—Luzbel — menciona Kristen con expresión emocionada al verme.
—No hay tiempo, no sé qué está pasándole — su rostro cambia drásticamente al ver que tengo a alguien en los brazos.
Coloco a Alaia sobre una de las camas vacías y le quito de encima la ropa que tiene puesta.
—¿Qué le pasó? — pregunta acercándose para revisarla.
—Está herida, pero su fiebre es demasiado alta, no es normal.
—Estoy sola, así que tendrás que ayudarme — condiciona acomodando bien a Alaia.
—Sólo dime que hacer — acepto sin la menor molestia.
—Trae compresas, todo está ahí — señala uno de los muebles.
Hago lo que dice y mojo dos telas deprisa, regreso y las coloco sobre la frente de Alaia.
Ella simplemente se ha quedado inconsciente, y pienso que ha sido lo mejor, puede que no sufra demasiado mientras intentamos controlar lo que comienza a sucederle.
—No sé que sucede — niega Kristen entonces —, esto es inexplicable, su temperatura no para de subir.
Y aunque quisiera decir que es una exageración de ella, no puedo, tienen razón. La temperatura de Alaia es tan alta que su piel comienza a verse rojiza.
—Tienes que hacer algo — repongo —, no puedes sólo decir que no sabes qué pasa y ya, no voy a dejar que muera, tú no puedes dejar que muera.
—¿Quieres relajarte un momento? Comienzas a estresarme.
—¿Cómo me relajo con ella así? Está... está mal, podría morir en cualquier momento, ¿y tú me pides que sólo me calme?
—¡Basta, Luzbel! No sirve de nada que te pongas así.
—¡Haz algo ya!
—¿Qué quieres que haga? ¡Ni siquiera sé lo que le está pasando!
—¡Deberías saberlo!
—¿Qué?
—Luz... — la voz débil de Alaia interrumpe mi siguiente reclamo.
—Tranquila, pequeña, vas a estar bien — prometo acercándome a ella y tomando una de sus manos.
—Sácame de aquí — susurra.
—Vamos a curarte... — aseguro sin la menor duda de que veré la forma de hallarle una cura.
—Voy a morir si no me sacas ahora — siento un vuelco en el corazón al escuchar sus palabras. Si ella se muere me muero también.
—Tranquila — comienzo sin saber qué hacer, la saco de aquí y... ¿luego qué?
—Necesito a mi madre — continúa susurrando mientras la levanto de la cama.
Escuchado eso no hago más preguntas. No sé quién sea su madre, pero sé de dónde viene y eso debe ser suficiente para dar con ella.
—¿Qué estás haciendo? — pregunta Kristen sin entender nada y un poco nerviosa.
—Voy a sacarla de aquí — contesto un momento antes de estar fuera de nuevo.
(...)
Siento el último rayo de luz sobre mí antes de entrar de lleno a las tinieblas y dejar que me rodeen.
Nunca me ha gustado venir, es el lugar más detestable que pudiese existir, pero si estar aquí significa salvarle la vida a Alaia, supongo que no es un precio alto.
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Almas perdidas
Paranormal*Libro cuarto. El encuentro en el bosque aquella tarde de Halloween no fue el inicio de la historia, sólo fue el reencuentro entre el pasado y el presente de dos almas con muchos sucesos olvidados en el tiempo. La realidad puede ser muy diferente a...
