El rumbo de las cosas no había sido el deseado, hicimos demasiadas cosas, pero Uriel lograba sorprendernos siempre.
Es mucho peor de lo que pude pensar en algún momento, pero eso solo me comprobaba que había alguien más ayudándole, y ese alguien no estaba aquí arriba.
¿Quién es?
No lo sé, por la forma en la que Uriel actúa tengo varios posibles sospechosos, pero no tengo forma de saber quién es.
Pero tal vez ahora podría descubrirlo, podría aprovechar mi castigo para conseguir las respuestas a las preguntas que me he hecho desde hace siglos.
O eso es lo que quiero hacerme creer para ver el lado bueno de las cosas y no lamentarme por esto.
—¿Qué pasará ahora? — pregunto con bastantes nervios.
—¿Qué crees tú que pasará? Nos adelantamos a hacer las cosas — se lamenta.
—Nada de eso, yo me adelanté a hacerlas — reconozco mi error.
—Todos agradecemos tu sacrificio, no debías dar tu estadía por todos.
—Yo lo eché a perder, Rafael — suspiro, pues sé que ahora está intentando convencerme de que fue un error de todos y no sólo mío —. No ustedes.
—Cuidaré de ellas — promete respecto a mis alas —. Y no te mortifiques, seguiremos con lo que empezamos, no serás un caído en vano.
Miguel llega entonces junto a nosotros, puedo ver que igualmente está nervioso, aunque intenta lucir tranquilo.
—¿Estás listo? — pregunta cruzado de brazos, y aunque se ve serio puedo ver un poco de compasión por mí.
—Sí — acepto para hacer las cosas rápido y no darle vueltas a nada.
Camino unos cuantos pasos y me hinco a la orilla del abismo, bajo la cabeza, pues mi derrota me pesa demasiado.
—Como has caído del cielo, lucero, hijo de la aurora, has sido abatido a la tierra de naciones... — recita Miguel y un silencio mortal se crea.
El corazón me golpea el pecho con una fuerza terrible, y al instante siento el dolor más fuerte de mi vida.
Grito sin poder evitarlo y pierdo el equilibrio yéndome hacia enfrente y cayendo.
El dolor se extiende por todo mi cuerpo, mis alas han sido cortadas y no puedo asimilarlo, mientras caigo me percibo distante, cierro los ojos y siento que comienzo a perderme poco a poco.
Algo que será mejor, pues ahora no quiero seguir existiendo más.
Siento algo cerca de la cadera, logro abrir los ojos y veo que Lux se sale de la funda, intento tomarla mientras sigo cayendo, pero apenas logro tocarla con la punta de los dedos y no puedo recuperarla.
Hoy lo perdí todo, no me ha quedado nada.
Las únicas tres cosas más queridas que quedaban se han ido.
Mis ojos se vuelven a cerrar, el viento mueve mi cuerpo como quiere, y pasados unos segundos vuelvo a sentí dolor.
Mi cuerpo comienza a chocar con algo mientras sigo cayendo, aunque quiero mirar no puedo, y segundos después mi cuerpo por fin es frenado por el suelo.
Siento mi cuerpo romperse por completo, no logro volver a respirar y alcanzo a estar un par de segundos más consciente.
(...)
Siento que algo toca mi brazo levemente, no sé que sea, tal vez ni siquiera es nada.
—Maldita sea, qué hago... carajo — escucho la voz de una mujer bastante nerviosa, y creo que esto no lo estoy imaginando —, haz algo, no sé qué puedo hacer yo... — pide, aunque no sé si me lo dice a mí o a alguien más.
Decido moverme, apenas y logro recostar la espalda sobre el suelo y el dolor es tan fuerte que me quedo inmóvil donde estoy.
Oigo un ruido, aunque no sabría decir que ha pasado.
Continúo donde estoy analizando todo, no sé dónde he caído, pero tal vez logre ponerme de pie y salir de aquí, después de todo sigo vivo.
Abro los ojos luego de concentrarme un momento, sólo puedo mirar con uno, eso significa que me he golpeado el otro o ha pasado algo parecido.
Dirijo la vista hacia un lado, donde supongo que está la persona que me ha tocado hace un minuto.
—¿Q-qué eres? — tartamudeaba con miedo —. ¿Qué carajo eres?
No le contesto.
Vuelvo a dar la vuelta sobre mí para ponerme de pie, sin embargo no lo logro y sólo consigo arrastrarme por el piso hacia la chica que se pone tan pálida que creo va a darle algo.
Veo que intenta alejarse de mí, pero es tan torpe que solo consigue moverse en el mismo lugar en el que está sin retroceder.
Me detengo y ella lo hace al mismo tiempo, la miro a los ojos intentando demostrarle que no estoy queriéndole hacer daño, sin embargo dudo que lo comprenda.
Alzo una mano y la extiendo hacia ella para que entienda que no le voy a atacara. Pero está lo suficientemente alejada y sólo logro rozarle la pierna con la punta de los dedos.
—¿Quién eres? — pregunta.
—Luzbel — logro responder.
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Almas perdidas
Paranormal*Libro cuarto. El encuentro en el bosque aquella tarde de Halloween no fue el inicio de la historia, sólo fue el reencuentro entre el pasado y el presente de dos almas con muchos sucesos olvidados en el tiempo. La realidad puede ser muy diferente a...
