para hacerme entender y recibir mi consejo sin dar información.

Algo me intercepta a medio camino, me golpea y comienzo a descender siendo abrazado hasta unos metros antes de tocar suelo donde por fin me sueltan y me dejan chocar solo.

Me giro sobre mi espalda y miro al responsable, no entiendo muy bien qué pasa y por lo mismo me quedo en el piso.

—¿Qué...?

—¿A qué se supone que ibas al palacio, Luzbel? — pregunta Belcebú cruzado de brazos.

—¿A ti qué te importa? ¿Que maneras son estas de golpearme a mí?

—¿Piensas ir de soplón? — supone cruzado de brazos.

—Precisamente es eso lo que no quiero hacer, no quiero traicionarlos, aunque bien ustedes no planean algo diferente a eso.

—¿Entonces que ibas a hacer al palacio a estas horas?

—Quiero hablar con Gabriel.

Almas perdidasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora