Capítulo 28

8.5K 1.1K 198
                                        

El cielo ha oscurecido por completo. No he encontrado a Alaia por ningún lugar, es como si hubiese desaparecido por completo, e incluso estoy a punto de ir al abismo, pues no me quedan más opciones para buscarla.

Entro a sus aposentos aún cuando es imposible que esté aquí. No hay nada de luz dentro y todo me dice que no ha venido desde hace demasiado.

—Llegaste — habla en cuanto estoy dentro, su voz me relaja al instante aún cuando sé que está molesta.

—No pensé que estuvieras aquí, creí que irías a cualquier lugar antes que venir.

—Lo sabía, por eso mismo vine, sería estúpido venir porque así me encontrarías al instante, pero como piensas lo mismo ni siquiera vendrías.

—Predecible e impredecible al mismo tiempo... ¿cómo lo haces?

—Da igual. Te dije que no quería verte.

—¿Me cortarás la cabeza ahora?

—¿Eso quieres? — pregunta y escucho el sonido del metal de su espada siendo desenfundada.

Hago lo mismo al instante y Lux apenas alcanza a chocar con la otra espada antes de que ésta llegue a mi cuello.

—No sería tan fácil — advierto.

—¿Quién pensó eso?

Hace otro movimiento y comenzamos a pelear, seguramente no es tan capaz de matarme, aunque de herirme estoy seguro que sí.

Logro llegar a ella y tomar su mano para que no vuelva a atacarme, nos quedamos mirando un largo momento hasta que la beso y parece aceptarlo.

Ambos soltamos la espada y acabamos acostados sin dejar de besarnos.

—Te costará más que esto convencerme — dice.

—¿Quién dijo que quería convencerte? Es el sexo de despedida.

Le veo entrecerrar los ojos y me suelta una cachetada sin que lo prevea.

—Predecible, ¿no? — inquiero.

—No lo sé, tú qué crees.

—Era de esperarse.

—Lárgate ya.

—¿Quieres que me vaya?

—Posiblemente.

—Hagamos algo. Me dejas acabar con esto, me voy a parar y tú decidirás si dejarme ir o no. ¿Qué te parece?

—Posiblemente justo.

—Para mí eso ha sido un sí.

Comienzo a quitarle la ropa, voy a besarla pero algo más llama mi atención.

Trae colgando del cuello una cadena, y de esta cuelga un cuarzo con oro envolviéndolo.

El dije se me hace conocido al instante, pero me cuesta trabajo recordar donde lo he visto.

—¿De quién es? — pregunto sin dejar de hacer memoria.

—Luzbel...

—¿Por qué tienes el dije de Rafael? — pregunto entonces. La cara de Alaia es estupefacta, no sabe qué responderme y puedo ver sus nervios mientras escucho como se le acelera el corazón.

—No puedo creerlo... — suelto con un hilo de voz —, ¿Rafael? ¿En serio?

—Luzbel, espera — pide cuando me pongo de pie —, por favor detente ya.

—Esto no es posible, ¡te acostaste con mi hermano!

—¡Luzbel, detente! — pide parándose mientras intenta cubrirse con una sábana.

Recojo a Lux del piso y la guardo aún cuando intenta evitarlo.

—Escúchame bien — comienzo acercándome de nuevo a ella con agresividad —, voy a buscar al maldito de Rafael, y vas a quedarte aquí mientras lo hago — comienzo a ordenarle mientras la sostengo de las mejillas con una mano —. Cuando vuelva quiero encontrarte así, exactamente como estás ahora, no me interesa que quieras, si no haces lo que te digo en verdad vas a arrepentirte.

La suelto y salgo sin agregar nada, pues la furia que siento me hace querer destruir todo lo que esté a mi alcance, y aún cuando me ha engañado no sería capaz de dañarla.

(...)

Doy tres golpes seguidos y termino de aletargar al arcángel, parte de su rostro está ensangrentado y tengo ganas de seguir golpeándolo.

—Maldito, ¡traidor! — le grito soltándolo y dándole la espalda.

Rafael se resbala de donde lo tenía arrinconado y acaba en el suelo.

—¿Qué estás haciendo? — pregunta con voz débil.

—¡Lo sabías! ¡Te metiste con ella! ¡Te metiste con Alaia!

—Espera — pide alzando una mano cuando ve que voy a acercarme de nuevo —, déjame explicarte todo, si vas a matarme por lo menos escúchame antes.

—¿Qué tienes que decir?

—En verdad lo siento...

—Las disculpas no sirven de nada, Rafael, las cosas han pasado — saco a Lux y miro a Rafael serio, él me mira sin poder creer lo que pasa.

—No sabía que ella era tu ángel... — continúa —, te juro que no lo sabía, no te miento, en verdad no tenía idea que era la chica con la que estabas, si lo hubiera sabido jamás me habría metido con ella, te lo juro, nunca lo hubiera hecho, eres mi hermano, nunca te traicionaría de esa forma, de verdad perdóname, no quería hacer eso.

—Maldita sea — me quejo y vuelvo a guardar a Lux —, esto no puede ser posible, ¿cómo podría matarte? ¿Cómo podría asesinar a uno a de los míos? A mi propio hermano.

—Me lo merezco.

—¿Tuvieron sexo? — pregunto con cierta esperanza de que no haya pasado.

—En verdad perdóname.

—No puede ser.

—Me enteré demasiado tarde, pero, maldita sea, Alaia...

—¡Estoy enamorado de ella! Alaia es mi vida, ¡se hizo mi vida! ¿Entiendes qué está pasando? Mi hermano... en quien más confío, se metió con la persona que más amo en la vida.

—No quería hacerlo.

—Pero lo hiciste.

—Estoy enamorado de ella — suelta como si no estuviera lo suficientemente enojado para matarlo de una vez.

—Escúchame, ella es mía, y aunque haya pasado esto no voy a dejar que te quedes con Alaia, ¿la amas? ¿De verdad la amas?

—En verdad.

—Perfecto. Párate — ordeno.

—¿Qué quieres?

—Quiero que te pares de una maldita vez y vengas aquí, tú y yo vamos a sacarnos de problemas ahora. Estamos enamorados de la misma persona, tú la quieres y yo la quiero, así que bien. Alaia no va a quedarse con ambos, sólo con uno, y ahora mismo vamos a ver quién es el afortunado.

Almas perdidasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora